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La corazonada del fiasco y el Estado fragmentado

No es de extrañar que el nacionalismo fraccionario que asola a España haya perjudicado nuestra candidatura de Madrid como sede olímpica, pues debemos tener presente que nuestra política como país es vista desde el exterior.

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La metafísica sentimentalista de Gallardón se descubrió, por fin, como todo un fiasco. Y es que no hay nada más débil, frente al saber, que una corazonada, desprovista por definición de toda racionalidad.

Pues con ese discurso asertivo del "vamos a ganar" se pudieron llenar páginas de periódicos o minutos de televisión, pero lo que no se hizo fue convencer al Comité Olímpico Internacional de que Madrid debía ser la sede olímpica para el 2016.

Precisamente muy lejos de los ensueños con los que la publicidad del alcalde nos quiso embaucar, la comisión del COI había ya emitido un documento el 2 de septiembre en el que se presentaban diversas críticas a la candidatura de Madrid, entre las cuales la más importante daba en la diana del problema de España. No se les escapó a los miembros del comité la dificultad de poner de acuerdo a las tres administraciones, municipal, autonómica y nacional, a la hora de financiar un evento deportivo de la magnitud de los Juegos Olímpicos.

Y así es como con toda elegancia el documento en cuestión se permitía dudar de que las diferentes competencias se hicieran finalmente cargo de una perfecta organización. De esto no se habló en las noticias, y sin embargo, es prueba de la eficacia, ésta sí, con la que se ha analizado nuestra candidatura.

Desconocemos si los miembros del COI están al tanto de cómo en España no se han podido organizar las tres administraciones para evitar muchos de nuestros desastres. Puede que no supieran que en 2005 once españoles fallecieron en un incendio que asoló parte de la provincia de Guadalajara y ante el que la burocracia autonómica se vio desbordada. A lo mejor tampoco sabían que a principios de este año una nevada paralizó la capital de España y los planes de emergencia no se activaron desde el Gobierno Central porque eran, según la ministra del ramo, asunto de la Comunidad Autónoma.

Y esto por lo que toca a los desastres "naturales", pues los peores son otros. ¿Sabrán los miembros del COI que un funcionario del Estado español no puede trabajar en aquellas comunidades en las que hay otra lengua cooficial además del español? ¿Sabrán que la Geografía y la Historia de España no se explica en las comunidades en las que los gobiernos nacionalistas han impuesto su propia doctrina?

No es de extrañar, por tanto, que el nacionalismo fraccionario que asola a España haya perjudicado nuestra candidatura de Madrid como sede olímpica, pues debemos tener presente que nuestra política como país es vista desde el exterior.

Este fracaso lo ha sido especialmente para algunos, para aquellos en cuyos ambiciosos planes no cabía perder, para quienes no han sido capaces de ver en la futura sede de Río de Janeiro nuestra vinculación con una ciudad de Hispanoamérica, en la que el papel del español será fundamental.

Para la Fundación DENAES ha sido, en cambio, la oportunidad para que los españoles sepamos cómo nos ven en el resto del mundo, por cierto, y a nuestro pesar, muy acorde con el diagnóstico de nuestra propia Fundación.

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