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¿Crisis de Gobierno?

Lo que Zapatero se propone es entretener con noticias huecas a los españoles; aunque de primeras parezca una crítica a su gestión, en el fondo es seguir su agenda mediática.

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 Desde que se filtraran los primeros cambios en el Ejecutivo durante la reunión del G-20 hasta que Zapatero hiciera oficial la noticia, el Gobierno ha contado con toda la atención de los medios de comunicación para dejar de hablar, aunque sea sólo por unos días, de lo que de verdad sucede, que no es una "crisis de Gobierno", sino la crisis de España.

Pues llamar "crisis de Gobierno" a lo que Zapatero se propone, que es entretener con noticias huecas a los españoles, aunque de primeras parezca una crítica a su gestión, en el fondo es seguir su agenda mediática. 

Porque lo que Zapatero necesita es tiempo; tiempo para que llegue el siguiente plazo que se ha dado para comprobar que no hemos tocado fondo; para que parezca que se emprenden nuevas medidas cuando lo único que se ha hecho es un cambio de caras. En definitiva, el tiempo hasta que lleguen las siguientes elecciones.

Una reestructuración ministerial, como noticia, no pasa de ser una cuestión burocrática que debe ir acompañada de las razones por las cuales se produce, para llegar entonces a la conclusión de que nada habría que cambiar sino a aquel que representa el verdadero obstáculo para que cualquier reestructuración tenga sentido. Por supuesto, el mismo Zapatero.

¿Ha sido él quien ha despedido a Solbes como el ministro que ha vivido las épocas más brillantes de la economía española? ¿No ha sido también quien ha elegido a Chaves, el cacique de la "deuda histórica", nada menos que como garante de la "cohesión territorial"? ¿Y qué decir de José Blanco, símbolo de la cerrazón y el sectarismo, ahora que la situación del País Vasco pediría arrinconarlo en el trastero?

Desde la Fundación DENAES para la Defensa de la Nación Española hemos echado de menos que, en lugar del monográfico dedicado a Zapatero y su "crisis de Gobierno", se hubiera destacado el rotundo fracaso internacional que ha supuesto el último Foro de la Alianza de las Civilizaciones. Como todo aquello que protagoniza fuera de nuestras fronteras –donde, por cierto, se encuentra su verdadera política, esa en la que España es una cantidad despreciable frente a la Humanidad–, nuestro presidente ha vuelto a hacer el ridículo. Rechazado por Francia y Alemania, que han manifestado su negativa al ingreso de Turquía en la Unión Europea, Zapatero se ha vuelto a quedar solo con Erdogan en un encuentro que ha representado la triste imagen de España. En Londres, el socio comparsa, y en Estambul, el patrocinador del imposible.  

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