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Cayetano González

Lo preocupante de las elecciones vascas

Bildu no tiene prisa por llegar a Ajuria-Enea y, por el contrario, el PNV necesita conservar el poder.

Bildu no tiene prisa por llegar a Ajuria-Enea y, por el contrario, el PNV necesita conservar el poder.
El candidato del PNV a lehendakari Imanol Pradales saluda al lehendakari Iñigo Urkullu este domingo. | EFE

Todo el foco informativo está puesto en las elecciones autonómicas en Cataluña que tendrán lugar el 12 de mayo, por la influencia que su resultado tenga en la política nacional, y de que manera afectará a la ya de por si frágil mayoría parlamentaria de Pedro Sánchez.

Pero casi nadie habla de las que tendrán lugar dentro de tres semanas escasas en el País Vasco —el domingo 21 de abril— y cuya campaña electoral, de forma oficial, comenzará este próximo viernes. Y, sin embargo, van a tener también su importancia, por razones bastante diferentes a las catalanas.

En primer lugar, los herederos políticos de ETA van a tener un gran resultado. Todas las encuestas coinciden en una gran igualdad entre el PNV y Bildu, que sólo el recuento electoral resolverá. Los de Ortuzar son muy fuertes en Vizcaya, los de Otegui en Guipúzcoa, por lo que será Álava el territorio decisivo, ya que se eligen 25 parlamentarios por cada una de las tres provincias. Conviene aclarar que Bildu es una coalición de partidos, en la que el único que tiene peso e influencia es Sortu, las siglas que tomaron el relevo de Batasuna. Los demás partidos integrados en Bildu: Eusko Alkartasuna, Alternativa y Aralar, caben los tres en un taxi, y eso siendo generosos con el espacio.

Sortu fue legalizado por el Tribunal Constitucional en 2012, que anuló, en una decisión insólita, un auto del Tribunal Supremo dictado un año antes en la dirección contraria. De la actual dirección de Sortu forma parte el último jefe de ETA, David Pla, por supuesto Otegui ha sido y sigue siendo su líder y el candidato a lehendakari, Pello Otxandiano, su ideólogo en la sombra.

Zapatero y Sánchez tienen mucha responsabilidad en este crecimiento de Bildu. El primero, por el proceso de negociación política que llevó a cabo con ETA desde incluso antes de llegar a la Moncloa en 2004, cuando la banda terrorista estaba con el agua al cuello y su brazo político ilegalizado. Sánchez, por el blanqueamiento que ha hecho de Bildu, tratándole como un partido más del arco parlamentario y pactando con ellos, no sólo en el Congreso, sino también en Navarra.

Pensando en las 857 personas asesinadas por ETA, en los miles de heridos, y en los cientos de miles que han tenido que irse del País Vasco por la amenaza terrorista, que los herederos políticos de ETA estén en condiciones de ganar las elecciones, es una muestra clara y evidente de la enfermedad moral que el propio terrorismo ha causado en una parte importante de la sociedad vasca y que tardará muchos años en curarse. No es posible, sin tener en cuenta esa enfermedad, explicar cómo cientos de miles de vascos vayan a votar el 21-A a quienes —me refiero a Sortu— no condenaron en su momento y siguen sin condenar esos crímenes, y pretenden explicar aquellos casi cincuenta años de asesinatos como consecuencia de un conflicto político que consistía, según ellos, en la lucha de un pueblo, el vasco, contra un Estado opresor, el español.

Pero además de esta inmoralidad, hay otro elemento de gran preocupación que arrojarán las urnas vascas el 21-A; más de 2/3 de los escaños del Parlamento Vasco estarán ocupados por diputados nacionalistas/ independentistas. PNV y Bildu sumarán 56-60 escaños de un total de 75. El constitucionalismo en el País Vasco, es decir, quienes defienden claramente que esa Comunidad Autónoma forma parte de España, con un Estatuto que le otorga unas competencias que ninguna otra Región en Europa tiene —concierto económico incluido—, es sólo el PP, que podrá obtener 6-7 escaños. Excluyo de ese sector constitucionalista al PSE, que se ha dedicado en los últimos años a ser la muleta del PNV y la sucursal del sanchismo en el País Vasco. VOX, el otro partido constitucional, tiene escasas posibilidades de repetir el único escaño que sacó por Álava hace cuatro años.

Quienes piensen que tanto el PNV como Bildu han renunciado a sus ideales independentistas, están muy equivocados.

Otra cosa es que los moderen por razones estratégicas, porque miren de reojo a lo que suceda en Cataluña, o porque no sea un objetivo a corto plazo. Antes, sobre todo Bildu, planteará el proceso de anexión de Navarra a la Comunidad Autónoma Vasca, o la salida de todos los presos de ETA que todavía permanecen en cárceles del País Vasco. Bildu no tiene prisa por llegar a Ajuria-Enea y, por el contrario, el PNV necesita conservar el poder.

Se puede y se debe seguir dando vueltas a lo que vaya a suceder en Cataluña, pero lo que pase antes en el País Vasco no es algo menor: un posible triunfo de los herederos políticos de ETA, o al menos un gran resultado, y un Parlamento con una holgada mayoría nacionalista/independentista. Ambas cosas le traerán sin cuidado a Sánchez, siempre y cuando mantenga el apoyo que le prestan PNV y Bildu. Pero sí debe preocupar y mucho a un PP que tiene que plantearse seriamente un proyecto ilusionante para todos aquellos ciudadanos del País Vasco que no tienen ningún problema en seguir considerándose vascos y españoles, después de haber estado aguantando y viviendo durante tantos años en medio de un clima irrespirable, creado por el terrorismo de ETA y por el nacionalismo obligatorio del PNV.

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