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Otra vez el mensajero

La responsabilidad podrá recaer en aquellos que desarrollan la actividad ilegal, pero no en los que simplemente ofrecen un mapa para llegar a ella.

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La Federación Internacional de la Industria Fonográfica, IFPI por sus siglas en inglés, ha anunciado que denunciará a Yahoo! China por violaciones repetidas de los derechos de autor de sus miembros. Y es que parece ser que en Yahoo! China resulta posible utilizar el motor de búsqueda para localizar contenidos considerados ilegales por la industria, tales como copias de canciones originales, letras o versiones de las mismas. Es decir, que hacen a Yahoo! responsable no por un contenido que alberga o comercializa, sino por la posibilidad de que los usuarios accedan a un contenido ajeno a Yahoo! utilizando Yahoo! como herramienta. Es, una vez más, la disputa sobre la absurda idea de matar al mensajero.

Cualquiera que haya estado en China sabe que, en una gran cantidad de lugares, es posible encontrar artículos que vulneran los derechos de autor. En ocasiones son copias realizadas de originales, en otras son incluso los mismos artículos originales, manufacturados por un subcontratista en series mayores que las convenidas con el propietario de la marca, y que el subcontratista vende posteriormente con total libertad de precios a unos interesadísimos turistas. Es algo perfectamente habitual en China, hasta el punto de que ese tipo de productos constituyen el mayor número de regalos que alguien que visita el país asiático suele traer a sus amigos y familiares. Y efectivamente, se basa en una violación sistemática de los derechos de autor. Ahora bien, ¿quién debe ser hecho responsable? ¿El fabricante de esos productos? En efecto, gran parte de la responsabilidad posiblemente esté en quien fabrica esos artículos sin pagar la correspondiente licencia. ¿El comercializador de los mismos? Sí, también es posible que tenga algún tipo de responsabilidad, dado que además es quien obtiene el margen cobrado al cliente final tras el laborioso proceso de regateo (China, como algunos otros países, es uno de esos lugares perfectos para el desarrollo de las habilidades de negociación). Pero ahora imagínese que va por la calle en Shanghai, con aire de turista despistado, y pregunta a un transeúnte donde se encuentran los Yu Gardens, lugar en el que abundan tiendas de este tipo. ¿Le parecería normal que, tras las amables indicaciones del transeúnte, la policía cayese sobre él y fuese sancionado? Incluso, si en un ataque de atención al turista, le revelase la existencia de otros mercados de ese tipo más cercanos, ¿le parece un elemento constitutivo de delito?

La respuesta tiene mucho que ver con la relación con los bienes o servicios objeto de la transacción. No es lo mismo poseer una sección dedicada a MP3, en la que abundan las copias consideradas ilegales y se ofrecen mecanismos para su descarga, que poseer un simple motor de búsqueda que permita llegar a esos contenidos. Perseguir lo primero puede ser razonable ante los ojos de una industria que no se da cuenta de que, en realidad, cuanta mayor atención sea capaz de generar hacia sus contenidos, más dinero podrá ganar el artista. Pero perseguir lo segundo es como correr indignado detrás de quien te ha vendido un destornillador, porque con él has montado un arma con la que alguien, posteriormente, has podido amenazar a alguien. O cualquier otra ridícula situación que se nos ocurra con eslabones causales igualmente débiles.

Yahoo! China, como la mayor parte de los buscadores, no alberga ni ofrece contenidos que pueda considerar potencialmente ilegales. No está en sus intereses, los de una compañía que, de hecho, se considera más una empresa de medios que una de tecnología como tal. Sin embargo, ofrece un motor de búsqueda, y a través de ese motor de búsqueda pueden encontrarse infinidad de cosas, no todas ellas de legalidad indiscutible. ¿Debe un motor de búsqueda ser responsable del contenido de Internet, de los lugares a los que sus usuarios puedan llegar utilizándolo? A mí me parece sencillamente aberrante. La responsabilidad podrá recaer en aquellos que desarrollan la actividad ilegal, pero no en los que simplemente ofrecen un mapa para llegar a ella. Más aún si la posibilidad de usar su mapa para tal fin no es más que uno de los muchísimos usos que pueden darse al mismo.

La discusión sobre la naturaleza del mensajero y la necesidad patológica que algunos sienten de matarlo no es para nada nueva en Internet. Es, simplemente, un reflejo más de una industria incapaz de adaptarse y que, para preservar su estatus, pretende privilegios omnímodos, bajo el pretexto de ser quien aporta un valor, cuando en realidad no es más que un cada día más innecesario intermediario. El episodio de Yahoo! China es, simplemente, una prueba más.

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