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CRÍMENES POLÍTICOS

El asesinato del matrimonio Viola

Descendiente de una familia de la ciudad leridana de Balaguer muy unida a las leyes (su abuelo fue notario y su padre, registrador de la propiedad), Viola tenía una profunda formación jurídica, de la que dio prueba en todos los cargos que desempeñó. Aunque se sentía tan catalán como el que más, debido a la profesión de su padre no nació en Cataluña, sino en uno de los destinos de éste: Cebreros (Ávila), pueblo natal también del por entonces presidente, Adolfo Suárez.

F. P. A.
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Joaquín Viola vino al mundo el 26 de junio de 1913, pero cuando contaba dos meses su familia se trasladó a Cataluña. Hizo el bachillerato en la Seo de Urgel, se licenció en Derecho en Barcelona y obtuvo el doctorado en Madrid. Durante sus estudios coincide como alumno, entre otros, con Urdina Martorell y Solé Barberá. Con este último, que habría de ser diputado comunista, mantiene un fuerte enfrentamiento ideológico. Según recuerdos de sus compañeros de estudios, Quinito Viola, muy interesado por la política desde su juventud, era ya en los años 30 un dirigente de los estudiantes católicos y de derechas.
 
Consecuente con su pensamiento, al estallar la Guerra Civil huyó de la zona republicana. Por Andorra y Francia pasó a Pamplona, en la zona franquista, donde se incorporó al frente como alférez provisional; luego fue ascendido a teniente. "Yo considero normal que uno, para defenderse del enemigo, haga cuanto esté a su alcance", diría muchos años más tarde. En el frente de Teruel fue gravemente herido; desde entonces engrosó la lista de caballeros mutilados.
 
Antes de acabar la guerra, como ex combatiente, comenzó a preparar oposiciones al Cuerpo de Registradores de la Propiedad. En 1941 ingresó en el mismo, con el número uno de su promoción. Primero ejerció en Solsona, luego en la Seo de Urgel y finalmente en Barcelona.
 
Muertos su abuelo y su padre, Viola Sauret vuelve a Balaguer, donde conoce a la que habría de ser su esposa: Montserrat, hermana de Eduardo Tarragona, que fue procurador en Cortes. Su vida política pública comenzó en 1967, al ser elegido procurador por la provincia de Lérida. Reelegido en 1971, fue designado también consejero del Reino.
 
No obstante, el cargo de mayor relevancia y proyección pública que habría de ocupar le llegó el 18 de septiembre de 1975, cuando tomó posesión de la Alcaldía de Barcelona –en presencia del entonces gobernador civil, Rodolfo Marín Villa–. La derecha tradicional se alegró del nombramiento de Viola, mientras que los políticos demócratas y las asociaciones de vecinos desencadenaron en seguida un enfrentamiento frontal. Durante su discurso Viola recordó había derramado su sangre en la Guerra Civil, y declaró que la humildad, la probidad y el ideal de servicio habrían de ser los ejes de su actuación.
 
El período de su mandato fue muy agitado, con una gran contestación vecinal; se le llegó a endilgar el remoquete de "alcalde más impopular desde los tiempos de la República". Cuando Adolfo Suárez le destituyó se produjo un gran alivio popular.
 
Posteriormente fue nombrado director general de Administración Local, cargo en el que sólo permaneció unos meses, pues dimitió para postularse como senador por Lérida. No lo consiguió.
 
La definición política que daba de sí mismo se concreta en estas palabras de 1976: "Yo, ideológicamente y durante toda mi vida, he tenido tendencia a lo que hoy se llama 'democracia cristiana'. Apoyaba a las candidaturas de derechas". Preguntado por sus hijos –era padre de cinco–, afirmó: "Son solidarios conmigo porque ven mis afanes de servir, lo que trabajo y lo que sufro".
 
El matrimonio Viola-Tarragona tenía importantes propiedades agrícolas en Lérida. Antes de ser nombrado alcalde Joaquín, vivían en la finca Mas Tinell, en la comarca de Las Garrigas. A propósito de esto, en octubre de 1975 declaraba: "La finca es de mi mujer. Yo no tengo nada. Le pido al pueblo de Barcelona que vea en mí una persona modesta". Viola, entre muchas cosas, había sido presidente de Productoras Eléctricas Urgelenses, accionista del Diario de Lleida, consejero del Banco de Madrid y secretario del Barça, cargo en el que permaneció cuatro años.
 
