Creemos que un análisis de prensa como el que nuestro diario pretende llevar a cabo en esta sección quedaría incompleto si se limitara a valorar lo que dicen los diarios y no reparara también en lo que silencian o desdeñan sus editoriales. Pocas veces como este miércoles ha quedado de manifiesto el profundo y generalizado antisemitismo de la prensa española, visto el sonoro silencio editorial con el que han recibido la noticia de los brutales atentados terroristas que han causado, al menos, catorce muertos en Israel. Con la nada honrosa excepción de El País, ni un solo diario ha dedicado un comentario a esta nueva sangría que sufre Israel, país que el terrorismo islámico azota como ningún otro del planeta.
Parecería que los diarios estuvieran esperando a las lógicas y justas represalias del Ejercito israelí para hacer pública una valoración en la que, como mucho, se equiparara esta reacción militar de los judios con los brutales asesinatos que la han provocado.
El País, sin embargo, ni siquiera espera a mañana para desarrollar ese abyecto juego en el que se equiparan víctimas y verdugos. Así, su editorial de hoy, tras un primer párrafo en el que, además, sólo informa del atentado de Tel Aviv “que causaba al menos siete muertos” sin hacer referencia a los otros siete asesinados en Jerusalén, plantea una objeción: “Pero horas antes, en Hebrón, caían dos dirigentes de la banda palestina, asesinados selectivamente por el Ejército israelí, y la semana pasada, un bombardeo hería al líder espiritual de Hamás, recluido en su casa por una antigua invalidez, y el 19 de agosto, otro atentado palestino causaba la muerte a 22 civiles, entre ellos varios niños, en Jerusalén, y anteriormente...”
De esta forma, El País nos habla de un “círculo vicioso” que “unos, los judíos sionistas, creen que tiene su origen en la insania del árabe, que nunca renunciará a la destrucción del Estado de Israel, y para otros, el mundo palestino, la raíz de todos los males es la ocupación y despojo territorial progresivo que sufren los habitantes del antiguo mandato británico a manos de la inmigración judía”.
El País adopta una equidistancia y cuestiona “si tiene sentido una pormenorizada atribución histórica de responsabilidades”. Para este diario no la tiene. El País, sin embargo, da un paso más y abandona una ya de por sí despreciable equidistancia para ponerse descaradamente del lado palestino al señalar que “hay que partir de las resoluciones de la ONU y de la legislación internacional. La primera exige la retirada israelí a las fronteras anteriores a la guerra de 1967 y la segunda condena una ocupación que vulnera las condiciones de Ginebra y La Haya”.
Por lo visto, ni la ONU ni la legislación internacional proscribe los atentados terroristas cuyo cese es exigido por Israel. Pero es que, además, si El País dice que “no tiene sentido una pormenorizada atribución histórica de responsabilidades” es por la sencilla razón de que hacerlo supondría situar al terrorismo palestino como origen de esa encadenada sucesión de acción y reacción.
Además de que nada justifica el terrorismo, fueron los atentados palestinos los que provocaron la reacción militar de Israel y las ocupaciones de territorios. El País no sólo rechaza la Historia sino la lógica elemental que exige que la causa anteceda cronologicamente a la reacción. El terrorismo no puede ser considerado como la consecuencia de las ocupaciones de Israel por la sencilla razón de que es anterior al desbordamiento de “las fronteras anteriores a la guerra de 1967”. Los judíos han padecido la vesania genocida de los terroristas palestinos antes incluso de que Israel se erigiera como Estado. Y difícilmente se puede plantear una solución que no parta de la comprensión de este problema.
Más recientemente, Sharon no ha incumplido uno solo de los compromisos adoptados por la famosa Hoja de Ruta, entre los que desde luego no se encontraba el dejar impune un solo atentado. Por el contrario, eran los palestinos los que no han cumplido su palabra y no han dejado de asesinar a judíos. El Gobierno de Israel, insistimos, no ha hecho otra cosa que lo que dijo que haría en caso de que los terroristas no pusieran fin a sus atentados.
El País, sin embargo, no se queda ahí y, a menos de veinticuatro horas de los brutales atentados, arremete contra Sharon, representante político de las víctimas, al que reprocha “su patente falta de interés de acatar las prescripciones de la ONU”.
Finalmente, el diario de Prisa lanza una puya contra EE UU y considera que “todos saben por donde pasa el camino, si no de la paz, sí al menos, de una negociación que fuera verosímil. Por la Casa Blanca, hoy tan ocupada reconstruyendo Irak”.
Ya nos dirán ustedes si una negociación “digna de su nombre” puede pasar por la persistencia de atentados terroristas.... Pero es que además, no hay nada que negociar. Si algo cabe recordar a Bush es que su frase de que “no hay que intentar pacificar a los terroristas, sino combatirlos” tiene la máxima validez en Oriente Próximo. Puestos a exigir algo más a EE UU, sería un mayor respaldo militar a Israel en su guerra contra el terrorismo y una firme oposición a que se cree un Estado cuyas autoridades son, en el mejor de los casos, incapaces de detener el genocida terror antisemita, cuando no sus cómplices y alentadores. No se derroca a un tirano como Sadam Hussein para luego permitir que un terrorista como Arafat se erija en jefe de Estado.

El antisemitismo mediático
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