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EDITORIAL

No a la aberrante ley del 'solo sí es sí'

La Ley de Libertad Sexual es una abominación digna del mayor rechazo y repudio.

EDITORIAL
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El Congreso ha rechazado este jueves las dos enmiendas a la totalidad de la Ley de Libertad Sexual presentadas por PP y Vox. Con esto sigue el trámite de un desafuero que todo hace prever se aprobará tras un nuevo trámite en el que se compre su aprobación parlamentaria a cambio de a saber qué prebendas para los insaciables socios del Gobierno social-comunista.

A pesar de que hayan sido rechazadas, las referidas enmiendas estaban llenas de sentido común y de excelentes razones para mandar el proyecto de la fanática Irene Montero al cajón de las insensateces liberticidas, del que nunca debió salir.

Como bien apunta Vox en su enmienda, la primera crítica que debe hacerse al engendro es su ínfima calidad legislativa, no en vano hasta tres órganos tan diferentes como el Consejo Fiscal, el Consejo General del Poder Judicial y el Consejo de Estado han criticado su redacción por errática, confusa y técnicamente deficiente, lo peor que puede decirse de una pieza legislativa.

Esta aberrante Ley de Libertad Sexual nace del peor interés político, no de una necesidad real de la sociedad, pues hay elementos de sobra para combatir los delitos contra la libertad sexual y están donde deben estar: en el Código Penal.

Es falso, por otro lado, que haya un incremento significativo de este tipo de agresiones que pudiese justificar su necesidad: como en todos los delitos violentos, en las últimas décadas se puede observar una línea claramente descendente en las estadísticas. Y aún es más falso que España sea un país inseguro para las mujeres: al contrario, todos los rankings internacionales nos ubican entre los que mejores condiciones de vida y más seguridad les ofrecen.

Puesto que no se quiere atajar un problema real, cabe preguntarse cuál es el motivo último de esta ley. La respuesta es, como también señala el partido de Santiago Abascal, una aberración ideológica con la que se pretende enfrentar a hombres y mujeres y que busca criminalizar al varón por el mero hecho de serlo, dinamitando un derecho como el de la presunción de inocencia, uno de los pilares del Estado de derecho.

Muchos pensarán que, de aprobarse, esta ley no será un problema para ellos, pero se equivocan: la arbitrariedad que se desatará a partir de entonces puede afectar a incontables varones... y a otras tantas mujeres con padres, hermanos, hijos, maridos o amigos tratados como ciudadanos de segunda.

Nacida del fanatismo, incapaz de aportar nada positivo y tremendamente injusta para al menos la mitad de la población, la ley del sólo sí es sí es una abominación digna del mayor rechazo y repudio.

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