Lo más relevante del panorama editorial de este jueves es la crítica que El Mundo dirige a los aliados por “devaluar” la Cumbre de Donantes, el comentario de ABC al endurecimiento de las penas por desobediencia y sedición, y el editorial de El País en el que se culpa a Israel, nada menos, que del crecimiento del antisemitismo.
El Mundo, ya en la portada y a tres columnas, acusa injustamente a Aznar y Annan de “devaluar” la Cumbre de Donantes la víspera de su inicio” por unas declaraciones en las que ambos dirigentes sólo trataban de impedir que un exceso de expectativas devalúe, precisamente, los logros que puedan alcanzarse en esta Cumbre que tiene por objetivo lograr fondos para las tareas de pacificación y reconstrucción que llevan a cabo los aliados en Irak. El Mundo, por el contrario, considera que la frase de Annan de que “No espero que los países anuncien todo el dinero que van a aportar para la reconstrucción de Irak”, o la de Aznar al sostener que esta conferencia “es sólo el comienzo”, es un criticable ejercicio de “devaluación” de la cumbre.
Ya es ganas de coger el rábano por las hojas, pero, no se crean, que El Mundo va a más contra el sentido común en la página siguiente, donde ya no es el presidente español, sino el norteamericano, la víctima de la embestida editorial: “EE UU pone en jaque el éxito de la Conferencia de Donantes”.
En lugar de criticar la mezquindad de Francia, que “no entregará ni un céntimo hasta que la soberanía no sea devuelta por completo al pueblo de Irak”, El Mundo arremete contra el principal promotor y donante de esta Cumbre como son los EE UU.
Ya es ganas de querer maquillar la vileza de Chirac —principal aliado occidental de la dictadura genocida de Sadam Hussein— decir que espera a la “completa soberanía del pueblo iraquí”, cuando Francia no ha movido, y sigue sin mover, un dedo por ella. La “completa devolución de la soberanía al pueblo iraquí” depende precisamente de esas tareas de pacificación y reconstrucción para las que se reclama el dinero. Negarse a aportar los medios hasta que se hayan conseguido los fines es el colmo de la desfachatez.
El Mundo hace lo contrario con respecto a EE UU: presenta como denigrante y mezquina la encomiable actitud de EE UU que es el principal donante y el más interesado en que esta Cumbre sea un éxito. El Mundo arremete contra Washington por “excluir el grueso de su aportación del nuevo fondo multilateral por temor a que su dinero deje de revertir, vía contratos, a las empresas de su país”.
El colmo sería que, además de ser con grandísima diferencia el principal donante, EE UU no tuviera derecho a supervisar en qué se gasta ese dinero y, encima, contemplar pasivamente cómo con él se benefician empresas de países que nada han hecho por Irak. Lo que le pasa a El Mundo es que su antiamericanismo es tan sumamente enfermizo que todavía le impide asimilar que hasta la propia ONU ha reconocido que EE UU es el responsable de las tareas de pacificación y reconstrucción de Irak. La decisión norteamericana respecto a sus propias donaciones, y que de forma tan mezquina es presentada por este diario, no sólo es plenamente legítima sino que además es el coralario lógico de las dos últimas resoluciones de la ONU.
Israel fomenta el antisemitismo
El diario tal vez más antisemita de cuantos existen en nuestro país se permite hoy dar lecciones contra esta extendida lacra en un editorial que, en realidad, no destila más que lo que supuestamente quiere denunciar. El País empieza diciendo que “el primer ministro de Malaisia acaba de alimentar este monstruo al vincular a los judíos con una supuesta política de control del planeta. Es un síntoma de algo muy preocupante: la extensión del antisemitismo por el mundo árabe y musulmán”.
El País considera, nada menos, que “este antisemitismo no es típico ni tiene sus raíces en el Islam; al contrario, es originario del Viejo Continente, y ha ido cuajando en el mundo islámico en paralelo a las políticas de ocupación de Israel, y más recientemente a la carta blanca que el Gobierno de Bush le otorga al Likud y a la indiferencia de gran parte de las opiniones públicas israelí y estadounidense por los sufrimientos de los palestinos”.
En primer lugar, hay que señalar que esa “monstruosidad” del dirigente malayo no es muy diferente de esas arremetidas que El País y otros medios hacen un día sí y otro también contra los lobbys judíos que presionan y determinan la política estadounidense en todo el mundo. Sin embargo, el colmo de la desfachatez lo rebosa El País cuando dice que “el antisemitismo no es típico ni tiene sus raíces en el Islam”.
Veamos que dice al respecto el Imán Al-Azhar Sheik Mamad Sayyid Tantawi, líder de mayor rango en el mundo Sunita: “Los sionistas y cruzados, enemigos de Alá, descendientes de monos y puercos, son la escoria de la raza humana, las ratas del mundo, los violadores de los pactos, los asesinos de los profetas(...) Esos son los judíos, hacedores de mentiras, obstinados amadores de lascivias, del mal y la corrupción”.
¿Cómo no va a hundir el antisemitismo sus raíces en el Islam si es el propio Corán el que justifica el Jihad contra judíos y cristianos? ¿A quien cree El País que se refiere la Sura 9:3 con los “asociadores” y a los “infieles” a los que “Alá anuncia un castigo doloroso”?
¿Acaso los fundamentalistas islámicos, no ahora, sino antes incluso de la proclamación del Estado de Israel, no hacían —y trataban de hacer realidad— su genocida proclama de “arrojar a todos los judíos al mar”?
El País en su hipócrita denuncia del antisemitismo no hace otra cosa que lo que tradicionalmente han hecho todos los antisemitas en todo tiempo y lugar: culpar a los propios judíos o a sus representantes de generar el sentimiento de aversión y rechazo de los que son víctimas.
¿Del órdago de los nacionalistas al farol de Michavila?
Por lo menos ABC es el único que toca el tema, pero se queda corto. A los nacionalistas, no es que no le disuada la actual severidad de las penas por sus delitos, es que no se creen que el Gobierno se las vaya a aplicar. Cuando los nacionalistas creen que el Gobierno va de farol, lo que tiene que hacer este no es elevar la apuesta, sino enseñar las cartas. Y mejor que lo haga antes de la tregua.
