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Bolivia se quiebra

Primero fue la nacionalización de los hidrocarburos, con la consiguiente reducción de la inversión extranjera y la inmediata disminución de la producción; luego la aprobación de un proyecto constitucional indigenista aprobado sin consenso.

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La división de Bolivia se mantiene intacta tras la celebración del referéndum revocatorio del pasado domingo. Los resultados no sólo ratifican la crítica fragmentación política, social y territorial del país, sino que a partir de ahora se prevé un agravamiento de la situación. El antiguo líder cocalero, Evo Morales, obtuvo el respaldo de los departamentos occidentales del país y salió derrotado en los cuatro del oriente boliviano, precisamente en las regiones que conforman la denominada "media luna" y que suponen el 80% de la economía del país, casi dos tercios del territorio y más de la mitad de la población. Son además los departamentos que ya se mostraron favorables a la aplicación de un régimen autonómico frente al empeño de Evo Morales de imponer una constitución indigenista en el país.

Las relaciones entre regiones, entre ricos y pobres, y entre etnias han sido siempre muy difíciles en Bolivia, que lleva años sumida en el caos político incluso antes de la llegada del primer presidente indígena al Palacio Quemado. Entonces era el líder cocalero y actual presidente quien movilizaba a los campesinos, bloqueaba carreteras y cercaba los edificios institucionales. Y su llegada al poder y las consiguientes medidas llevadas a cabo por el partido oficialista sólo han agravado la difícil situación que arrastraba el país.

Primero fue la nacionalización de los hidrocarburos, con la consiguiente reducción de la inversión extranjera y la inmediata disminución de la producción; luego la aprobación de un proyecto constitucional indigenista aprobado sin consenso y de manera ilícita, como acusa la oposición, y que ahondó aún más en las posturas autonomistas de seis de los nueve departamentos que conforman el país; después la promulgación de una ley de tierras que permite al Estado recuperar tierras para repartirlas entre campesinos e indígenas, al que se suma el recorte financiero de los ingresos de hidrocarburos a las regiones.

A todo lo anterior hay que unir una pésima gestión y la ineficacia técnica de la administración, que fue vaciada de expertos y profesionales desde la llegada al poder de Evo Morales. También hay que mencionar el crecimiento de la producción de coca como consecuencia de la reivindicación de su uso y valor tradicional, pero que esconde tras de sí un negocio muy lucrativo. Sus países vecinos están alarmados por el creciente tráfico de cocaína mientras Morales continúa en su empeño de incrementar las hectáreas de cultivo. Y es que Evo no olvida que los cocaleros se han movilizado en varias ocasiones para defender sus polémicas medidas gubernamentales.

Chávez, cómo no, también juega un papel en la Bolivia de Morales, a la que enmarca dentro de su "socialismo del siglo XXI". El presidente venezolano no sólo pone a disposición de Morales sus aviones y su personal de seguridad, sino que también ha dejado huella tanto en la nacionalización de los hidrocarburos como en la reforma constitucional de Bolivia.

Con todos estos ingredientes y tras el fracaso de cada uno de los intentos de un acuerdo entre los dos bloques polarizados, parece que la división se acrecentará tras el referéndum. Morales mantiene una autoritaria postura afirmado que consolidará su programa de Gobierno, mientras que las regiones orientales y una desunida oposición aseguran que seguirán apostando por un proyecto autonomista. Parece que el entendimiento o una solución están todavía muy lejos.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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