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El antisemitismo sale en defensa de Siria

Los medios de comunicación impresos vuelven a dejar hoy en evidencia su indiferencia cuando no descarado antisemitismo ante el terrorismo que padece Israel como ningún otro país del mundo. Si el domingo relegaban en las portadas y silenciaban en sus editoriales el atentado que mató a veinte personas en Haifa —con la excepción de El Mundo y El País que, para colmo, arremetían editorialmente contra los representantes políticos de las víctimas— , este lunes todos los diarios —salvo el de Prisa— dedican una critica a Sharon por haber atacado alguno de los campos de entrenamiento de los terroristas palestinos situados en Siria.

Si criticable es la indiferencia que muestra la aséptica descripción de los hechos a la que se limita el editorial de ABC, un juicio mucho más severo se merece la oposición de La Vanguardia, La Razón y El Mundo al más que justificado ataque de Israel contra los campos de entrenamiento terrorista protegidos y financiados por el Gobierno sirio en su propio territorio.

La Vanguardia habla de un “ataque desmedido” llevado a cabo por Israel “bajo el pretexto de aniquilar una base terrorista cuya existencia es negada no sólo en Damasco sino por la propia Yihad islámica”. ¿Por qué habla el diario catalán de “pretexto”? ¿Es que ya no es un hecho innegable que Siria ofrece campos de entrenamiento y financiación a los terroristas palestinos? ¿Acaso La Vanguardia rechaza ahora esa acusación contra Siria cuando hasta hace nada la daba por cierta?

En lugar de cuestionar si está o no justificada la condena de este bombardeo, La Vanguardia sentencia que Sharon ha “ido demasiado lejos en su política de devolver golpe por golpe” por la simple razón de que Israel ha sido condenado por el presidente egipcio o el canciller alemán.

Encima, el diario catalán tiene la desfachatez de hablar de “ataque preventivo” como si Israel, en lugar de castigar a Siria por el respaldo y la financiación que viene brindando ininterrumpidamente a los terroristas palestinos desde su frustrado ataque militar del Yom Kippur, tratara de evitar que Siria se convirtiera en algo que ya es desde hace más de treinta años.

Por lo menos, La Razón no pretende justificar su descarado antiamericanismo y antisemitismo negando “la complicidad y la financiación” con el terrorismo, no sólo de Damasco, sino de capitales tan dispares como Teherán, Ryad o Beirut. Lo que cuestiona es la utilidad de este ataque por el que este último diario equipara despectivamente a Sharon con Bush.

En primer lugar, aunque es cierto que no sólo Siria brinda su apoyo al terrorismo palestino, este país es el que de forma más enérgica y dañina lo está practicando. Por otra parte, ¿ha de dejar Israel impune esa colaboración genocida por el hecho de que el terrorismo palestino cuente con muchas otras complicidades?

El más despreciable editorial, es sin embargo, el que nos brinda El Mundo. Está visto que este diario está decidido a que ni siquiera El País pueda arrebatarle el dudoso honor de ser el diario más antisemita y antiamericano de la prensa española. Ayer no solo relegaba a un titular de dos columnas la matanza en Haifa, sino que daba prioridad y más de la mitad de su portada a los terroristas iraquíes a los que sirve de portavoz. El propio editorialista venía a reconocer lo cerca que estaba de la apología del terrorismo islámico cuando afirmaba que “nunca es agradable servir de plataforma a quienes practican la lucha armada ni tampoco es una decisión cómoda publicar imágenes de individuos blandiendo armas con el rostro enmascarado”...

Por muy poco “agrabable” que le resulte a El Mundo, lo cierto es que este diario hacía el domingo algo tan abyecto cómo es brindar su comprensión a estos terroristas, que por supuesto este diario no califica como tales, sino como “guerrilleros”, que practican “una sublevación contra el invasor equiparable a que se vivió en España hace 200 años contra Napoleón”. Eso por no hablar de la labor de eco a los yihadistas pese a sus amenazas contra los soldados españoles...

Después de ese espectáculo dominical, no nos debe extrañar el editorial que El Mundo dirige hoy contra los judíos. Es al Gobierno hebreo al que critica “por no haber atajado la violencia palestina”. Ni un solo reproche a Arafat por practicarla. El representante político de las víctimas es, a la vista de El Mundo, el culpable de que las haya. Así, El Mundo acusa a Sharon de “tender a culpar de sus fracasos a elementos externos. No ha sabido resolver su contencioso con los palestinos ni ha conseguido el cese de la violencia y pretende personalizar en individuos —Arafat— o naciones —Siria e Irán— la causa de los males de sus país”.

Por lo visto, lo que desangra Israel no es la voluntad genocida de los terroristas sino la mala política de Sharon. Si hiciéramos un paralelismo con España, El Mundo, tras un atentado de ETA, culparía al gobierno de Aznar de no haber atajado la violencia y de “culpar de su fracasos a elementos externos” como los nacionalistas...Vamos, la misma lectura que haría un diario como “Egin”...

Aunque sea estérilmente, El Mundo, por lo menos, hace mención de un hecho tan revelador de la culpabilidad de Siria y del merecimiento de su castigo como es que “el Gobierno sirio silenció en un primer momento lo sucedido y fue Israel quien lo sacó a la luz y quien se apresuró a decir de que se trataba de una clara advertencia a Irán y Siria para que interrumpan su supuesta ayuda a grupos terroristas”. Ciertamente, quien fuera injustamente castigado con un bombardeo por una inexistente colaboración con los terroristas debía ser el primero en poner el grito en el cielo y en denunciar el ataque del que tan ilegítimamente había sido víctima. El responsable de esa injusticia, por el contrario, debía ser el primero en silenciar o tratar de ocultar una acción tan ilegítima. Si la reaccion de ambos países ha sido la opuesta, como reconoce El Mundo, eso es prueba de que la ayuda a los terroristas de la dictadura siria, lejos de ser “supuesta” es —como reconocía hasta La Razón— “un secreto a voces”. En este sentido, El Mundo miente con total descaro al hablar del descontento de los israelíes con la política de su gobierno. Si lo hay, es precisamente por el hecho de que Israel y EE UU, hasta ahora, no han sido lo suficientemente coherentes con su denuncia de la complicidad de muchos gobiernos con el terrorismo que pretende exterminar a los judíos.

Y, ciertamente, el problema que pacedemos en el asunto Oriente Próximo es una falta de coherencia por parte de casi todos. Incluido Aznar, que como desgraciadamente apunta El Mundo, “ha sido valedor de Siria en su última escaramuza con los halcones del Pentágono”. Dice que debemos estar en “guerra contra el terrorismo”, pero queremos excluir de ella al país que más víctimas sufre del mismo como es Israel. Queremos acabar con los Estados terroristas, pero pretendemos erigir uno en Palestina. En el mejor de los casos, abrimos los ojos en Irak, pero los cerramos frente a Siria. Mantenemos que hay que combatir, no apaciguar, a los terroristas, pero no tratamos de hacer con ellos otra cosa cuando de Israel se trata. Decimos que la religión o la raza no son razones para establecer diferencias en el tratamiento del terrorismo, pero no lo hacemos así cuando de víctimas judías se trata.


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