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Lo que le contaría a Gregorio

Los actuales dirigentes del PP vasco quieren hacer un un PP más guay, más pop, más moderno.

Cayetano González
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Ha dicho, con mucha razón, Ana Iribar, la viuda del dirigente del PP de Guipuzcoa Gregorio Ordóñez, asesinado de forma vil y cobarde por ETA el 23 de enero de 1995 mientras comía en compañía de María San Gil en el bar la Cepa de la parte vieja de San Sebastián, que si su marido levantara la cabeza se moriría de vergüenza ante el actual panorama político y social que se vive en España y más específicamente en el País Vasco.

Los humanos no tenemos la capacidad de devolver la vida a los muertos, pero si Goyo, como le llamaban los amigos, pudiera volver a estar unos instantes con nosotros, después de dieciocho años habría que contarle muchas cosas, para que consiguiera entender mínimamente lo que ha sucedido en este periodo de tiempo transcurrido desde que ETA acabó con su vida.

Habría que contarle, en primer lugar, que aquellos a los que él combatió con tanta firmeza y valentía gobiernan ahora el Ayuntamiento de San Sebastián del que él llegó a ser teniente de alcalde; gobiernan la Diputación Foral de Guipuzcoa; gobiernan un buen número de ayuntamientos del País Vasco y de Navarra y se han convertido en la segunda fuerza política en el Parlamento Vasco tras las elecciones autonómicas del pasado mes de octubre. Es decir, habría que decirle que los que nunca han condenado a quienes lo asesinaron; quienes nunca han pedido perdón por sus crímenes a las víctimas, se han encaramado a importantes posiciones de poder político.

Habría que contarle que, si se ha llegado a esta situación, ha sido porque unos gobernantes irresponsables y unas Instituciones sometidas al poder político así lo han propiciado. En el primer grupo, habría que decirle a Gregorio que el mayor irresponsable de todos ha sido el anterior presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que llevó adelante durante sus ocho años de mandato un proceso de negociación política con ETA en el que una parte relevante del precio que hubo que pagar era ése: la vuelta de la banda terrorista a las Instituciones. Y habría que añadir en esa explicación que, para conseguirlo, fue decisivo el papel jugado por seis magistrados del Tribunal Constitucional encabezados por Pascual Sala, que lo permitieron y le dieron carta de naturaleza.

Pero también habría que contarle a Gregorio que siendo Zapatero y parte del Tribunal Constitucional los principales responsables de esta situación, no son los únicos. Habría que explicarle que su partido y el actual líder del mismo no han hecho nada por evitar o cambiar esta situación. Habría que decirle que así como Rajoy se opuso en la primera legislatura de Zapatero –la del 2004 al 2008- de forma clara a la política antiterrorista de éste, cuando vio, tras la derrota electoral en las generales de marzo de 2008, que esa oposición contundente no le había reportado beneficios electorales, cambió su discurso de forma radical, llegando incluso a afirmar el día que ETA anunció el "cese definitivo" de su actividad terrorista, que ese anuncio se había hecho sin ningún tipo de concesiones políticas a cambio. Afirmación que no sólo dejó boquiabiertos a sus votantes, sino que sencillamente no era verdad.

Habría que contarle a Gregorio que, una vez que Rajoy ganó las elecciones en el 2011 y llegó a la Moncloa, no hizo nada por evitar que la marca de ETA siguiera en las Instituciones o que pudiera presentarse a las elecciones vascas de octubre del 2012 donde obtuvo el resultado ya citado de ser la segunda fuerza política. Y además, no se le podría ocultar a Gregorio que lo más "relevante" que ha hecho el Gobierno de Rajoy en política antiterrorista ha sido propiciar, con su decisión política de concederle el tercer grado, la puesta en libertad del torturador/secuestrador de Ortega Lara, Josu Uribetxeberría Bolinaga, que actualmente se pasea por las calles de Mondragón, tomando vinos con su cuadrilla. Habría que explicarle a Gregorio que Jorge Fernández Díaz es un pésimo ministro del Interior, que no conoce la realidad del País Vasco, pero, eso sí, es amigo personal del presidente, lo que al parecer fue el mérito que más pesó para ocupar esa delicada y sensible cartera ministerial.

