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Houston, tenemos un problema

PP y PSOE están empezando a recoger lo que han sembrado.

Cayetano González
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Un país donde el 85% de la población no siente confianza en su presidente del Gobierno y donde el 76% desaprueba la gestión del mismo tiene claramente un problema. Y si esas cifras, en el caso del líder de la oposición, se elevan hasta el 93 y el 85%, respectivamente, el problema es doble: no generan confianza ni el Gobierno ni quien supuestamente ha de ser la alternativa.

Esto es lo está sucediendo en este país llamado España, o al menos eso es lo que dicen algunas encuestas, como la publicada este domingo por El País, el periódico que tan bien se ha portado históricamente con Alfredo Pérez Rubalcaba, uno de los damnificados por el trabajo demoscópico. La encuesta arroja otro dato sorprendente por su novedad: en intención de voto, la suma de PP y PSOE no llega al 50%, concretamente se queda en el 47,5%, cuando lo habitual ha sido que entre los dos grandes partidos –antes del PP, AP o UCD– la cifra rondara el 80%. Los beneficiados de este descalabro son la UPyD de Rosa Díez y la IU de Cayo Lara.

Es una obviedad que la crisis política, institucional, social, moral y económica que estamos sufriendo lo alcanza todo, y los dos grandes partidos políticos no iban a ser una excepción. También habrá que decir que algún mérito han hecho populares y socialistas para que esto sea así.

En el caso del PSOE, está recogiendo el daño que les hizo aquel a quien tanto le reían sus gracietas y ocurrencias. Desaparecido Zapatero, los socialistas, quizás escarmentados por el experimento sin gaseosa que supuso la apuesta en aquel julio del 2000 por el político leonés nacido en Valladolid, creyeron que lo más prudente era elegir como sustituto a una persona de la casa, de toda confianza, conocedor de los secretos de medio mundo. Pero Rubalcaba cosechó en las elecciones generales de noviembre de 2011 el peor resultado de la historia reciente del PSOE, y desde entonces no ha levantado cabeza. También es verdad que a los delegados del congreso socialista de Sevilla sólo se les presentaron dos opciones: o Rubalcaba o ese producto de marketing que es Carme Chacón. Y, sinceramente, se entiende muy bien que en esa tesitura optaran, aunque por muy poco margen, por la solución menos mala.

El caso del PP es distinto. Rajoy sólo tenía una aspiración tras las derrotas ante Zapatero en 2004 y 2008: llegar a La Moncloa. Una vez conseguido ese objetivo, con una cómoda mayoría absoluta, todo lo demás parece que le importa más bien poco. En ese todo figura en un destacado lugar el vaciamiento político e ideológico de un proyecto liberal y de centroderecha que Aznar puso en marcha en el congreso de la refundación, celebrado en Sevilla en 1990, y que se plasmó en acción de gobierno con notable éxito entre 1996 y 2004.

Por lo tanto, PP y PSOE están empezando a recoger lo que han sembrado. Habrá que ver si la tendencia que marcan estas encuestas se confirma cuando haya que ir a las urnas. Las próximas elecciones, las europeas, serán dentro de catorce meses. Más de uno se puede llevar entonces un buen susto, porque el ciudadano está hasta el moño de casi todo. Desde luego, de estos dos partidos y de sus actuales dirigentes.

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