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ECONOMÍA

Desempleo: es hora de hacer el sueco

Todos hemos visto, ya sin sorpresa, los nuevos datos de paro. Cinco millones de personas sin trabajo, una cifra sin precedentes en la historia de nuestro país. Este desastre tiene multitud de causas, entre las que destaca la ineptitud del actual gobierno, que en vez de ayudar a los parados a encontrar un empleo los hunde en la pasividad.

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Del gasto total en políticas laborales, más del 80% se destina a subsidiar a los parados y menos del 20% se invierte en políticas activas que fomenten la pronta vuelta al mundo del trabajo. Esta distribución del gasto tiene su fiel reflejo en el altísimo porcentaje de parados de larga duración: según los últimos datos de la EPA, representan nada menos que el 42,5% del total. Es decir, más de 2 millones de personas han estado desempleadas al menos 12 meses, espacio de tiempo que, según todos los estudios existentes, las expone seriamente a la exclusión definitiva del mercado laboral. En resumen: España gasta mucho en pasividad y poco en políticas activas.

Una comparación con otros países europeos pone de relieve nuestros fallos. Así, por ejemplo, vemos que el porcentaje de parados de larga duración en Dinamarca y Suecia es apenas una cuarta parte del registrado en España. En esos países, la estructura del gasto en este rubro es exactamente la inversa. Así, en el caso de Suecia comprobamos que invierte apenas la mitad de lo que invierte España en cada desempleado, pero casi el doble en políticas de activación (ajustado por los respectivos PIB).

Pero no se trata solo de cuánto y cómo se invierte. En Suecia existe un sistema integral de apoyo al parado que combina el derecho al seguro de desempleo y otros subsidios con fuertes exigencias y rigurosos mecanismos de control. Se trata de un sistema en que el monto del beneficio percibido se reduce con el tiempo, a la vez que aumentan los requisitos para poder seguir siendo beneficiario del mismo.

Demos tan sólo algunos ejemplos de las exigencias y mecanismos de control que se estilan en Suecia. En primer lugar, el Servicio de Empleo Estatal exige al parado que esté en todo momento dispuesto a aceptar cualquier tipo de empleo de al menos tres días de duración y 17 horas semanales. Además, mientras el parado busca empleo tiene la obligación de estar ese tiempo (3 días y 17 horas semanales) en las oficinas del SEE buscando ofertas laborales vía internet o siguiendo cursos de formación profesional para subsanar cualquier tipo de obstáculos que le impidan encontrar trabajo. Con el tiempo, las exigencias de participar en distintas actividades se multiplican, y comprenden, en casos de permanencia muy prolongada en el paro, la realización de trabajos o labores de utilidad social. Además, el parado debe buscar un trabajo en otros campos laborales y áreas geográficas, lo que le puede llevar incluso a cambiar de domicilio.

Y ahora hablemos un poco de los controles vigentes en dicho país. Si el parado no comparece en las oficinas del SEE, no atiende las llamadas telefónicas que se le hacen o no acude a los cursos que se le han indicado, inmediatamente se le da de baja en el sistema y deja de percibir beneficio alguno por desempleo.

Dentro de este contexto, y sin olvidar lo importante que es brindar protección al trabajador que ha perdido su empleo, lo que verdaderamente importa es que todos los planes de subvención sean diseñados con el objeto de devolver cuanto antes al trabajador al mundo laboral, no hacerle dependiente de las subvenciones. Así mismo, se trata de evitar una práctica perversa y altamente rentable: cobrar el seguro o los subsidios por desempleo y trabajar en el mercado informal.

Para entender el sistema sueco habría que agregar que ese país tiene una izquierda socialdemócrata moderna y seria, para la cual es evidente que derechos y obligaciones deben ir juntos. Además, se trata de una izquierda que sabe que hay que ser cuidadoso con el uso de los recursos públicos para no hundir el Estado de Bienestar. Es por ello que fue esa izquierda la que durante su más reciente período de doce años en el poder (1994-2006) desarrolló y consolidó el sistema del que venimos hablando.

Por último, hay que decir que no sólo es importante el qué y el cómo del gasto en materia de fomento del empleo. Igualmente esencial es apelar a la importancia del trabajo, a la moral del deber y el esfuerzo. Sin esos valores, o cuando esos valores han sido debilitados por años de demagogia y de discursos sobre derechos sin costes ni exigencias, es difícil reencontrar la senda del bienestar. Solo cuando resulte vergonzoso cobrar el seguro de desempleo (es decir, vivir del trabajo ajeno) y negarse a aceptar un trabajo por considerarlo poco digno, solo entonces volveremos a progresar.

 

ideasyanalisis.wordpress.com

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