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CÓMO ESTÁ EL PATIO

Feliz año 2009, dicho sea sin ironía

A despecho de lo que puedan pensar algunos teólogos, expertos en Sagradas Escrituras y estudiosos del Libro del Apocalipsis, Zapatero no es el Anticristo; porque, oiga, hasta para interpretar a ese personaje se exige cierto nivel.

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El demonio es malo, pero no ingenuo. Sin embargo, pocos dirigentes políticos han hecho tanto por desarraigar a un pueblo de sus sagradas tradiciones como ZP. En la Parusía, relata el Libro, se nos darán a ver grandes prodigios, pero aunque el hecho de que alguien como Zapatero se convierta en presidente del gobierno de un país civilizado no deja de tener un matiz ciertamente asombroso, mucho me temo que su ascenso al poder tiene poco de preternatural.

Sea como fuere, lo cierto es que Zapatero se ha propuesto acabar con la Navidad y, como el tipo suele acertar en todo lo que se refiera a joder a los ciudadanos, probablemente alcanzará el éxito también en esta empresa. Por ejemplo, los organismos públicos y las facultades de humanidades te mandan un christmas laico, fruto de la mente alocada y sin sentido del ridículo del director general o jefe de departamento de turno, en lugar de un espléndido retablo de la Natividad o la Epifanía restaurado con fondos de la casa, como hace El Corte Inglés. El asunto es una bufonada que sólo deja en mal lugar a quien la protagoniza, porque si les repatea la tradición cristiana de celebrar el nacimiento de Jesucristo, que se ahorren el tarjetón navideño y destinen el dinero a la ONG del cuñado gandul, que seguramente le dará un mejor uso que el que los destinatarios damos a semejantes patochadas.

Pero es que este año en concreto las costumbres navideñas han sufrido un menoscabo del que probablemente no se recuperará la festividad hasta que Zapatero se vaya de La Moncloa, allá por el 2024. ¿Desea usted una Feliz Navidad a sus conocidos cuando se cruza con ellos por la calle? Con la que está cayendo, claro que no. O probablemente sí, si es usted de los valerosos. Pero con la parte del "y un próspero Año Nuevo" hay pocos que se atrevan. Y los que lo hacen incluyen una sonrisa irónica, no sea que el otro interprete que te estás riendo de su desgracia y se monte el belén, nunca mejor dicho.

En el año 2009 probablemente nuestro equipo gane la liga, la niña se eche un novio responsable o el vecino plasta se cambie a otro piso (más barato), pero prosperidad, lo que se dice prosperidad, no parece que vayamos a tener mucha. Nos ocurrirá como a aquel famoso obispo al que los fieles pidieron permiso para sacar a la patrona de la ciudad en rogativa para que lloviera: les autorizó la procesión, pero no sin antes asomarse a la ventana y advertirles de que no veía el tiempo precisamente de lluvia.

En estos días deseamos a los conocidos simplemente que el 2009 no sea peor que el 2008, un detalle de optimismo que ríase usted del propio Zapatero cuando habla de los logros venideros a conseguir por Moratinos, Aído, Solbes, Sebastián, Maleni y el resto del consejo de ministros. Porque lo cierto es que la crisis económica de 2008 va a ser una tontería comparada con lo que nos espera en 2009, en el que, por cierto, tampoco comenzará la recuperación, a tenor de lo que dicen los expertos.

Pero cómo no nos va a fastidiar Zapatero las Navidades a los ciudadanos normales y corrientes, cuando ha conseguido amargarle estas fechas hasta al propio Iñaki Gabilondo, el único español al que todavía no había tomado el pelo, o eso pensaba el famoso locutor. El propio Iñaki no tuvo más remedio que denunciarlo esta semana en su informativo, dolido porque Zapatero le asegurase que nunca supo nada de los vuelos de la CIA por el espacio aéreo español con destino a Guantánamo, y que, de haberlo sabido, jamás los hubiera autorizado, cuando al día siguiente la cadena de los terroristas suicidas (qué tiempos, Iñaki) demostró con todo lujo de detalles que los aviones de la agencia estadounidense pasaban por aquí como Juan por sus viñas, con la debida autorización del propio ZP ya al año siguiente de haber ganado éste las elecciones. Después le llamaron de La Moncloa y Gabilondo, en atención a estas fechas y a su condición benévola, matizó un poco su crítica, pero se le notaba dolido por la ingratitud del presidente.

Cuando Zapatero pasa la tutoría mensual con Gabilondo y le suelta la habitual retahíla de mentiras, no hay un solo español que crea que lo que le está contando es cierto. Iñaki sí, porque es buena persona y porque, además, Zapatero es progresista, condición que inmediatamente justifica cualquier desmán, porque siempre será por una buena causa, como impedir que la derecha llegue al gobierno de España.

Las tradiciones se pierden, hasta las más sagradas, como la de que los presidentes socialistas veneren al grupo Prisa en las personas de sus periodistas más insignes. O sea, un desastre. Por eso conviene que los que somos un poquitín menos progresistas que la media nacional nos aferremos a las viejas usanzas y mantengamos vivos los ritos civiles del santoral cristiano, especialmente en lo que respecta a la Navidad. En otras palabras, protagonicemos estos días nuestra particular salida del armario. Así pues, les deseo a todos ustedes, queridos lectores, un feliz y próspero Año Nuevo. Sin coña, ¿eh?
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