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Bea  Fanjul

No dejemos que se olvide

No permitamos que se olvide que, cuando la crisis más lo exigía, ellos no estuvieron a la altura.

Bea  Fanjul
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No permitamos que se olvide que, cuando la crisis más lo exigía, ellos no estuvieron a la altura.
Urkullu, durante la comparecencia en la que adelantó las finalmente suspendidas elecciones autonómicas vascas | EFE

Hoy, 5 de abril, los vascos deberíamos haber acudido a las urnas. Sin embargo, la terrible vorágine vírica en la que estamos sumidos todos los españoles ha trastocado nuestras vidas hasta límites que nunca habríamos podido imaginar. Han muerto más de 12.000 personas. Una tragedia sin precedentes. Ni siquiera la barbarie terrorista, que con tan implacablemente ha castigado a nuestra sociedad, ha segado tantas vidas y roto tantas familias.

En el País Vasco, esa fecha marcaba el final de una legislatura y el inicio de una nueva etapa en la vida política local. En circunstancias normales, las últimas semanas habrían estado marcadas por ese acontecimiento. Las caravanas electorales habrían recorrido el País Vasco y los políticos nos habríamos pateado la calle sin descanso. Imaginar esto último me genera, en estos momentos de confinamiento, sentimientos encontrados.

Son las situaciones extremas las que nos muestran la pasta de la que está hecho cada uno. Son esos momentos los que definen carreras, marcan vidas y exigen a quienes gestionan lo público (y condicionan lo privado) que den lo mejor de sí. Por eso, en este día políticamente tan significativo quiero reflexionar, precisamente, sobre quienes han tenido la tarea de gestionar nuestras vidas y nuestro futuro a lo largo de esta terrible crisis y han demostrado no estar a la altura. Os pido que lo recordéis y tengáis en cuenta para cuando decidan volver a convocarnos a las urnas.

El Gobierno (si es que le puede seguir llamando así) de Pedro Sánchez hizo sonar la alarma para toda España el 9 de marzo, esto es, un día después de que nos pidiera a todos los españoles que saliéramos a las calles a manifestarnos en masa... Ahora se escudan en que esta crisis no se podía prever, pero mienten. China en la distancia, Italia –el espejo en el que debiéramos habernos mirado para no acabar como ellos– y la OMS, con sus ignoradas advertencias, demuestran todo lo contrario. Cualquier persona con dos dedos de frente que tuviera a su disposición la información que ellos despreciaron habría actuado de una manera muy distinta.

El estado de alarma que contempla el artículo 116 de la Constitución se proclamó el día 14 de marzo. ¿Cómo reaccionaron el PNV y el Gobierno vasco? En un primer momento se mostraron suspicaces porque, decían, suponía la aplicación de un 155 encubierto, y el Gobierno central intervenía las competencias autonómicas en los ámbitos de la seguridad y la sanidad. No olvidemos que por aquel entonces Álava era uno de los principales focos de infección. Pero al PNV lo que le importaba era que no lo arrinconaran. La ideología por encima de las vidas que iban ya perdiéndose.

Por desgracia, hemos visto cómo han puesto la ideología por encima de los intereses generales en numerosas ocasiones. Hablo, por ejemplo, del rechazo que el Ejecutivo autonómico ha manifestado una y otra vez a la prestación de ayuda en suelo vasco por parte de la Unidad Militar de Emergencias (UME). Hablo de las declaraciones en contra de la "militarización" de la crisis. Nadie entiende que, en las dos principales crisis a las que ha tenido que enfrentarse en la pasada legislatura (no puedo sino acordarme cada día de las familias de Joaquín y Alberto, que llevan 59 días esperando que sus seres queridos sean desenterrados de entre la basura del vertedero de Zaldívar), el Gobierno de Íñigo Urkullu hayan rechazado la ayuda de quienes mejor saben desenvolverse en tan difíciles circunstancias. Profesionales que lo único que buscan es ayudarnos.

Cuando quienes nos gobiernan exhiben tamaña cerrazón, los ciudadanos debemos volcarnos en las urnas para expresarles con toda la contundencia que no merecen estar al frente del Gobierno de un territorio tan valioso como es el País Vasco.

Resulta curioso observar cómo de la noche a la mañana deciden traicionar a sus socios (tanto Vitoria como en Madrid) votando con el PP en el Senado la convocatoria de la Comisión General de Comunidades Autónomas; es decir, para que el Parlamento de la Nación pueda controlar al Gobierno social-comunista durante esta crisis. Mientras, en el Parlamento vasco hacen lo imposible por esconder al lehendakari y diluir a la oposición en una Cámara disuelta y sin fecha fijada para su reconstitución.

Hoy es 5 de abril, y el PNV debería estar enfrentándose al juicio democrático de los ciudadanos. Pero el coronavirus no lo ha hecho posible. No permitamos que se olvide que, cuando la crisis más lo exigía, ellos no estuvieron a la altura. No admitamos que su ideología se imponga sobre el interés de la mayoría. Y no asumamos que ésta es la realidad que nos merecemos. Los profesionales sanitarios lo dan todo por salvarnos. Los policías se arriesgan para hacer cumplir la ley en la calle. Ha habido militares encargados de velar por nuestra seguridad que han tenido que dormir en el suelo del aeropuerto de Vizcaya. Y el PNV no se lo ha querido agradecer. No dejemos que se olvide.


Bea Fanjul, secretaria general de Nuevas Generaciones en el País Vasco y diputada por Vizcaya.

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