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CHILE

El peligro de la autocomplacencia

La autoridad ha destacado las cifras recientes de la economía chilena. Tiene razón, la evolución es muy positiva. El último Imacec fue del 6,5%, y cuando miremos atrás en marzo de 2011 comprobaremos que la economía habrá crecido un 7% en los últimos 12 meses.

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El 8% de desempleo es satisfactorio, si lo ponemos en el contexto mundial, y la tasa de inflación acumulada (2,8% hasta la fecha, con una proyección del 3% para el conjunto del año) está dentro de lo aceptable para el Banco Central.

Pero ¿qué significa todo esto? ¿Se acabó el largo período de deterioro de nuestro progreso económico? Recordemos que, luego de crecer un 7,6% durante doce años, estuvimos creciendo al 3,3 en los doce siguientes. ¿Era tan fácil revertir el deterioro de la productividad? ¿Ha sido cosa del actual Gobierno?

Está claro que el Gobierno de Piñera no ha adoptado una estrategia que explique este nuevo dinamismo. No ha tenido tiempo para ello, y el poco que ha tenido ha debido dedicarlo al terremoto de febrero y sus secuelas. El origen de las buenas cifras está, en consecuencia, en otro sitio.

La base de comparación es determinante. Recordemos que en 2009 la economía cayó un 1,5%. Si bien es muy posible que nuestro crecimiento entre marzo de 2010 y marzo de 2011 sea del 7%, lo cierto es que los doce meses previos caímos un 0,6%. Otros países que se están recuperando exhiben cifras espectaculares: Singapur, que en 2009 cayó un 1,3%, espera crecer este año un 14%. Ahora bien, nadie cree que estemos ante un nuevo patrón de crecimiento acelerado de dicho país.

Sebastián Piñera.Chile, por su parte, está en el apogeo del ciclo positivo. En cambio, muchos países del mundo –empezando por los Estados Unidos de América y buena parte de Europa– siguen atravesando graves dificultades, no se han recuperado del todo del terremoto financiero de 2008. Por lo general, las naciones productoras de materias primas están yendo bien. A Chile, por ejemplo, le está beneficiando el hecho de que el cobre esté por encima de los 4 dólares la libra. Parte de nuestras buenas expectativas y de nuestro dinamismo puede explicarse por esta corriente favorable para las materias primas.

Pero no debemos caer en la complacencia. Para crecer de forma permanente debemos hacer nuestras tareas. Ello requiere claridad, decisión y la forja de acuerdos en el terreno político. El momento puede ser propicio, y los distintos actores –tanto los que están ahora en el poder como los que aspiran a alcanzarlo– no debieran dejar los ajustes para cuando el momento no sea tan favorable.

En esencia, lo que se necesita es favorecer la inversión, el empleo y la productividad. El Gobierno ha esbozado su interés en la cuestión, pero está lejos de tener un plan concreto, convincente y activo. Así, en los últimos días ha mostrado su preocupación por los precios de la energía, pero lo cierto es que su estrategia es confusa. Se necesitan proyectos eficientes que produzcan mucho y barato. El verdadero desafío es técnico y de organización. Pero lo minusvaloramos y llenamos el proceso de burocracia y deseos tan positivos como irreales. Las energías no convencionales son muy caras, y su impacto sobre terceros es importante, aunque no lo quieran ver sus promotores.

Son loables los programas propuestos para hacer la vida más fácil a las pymes, pero para que sean realmente efectivos deben ser mucho más ambiciosos. Es razonable que la sociedad se preocupe por los costos que las labores productivas crean en terceros, pero es imprescindible balancearlos con las mejoras que también generan. El Gobierno no ha abordado la cuestión con la intensidad necesaria; pues bien, mientras no lo haga, el salto al desarrollo se ve difícil.

Las autoridades tienen razones para estar satisfechas con los números que arroja nuestra economía, pero éstos no debieran aletargarlas e impedirles esforzarse aún más para cumplir su verdadero objetivo: sentar las bases para un crecimiento elevado y sostenido. Desafortunadamente, ese objetivo está lejos de estar asegurado.

 

© El Cato

HERNÁN BÜCHI, ex ministro chileno de Hacienda.

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