Habría que contarle a Gregorio –y ya lo siento porque hasta ahora todo son malas noticias- que el constitucionalismo en el País Vasco está en franco retroceso. Que los dos partidos de ámbito nacional, PP y PSE, que durante los años posteriores a su asesinato fueron el baluarte y la defensa de la Constitución, del Estatuto de Gernika y de la libertad, se han vuelto casi irreconocibles.

Los socialistas vascos, porque han estado pringados hasta las cachas en el proceso de negociación con ETA. Los Eguiguren, Patxi López y Rodolfo Ares de turno no han hecho otra cosa en estos últimos años que empujar y alentar una "salida negociada" a lo que los nacionalistas e incluso algún socialista llaman el "conflicto" vasco. Como paradigma de esa actuación habría que contarle a Gregorio esa ignominiosa reunión en julio del 2006 –en medio del proceso de negociación política de Zapatero con ETA- en el Hotel Amara de San Sebastián de López y Ares con Otegui y otros miembros de Batasuna, cuando esta marca de ETA era ilegal. Reunión que propició que a las puertas de dicho Hotel, una desconsolada pero fuerte mujer, víctima del terrorismo, histórica militante del PSE, Pilar Ruiz Albizu, la madre de los Pagazaurtundua, dijera esa frase que tanto ha tenido que golpear en algunas conciencias: "Patxi, harás y dirás cosas que me helarán la sangre".

Habría que contarle a Gregorio –y esto es posiblemente una de las cosas que mas le dolería- que los actuales dirigentes del PP vasco –Basagoiti, Oyarzabal, Maroto, Sémper y otros- no han sabido o no han querido estar a la altura de las circunstancias. En cuanto a María San Gil dimitió en el 2008 por su falta de sintonía con Rajoy, comenzaron una carrera hacia ninguna parte por –eso dicen ellos- abrir el PP a la sociedad vasca, por hacerlo más "guay", más "pop", más moderno. Los resultados, ahí están: en las últimas elecciones autonómicas cosecharon un severo castigo, volviendo a niveles de apoyo del comienzo de los años 90, sacando sólo diez escaños y siendo la cuarta fuerza política en el Parlamento Vasco detrás del PNV, EH-Bildu y PSE. Un PP vasco que en la actualidad es un partido irrelevante, sin ningún peso específico, sin ninguna capacidad de influir en la política vasca.

Le ahorraríamos a Gregorio –porque a estas alturas del relato estaría a punto de echarse a llorar- contarle las algo más que estupideces dichas por quien ahora ocupa su puesto al frente del PP de Guipuzcoa, Borja Sémper, en el sentido de que el futuro del País Vasco hay que construirlo también con Bildu, o las lindezas del alcalde de Vitoria, Javier Maroto, que no oculta que se muere de ganas por ir a tomar vinos con los concejales de la franquicia de ETA.

Por último, habría que contarle a Gregorio que los únicos que a lo largo de estos años han estado siempre en su sitio, dando a todos un gran ejemplo de dignidad y de fortaleza moral han sido las víctimas del terrorismo y junto a ellas, la inmensa mayoría de los españoles que mas o menos desde el asesinato del joven dirigente del PP reaccionaron y han sabido estar al lado de quienes han sufrido directamente el zarpazo terrorista.

Estoy seguro que después de contarle todo esto, Gregorio nos alentaría a todos a seguir luchando por conseguir la derrota total y definitiva de ETA; por oponerse con firmeza al nacionalismo obligatorio; por no tener ningún tipo de complejos a la hora de defender que el País Vasco es una parte irrenunciable de España; por impedir que los terroristas y quienes les apoyan, además de haber asesinado unos y no condenados otros los 857 asesinatos de ETA, encima ahora pretendan imponer su relato de lo sucedido. A todo esto nos animaría Gregorio y por respeto a su Memoria, más de uno en el PP y fuera del PP debería reflexionar.

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