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Los terroristas usan las redes sociales para ganar la batalla de las ideas

La batalla de las ideas no puede estar separada de la lucha física contra los terroristas y tenemos que ganar las dos.

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Solía ​​suceder que, cuando ocurría un crimen, la escena del crimen se llenaba de detectives. Ahora más bien se dan prisa para acceder a la huella del autor en el espacio digital. A menudo, ahí es donde van a encontrar las claves más importantes. Es por eso por lo que el FBI quiere saber todo lo que el atacante de Tennessee, Mohamad Yussef Abdulaziz, hizo en internet.

El rastreo digital ha resultado ser especialmente importante en casos en los que se sospecha de terrorismo. Para lidiar con el dramático aumento en tramas terroristas domésticas, los investigadores buscan indicios de radicalización o vínculos a grupos transnacionales en redes sociales, correos electrónicos y libretas de direcciones digitales.

Hace más de una década, el investigador Gabriel Weimann presentó un preocupante informe sobre la actividad terrorista en internet. Los malos estaban menos interesados ​​en atacar internet o en desempeñar actividades malintencionadas y más interesados en explotar el medio para todo, desde la recaudación de dinero hasta la exploración de potenciales objetivos.

Algunos años después (incluso cuando aumentaron las actividades de los malhechores que explotan internet), el mundo fue testigo de un segundo fenómeno que expuso el creciente poder de los medios sociales. Los disputados resultados de las elecciones presidenciales en Irán en 2009 provocaron una ola de protestas públicas en el país. Las masivas manifestaciones se promovieron y se organizaron, en gran parte, mediante el uso de redes sociales.

Lo que fue extraordinario en 2009 es ahora algo de lo más normal. Muchos actores políticos –tanto buenos como malos— movilizan las redes sociales para difundir su mensaje.

Al combinar actividades terroristas en internet con la incitación cibernética, el Estado Islámico (EI) ha fusionado estas dos tendencias creando así una seria amenaza. No es sólo la capacidad del grupo para instigar en internet lo que hace que la amenaza sea formidable, sino que el EI consigue "valor añadido" mediante la vinculación de comunidades virtuales con seres de carne y hueso, personas con propensión a entrar en acción si cuentan con un grupo de apoyo solidario e inspirador en internet.

La técnica ha dado origen a una sinergia peligrosa entre los avances del EI en el campo de batalla y su red de apoyo global. Su capacidad para producir pulidos videos es tan eficaz como su capacidad para controlar territorio a la hora de inspirar actividad radical en cualquier parte.

No obstante, parece que hay funcionarios clave del gobierno de Estados Unidos que no se dan cuenta de ello. En 2011, Estados Unidos anunció su estrategia para la lucha contra el extremismo violento. Más recientemente, el primer ministro británico, David Cameron, exigió una estrategia integral para combatir la radicalización doméstica. Sin embargo, los componentes de la ciberguerra en ambas estrategias se centran casi exclusivamente en la lucha contra la transmisión de incitación a la violencia. Eso no es suficiente.

Concentrarse exclusivamente en la lucha contra el mensaje será como apretar un globo: mientras presionamos por un lado, el globo se escurrirá por otro. Para contrarrestar el extremismo violento también tenemos que romper el nexo entre las redes virtuales y las humanas.

La lucha contra el terrorismo no es simplemente cuestión de crear mejores mensajes o de promover una ideología más atractiva. La batalla de las ideas no puede estar separada de la lucha física contra los terroristas y tenemos que ganar las dos. Un componente importante de esa labor requerirá que reduzcamos y derrotemos físicamente la amenaza del Estado Islámico rompiendo su control territorial y expulsándolos del campo de batalla.

James Carafano-Heritage Foundation

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