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EDITORIAL

Isabel Zendal: el éxito que la izquierda no puede soportar

El Isabel Zendal es la apuesta más brillante contra el coronavirus que se ha hecho sin ninguna duda en España y, muy probablemente, en Europa.

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No cabe ninguna duda de que si el Hospital Isabel Zendal lo hubiese construido un gobierno autonómico del PSOE, fuese un proyecto lanzado desde Moncloa o incluso si fuese responsabilidad de los ejecutivos del País Vasco o Cataluña, la izquierda política y mediática española estaría partiéndose las manos a aplaudir, los telediarios contarían día tras día sus excelencias y los analistas nos explicarían en todas las tertulias las virtudes de "lo público", demostradas más allá de cualquier duda por el enorme éxito que supone levantar un hospital en cinco meses y dotarlo de las mejores instalaciones para hacer frente a una pandemia.

Pero lo cierto es que hace décadas que la izquierda no emprende un proyecto así en ninguna parte de España y tampoco los nacionalismos vasco y, sobre todo, catalán están en empeños similares: unos y otros tienen prácticamente toda su energía en las políticas identitarias, en favorecer el clientelismo y en montar monstruosas campañas de propaganda. Lo cierto es que el Isabel Zendal lo ha levantado la Comunidad Autónoma de Madrid presidida por Isabel Díaz Ayuso.

Esa incapacidad propia es probablemente una de las razones por las que no soportan la gran obra y el enorme éxito que supone el Hospital Isabel Zendal: porque les deja a ellos en evidencia. La otra es un sectarismo absolutamente repugnante, enfermizo, que llena los medios y las instituciones de un odio sin tasa al rival político y es incapaz de reconocer no ya un éxito de otro, sino la pura verdad.

Porque el Isabel Zendal no es un hospital perfecto y como toda obra humana tendrá defectos que deberán mejorarse -¡cómo podría no tenerlos si eso pasa en hospitales que llevan años en funcionamiento y éste aún no ha cumplido dos meses!-, pero a pesar de ello es la apuesta más valiente y brillante contra el coronavirus que se ha hecho sin ninguna duda en España y, muy probablemente, en Europa.

La prueba de ello es que mientras Madrid tiene un hospital plenamente operativo, pensado y creado para epidemias, en el que los enfermos reciben atención de la máxima calidad y se salvan vidas todos los días, en otras regiones los pacientes están en tiendas de campaña que tienen que ser desalojadas cuando sopla el viento.

En cualquier caso, una campaña de acoso y desprestigio basada en mentiras como la que han sufrido el Isabel Zendal y sus responsables es asquerosa, pero cuando estamos hablando de algo tan serio como un hospital y de la mayor pandemia que hemos sufrido en décadas la infamia alcanza un grado superlativo, porque las mentiras respecto a la Sanidad cuestan vidas y porque los profesionales que se están dejando la piel en un esfuerzo sobrehumano por salvarlas se merecen otro trato.

Eso sí, nadie puede sorprenderse de que la izquierda en las instituciones -¡y en los medios!- llegue tan lejos en la indecencia y la irresponsabilidad: estamos hablando de los que desde el primer momento mintieron, de los que dejaron que llegara el virus y estallase la epidemia para celebrar el 8M, de los que no paraban de decir que era "una gripe", de los que han ocultado muertos, han mentido sobre las mascarillas y, ahora, están repitiendo la criminal irresponsabilidad que vivimos en marzo para que haya elecciones en Cataluña.

Y es que ¿cómo iba a admitir el enorme logro que es el Hospital Isabel Zendal esta gentuza que supedita todo a sus objetivos políticos, hasta las vidas de sus compatriotas? Eso no puede lograrlo ni el coronavirus.

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