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El caso Cospedal, prueba de fuego para Casado

El presidente de los populares se juega en este asunto su credibilidad como líder reformista y renovador.

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Las conversaciones que están saliendo a la luz entre María Dolores de Cospedal y el excomisario José Manuel Villarejo colocan a la ex secretaria general del PP en una posición insostenible. Sus contactos con tan siniestro personaje, vinculado a lo más hediondo de las cloacas del Estado, no son sólo de todo punto repudiables, sino que incluso podrían hacer que la exministra de Defensa tuviera graves problemas con la Justicia, posibilidad que en Génova no se atreven a descartar.

Es cierto que el caso de Cospedal no es comparable al de Dolores Delgado, aún ministra de Justicia para oprobio de Pedro Sánchez. La dirigente popular se reunió con Villarejo no cuando disponía del tremendo poder de un miembro del Ejecutivo, sino cuando era una figura del principal partido de la oposición, y por el momento no consta que cometiera delito alguno. En cambio, a la aún ministra el infame Villarejo le dio cuenta de graves delitos, pero la entonces fiscal no movió un dedo para que los mismos fueran perseguidos y los culpables, castigados. Que siga al frente nada menos que del Ministerio de Justicia es un escándalo que ya de por sí convierte en intolerable la continuidad de un Gobierno, el del doctor Sánchez, fatalmente lastrado por su vicio de origen: una moción de censura que salió adelante gracias al nacionalismo catalán golpista y al nacionalismo vasco proetarra.

Ahora bien, lo anterior no puede convertirse en una suerte de escudo para proteger a Cospedal. Casado llegó a la Presidencia del Partido Popular con la declarada intención de emprender una vasta operación de limpieza y reforma que, en primer lugar, acabe con todo rastro de corrupción –de todo tipo– en la formación (re)fundada por José María Aznar en 1990.

Cospedal ha anunciado este lunes que abandona la Ejecutiva del PP... y advertido de que no piensa renunciar a su escaño en el Congreso de los Diputados. La pelota está, pues, en el tejado de Casado, a quien la exministra ayudó a hacerse con la Presidencia del partido. Pero Casado ha de dejar claro que ese factor, que todo el mundo va a tener bien presente, no va a condicionarle en la resolución de esta crisis, en la que tanto se juegan el partido al que se ha propuesto regenerar y, evidentemente, él mismo, que tiene aquí una auténtica prueba de fuego para su credibilidad y liderazgo.

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