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Defender a los trabajadores

Atribuir a los sindicatos el bienestar de los trabajadores es solo consecuencia de la dominante propaganda anticapitalista que falsifica la historia y deforma la percepción del presente

Asís Tímermans
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"¿Quién inventó el descanso semanal?", pregunté con aire distraído.  Un alumno respondió con tono entre solemne y avispado "¡Los sindicatos de trabajadores!". Como quien desvela un oculto misterio, susurré: "¡No! Creo que fue Dios". Y, con palabras nuevas, relaté la vieja historia de la Creación, los nombres de los animales, la bondad de lo creado… y Dios descansó.

Aunque la imagen de los sindicatos esté deteriorada, persiste la creencia de que son responsables de toda condición laboral favorable de que disfruten los trabajadores. Sus líderes, amantes de relojes caros y cruceros de lujo, dirigen meras estructuras de captación de fondos públicos y de poder para sus miembros. Pero se tiende a ver a estos profesionales del trapicheo como una degeneración de lo que en su día fueron defensores de los trabajadores.

Como en cualquier otro lugar, hubo y hay en las organizaciones sindicales personas de buena fe que ayudaron -y ayudan en ocasiones- a quien lo necesitaba. Incluso líderes sindicales que no amenazaban, ni estafaban, ni vivían en la opulencia. Pero atribuir a los sindicatos el bienestar de los trabajadores es solo consecuencia de la dominante propaganda anticapitalista que falsifica la historia y deforma la percepción del presente.
El gran responsable del bienestar de los trabajadores es el sistema capitalista. Solo donde hay libertad -y solo desde que la hubo- las personas pudieron dedicar sus esfuerzos a mejorar, en vez de servir a gobernantes y amos a costa de su vida y su bienestar.

El enorme aumento de la productividad, propio del capitalismo, hizo posible en el pasado una mejora general en el nivel de vida. Las imágenes de niños trabajando en sucias fábricas y familias amontonadas en casas sin ventanas esconden una realidad estudiada y mostrada por los historiadores: el libre mercado trajo esperanza y calidad de vida. Lejos de lanzar a los trabajadores a la miseria, la Revolución Industrial permitió, por vez primera, que quien carecía de todo medio de producción salvo su trabajo no solo pudiese sobrevivir, sino mantener una familia. El proletariado no proviene en lo esencial de los que antes trabajaban en el campo, sino de los que antes no sobrevivían en él. La mayoría de esos niños, antes, no vivían mejor: simplemente morían.

El impresionante progreso que conllevó la libertad económica creó enormes expectativas de bienestar en una población que, en su mayoría, poco antes solo podía aspirar a sobrevivir. El poder adquisitivo de los trabajadores, y su calidad de vida, acaece donde surge la libertad. Los Sindicatos se dedicaron a convertir esas nuevas expectativas en protesta contra el sistema que las hacía posibles, y a exigir logros –salarios altos, vacaciones, fin del trabajo infantil…- que la libertad económica ya había conseguido.
Son significativos casos como el del mítico empresario Henry Ford, que captaba y motivaba a los mejores trabajadores doblando el sueldo mínimo y estableciendo la semana de cinco días y 40 horas semanales. No era Ford amigo de los sindicatos. Pero los empresarios, buscando producir lo mejor de la forma más económica, hacen más por los trabajadores que cualquier ley laboral o social.

La cultura popular considera el capitalismo perversión y maldad. Así, todo aquello que lo restrinja ha de ser bueno. A tan digna tarea - entorpecer el libre mercado - se han dedicado siempre los Sindicatos. A veces con notable éxito, como cuando, con la complicidad de los políticos, petrifican el marco laboral favoreciendo un descomunal desempleo. Cinco millones de parados, digamos.

Esa mentalidad explica que un próspero sindicalista llame "gran despedidor" precisamente a quien contrata miles de trabajadores. Pero tal barbaridad, y sus consecuencias, merecen al menos otro artículo.

El Sr. Tímermans del Olmo es profesor de Historia de las Instituciones Financieras de la Universidad Rey Juan Carlos. Comentarista político del programa Sin Complejos, de esRadio. Miembro del panel de Opinion de Libertad Digital. Sígalo en Twitter: @AsisTimermans

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