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Guillermo Domínguez

España, 1 - Rosetti, 0

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En este atípico viernes de fútbol a los españoles se nos queda cara de tontos tras ver cómo un árbitro italiano de poca enjundia y peor nivel se ha cargado literalmente la final de un campeonato del mundo, aunque éste sea de categoría juvenil; es decir, los sub-20. Roberto Rosetti se equivocó claramente -no quiero pensar mal, pero tal vez lo haya hecho a sabiendas- cuando expulsó a Melli, el capitán del equipo de Armando Ufarte, por agarrón a Nilmar. El brasileño estaba a unos 35 metros de la portería rival y en ningún caso su acción ponía en aprietos al meta Riesgo. El trencillas no tuvo piedad con el central del Betis. Roja directa y a la ducha a los cuatro minutos de juego. Merecía la amarilla, sí, pero nunca un castigo mayor.
 
Cuesta creer que este tipejo sea el encargado de dirimir tan trascendental contienda. La FIFA de San José Blatter -el suizo ni siquiera ha acudido a Abu Dhabi a presenciar la finalísima- debería estar fustigándose por ello. Y viendo y escuchando a Ufarte y al seleccionador absoluto, Iñaki Sáez, a uno le hierve aún más la sangre. "Se ha cargado una final de un campeonato del mundo", dice Sáez. "No se puede jugar con la ilusión de la gente", espeta el técnico de los sub-20. Cada vez que recuerdo estas palabras más me irrito y más me aflora el sentimiento español.
 
Pero, a pesar de la injusta expulsión, debemos quedarnos con la garra que los Iniesta, Sergio García, Juanfran y compañía pusieron durante los 90 minutos de juego. Aguantaron bien a los canarinhos y crearon numerosas ocasiones de gol, aunque los hasta entonces tricampeones del mundo de la categoría también las tuvieron. El pundonor y la casta es lo que debe prevalecer, y no el lamento por el claro error de un individuo siniestro e impresentable.

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