Pasemos ya a la mañana en que se produjo el asesinato del matrimonio Viola, que por entonces estaba pasando, por cierto, una de sus épocas más felices. Joaquín tenía 64 años. Su hijo pequeño había conseguido hacía muy poco sacar las oposiciones a Notarías, y tanto él como su esposa estaban exultantes. De hecho, lo habían celebrado con un viaje a París, de donde acababan de regresar, dichosamente agotados. Sólo unas horas más tarde, el miércoles 25 de enero de 1978, la muerte se presentó de repente.
 
A las 8,30 de la mañana un grupo conformado por cuatro personas jóvenes –tres hombres y una mujer– llamó al domicilio de los señores Viola, situado en el Paseo de Gracia, 69, 1º 1ª. Montserrat abrió la puerta pensando que era el lechero, pues a esa hora solía llevar su mercancía. Rápidamente, y haciendo exhibición de una gran violencia, los recién llegados, que iban enmascarados, penetraron en la casa e intimidaron con sus armas a la propia Montserrat, a sus hijos Enrique y Joaquín, a la novia de éste y a la criada, Rosa Pérez, que recibió un golpe en la cabeza luego de oponer resistencia.
 
Los cinco fueron conducidos a una de las habitaciones y maniatados por dos de los individuos, mientras los otros dos se dirigían al dormitorio de Joaquín Viola, que todavía se encontraba en pijama. Sin pérdida de tiempo, y bajo la amenaza de las armas, lo sacaron de allí y lo trasladaron a otra habitación. Luego le colocaron, mediante correajes y cinta adhesiva, una sofisticada bomba en el pecho, que haría explosión en el momento en que trataran de separarla del cuerpo. La operación duró unos quince minutos.
 
Poco más tarde condujeron a la esposa a la misma habitación. Los asaltantes hicieron entrega al matrimonio de un folio donde se detallaba la manera en que debían ponerse en contacto con ellos y se advertía sobre las consecuencias de la manipulación del artefacto que habían colocado a Joaquín.
 
Existe una gran confusión sobre lo que verdaderamente pasó en el interior de aquella habitación. La hipótesis más probable indica que la bomba era de fabricación defectuosa. Poco después de que Montserrat entrara en el cuarto aquélla hizo explosión; el cuerpo de Joaquín quedó decapitado y hecho pedazos. La onda expansiva alcanzó de lleno a su esposa: por la brecha que se le abrió en el cráneo asomaba el cerebro. Los cuatro criminales salieron a escape del domicilio; al parecer, a bordo de un coche que les aguardaba en la calle.
 
La primera conclusión que se extrajo del doble asesinato fue que guardaba una gran similitud con lo que le había sucedido ocho meses atrás al industrial José María Bultó Marqués, de 76 años, presidente de la Sociedad Anónima Cros.
 
Bultó fue asaltado el 9 de mayo de 1977, también en Barcelona, cuando se encontraba almorzando en el domicilio de sus cuñados, en la calle Muntaner. Los desconocidos le colocaron una bomba en el pecho y le exigieron 500 millones de pesetas; si no los desembolsaba en el plazo impuesto, le amenazaron, el artefacto haría explosión. Asimismo, le dieron una carta con instrucciones para la entrega del dinero y el manejo del peligroso aparato. Una vez huyeron los asaltantes Bultó se trasladó su domicilio, en el barrio de Pedralbes, y penetró en el cuarto de baño, donde se sospecha que intentó desprender la bomba. Debió de ser entonces cuando ésta, con sus 150 gramos de carga, hizo explosión. El cuerpo de Bultó quedó absolutamente destrozado.
 
La policía señaló como autores del asesinato a los componentes de una supuesta organización política independentista de carácter terrorista. Fueron detenidos, pero al poco se les puso en libertad, en aplicación de la Ley de Amnistía para actos políticos de 10 de noviembre de 1977. Posteriormente dicha amnistía fue revocada, pero en el juicio que se siguió contra los acusados hubo tal cantidad de irregularidades que la Comisión de Derechos Humanos de Estrasburgo emitió un dictamen en contra, con lo que quedó en entredicho la culpabilidad de aquellos.  
 
Viola aparecía en la "lista negra" intervenida a los imputados de la muerte de Bultó, pero nadie le dio demasiada importancia al hecho, porque era una lista muy larga, con más de un centenar de nombres. La interpretación policial es que los allí mencionados, todos pertenecientes a la alta burguesía catalana, iban a ser objeto de chantaje, y algunos eliminados, como así sucedió.
 
Los Viola murieron exactamente igual que Bultó, pero nunca llegó a saberse del todo quiénes perpetraron el crimen.
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