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Cristina Losada

Podemos volver a casa por Navidad

Es el compendio 'kitsch' del extenso populismo patrio: vota al caudillo benefactor y te traerá a tu hijo a casa.

Cristina Losada
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Una, a veces, hace caso de las recomendaciones. Me recomendaron ver el primer vídeo electoral de Podemos, y lo he visto. Es para llorar. Lo han hecho para que el espectador, sujeto al que se supone gran capacidad para conmoverse y ninguna capacidad crítica, derrame la lagrimita. Por norma, que tendrá sus excepciones, los vídeos partidarios condensan lo peor de los partidos que los producen. Son un breve compendio de sectarismo y agresividad, propaganda desorejada y disneylandias. La información que aparezca en ellos estará tergiversada. Y porque muestran lo peor, tienen interés. Otro día nos preguntaremos por qué los partidos piensan que esos productos se ajustan a las preferencias del votante. Hoy sólo vamos a volver a casa por Navidad.

De eso va el vídeo podemita. No mienta la Navidad, ¡faltaría!, pero está en espíritu. Han hecho lo mismo que mucha publicidad comercial en esta época del año. Sentimentalidad. El tema de reunir familias, de ausentes a los que se echa de menos y que de pronto llegan a casa y son recibidos con alborozo, es un clásico navideño. Hay un anuncio de turrón imbatible en esa franja. Y si bien la apología de la familia es un tema muy conservador, en España –somos sureños y católicos, lo queramos o no– es transversal. Toda familia es familia sagrada.

Así que Podemos se ha lanzado a reunir una. En concreto, a un padre y a un hijo, cuyo gran nexo de unión es ver juntos los partidos del Nàstic de Tarragona. Ahora sólo pueden comentarlos, qué tristeza, por whatsapp. El hijo está en Viena. Aquí no encontraba trabajo y allí no trabaja de lo que estudió. Viena, digo yo, no es mal sitio, y conozco muchos peores, también en España. Pero donde estén el calor del hogar y el calor del estadio local, que se quite todo lo demás. Privar a un padre y a su hijo de la oportunidad de estar juntos los sábados para el partido es una canallada. Podemos lo ve de esa manera. Yo no. Yo fui una vez de niña a un partido del Celta con mi padre, y no quise volver jamás. Pero lo mío es ser rarita.

Estamos, obviamente, en el problema de los jóvenes que han tenido que emigrar en busca de trabajo a otros países. Dicho sea de paso, según los datos del INE, que no serán completos por la dificultad de cuantificar la emigración, entre 2008 y 2015 han emigrado bastantes más personas de entre 30 y 39 años de edad que jóvenes stricto sensu, esto es, de edades entre 20 y 29 años. Pero más que el joven hijo del vídeo me interesa el padre. Me interesa porque representa eso que Podemos llama "la gente".

La gente es buena, ¡viva la gente!, y ha hecho siempre, como el señor ficticio del vídeo, "lo que le pidieron": pagar impuestos, pagar una hipoteca, pagar la carrera universitaria del hijo (hombre, ahí el Estado, el conjunto de los contribuyentes españoles, también ayuda, y por eso, entre otras cosas, se pagan impuestos.) Además, le pidieron votar a Aznar y le votó, le pidieron votar a Zapatero y le votó, y le pidieron votar a Rajoy y le votó. Un tipo obediente a la hora de votar. Pero obediente, ¿a quién? ¿Quiénes le pidieron votar a esos candidatos, aparte de los candidatos mismos? Ese "le pidieron" entraña un sujeto misterioso. Un sujeto que no aparece mentado más que en el título de la película: "Bendita gente, maldita casta". Es la casta la que pidió, y la gente la que obedeció. La buena gente hizo lo que le dijeron. Y la maldita casta, elegida una y otra vez por la bendita gente, la fastidió. Sencillo, ¿no? Buenos y malos, inocentes y culpables.

Y, al fin, llega la emancipación. Nuestro personaje va a pasar de siervo a ciudadano. ¿Seguro? Ni en coña. Veamos. Ya no va a hacer "lo que le piden", porque ahora es él quien va a pedir. ¡Pedir! Y lo que va a pedir es "que los políticos le traigan a su hijo de vuelta a casa". ¡Le traigan! Los políticos son los Reyes Magos. Los políticos son omnipotentes. Los políticos son Dios. Unos políticos te sacaron al hijo de casa, y otros políticos te lo van a devolver. Lo que unos políticos te quitan, otros te lo dan. No, no hemos pasado a la ciudadanía: seguimos en la servidumbre. Una nota distintiva del político que pretende tener un poder omnímodo es presentar a los políticos como todopoderosos. El vídeo de Podemos no sólo refleja lo peor de Podemos. Refleja también los peores hábitos políticos españoles. Es el compendio kitsch del extenso populismo patrio: vota al caudillo benefactor y te traerá a tu hijo a casa. Por Navidad.

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