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CONTRA NOAM CHOMSKY

La mente enferma de Noam Chomsky (II)

Una de las ilusiones típicas del culto a Chomsky es la fe en que su imán y sensei no es el enloquecido derviche del antiamericanismo que todo el mundo ve, sino un gigante analítico cuyos escritos se derivan del laborioso y científico análisis de los hechos. "La única razón por la que Noam Chomsky es una fuerza política internacional en sí mismo", escribe un fervoroso acólito, "es que pasa una considerable parte de su tiempo analizando, corroborando, desmontando y explicando desapasionadamente los problemas mundiales".

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Esta convicción es casi tan ilusoria como la misma concepción del mundo de Chomsky. En relación a su obra, sería mucho más exacto decir que todo lo que ha escrito es mentira.
 
Los partidarios de Chomsky que leyeron la primera parte de este ensayo se han quejado de que "no hay un sólo comentario… que contradiga las investigaciones de Chomsky". Por consiguiente, mi refutación de Chomsky no se consiguió "con argumentos razonados o con la puntualización de  errores fácticos o lógicos, sino desprestigiando su carácter y trivializando sus convicciones mediante acusaciones de que no es patriota".
 
Confieso sentirme un tanto intrigado ante esta objeción. Habiendo señalado que Chomsky había descrito como equivalentes los Estados Unidos posteriores a la II Guerra Mundial y la Alemania Nazi, realmente no se me ocurrió que esto requiriera refutaciones ulteriores. No, en todo caso, entre personas cuerdas. Es cierto, por otra parte, que los aduladores de Chomsky comparten una psicosis colectiva con millones de otros que anteriormente habían adorado figuras pre-chomskytas como Lenin, Stalin y otros genios de la fe progresista.
 
Ahora pasemos a los hechos.
 
Esa pequeña obra de arte de Chomsky, Las intenciones del tio Sam, utiliza las acciones de Estados Unidos en la Guerra Fría como banco de datos para su retrato del Gran Satán en asuntos mundiales. Como señalan los simpatizantes de Chomsky, en el texto hay muchos hechos o, más exactamente, parece haberlos. No cuesta mucho trabajo darse cuenta de que cada uno de ellos aparece sacado de cualquier contexto histórico significativo. Y luego son tan cínicamente distorsionados que el resultado es tan objetivo y científico como las Profecías de Nostradamus.
 
Según Chomsky, el mundo bipolar de la Guerra Fría es visto como si sólo hubiera sido unipolar. En el mundo real, la Guerra Fría giró sobre los esfuerzos de Estados Unidos para organizar una coalición democrática contra un imperio expansionista que conquistó y esclavizó a más de 1,000 millones de personas. Terminó cuando el imperio se rindió, y cuando se derrumbaron las murallas donde tenía encerrados a sus pueblos. En el mundo de Chomsky, el imperio sovietico apenas existe. Ninguna acción norteamericana es vista como respuesta a una inciaitiva soviética, y la Guerra Fría es "analizada" con si hubiera tenido un solo bando.
 
Esto es como escribir una historia de la Segunda Guerra Mundial sin mencionar a Hitler. O sin tomar en cuenta que las las acciones de las potencias del Eje influyeron en los acontecimientos. Pero, en la manos de Chomsky, la deformación de la historia es todavía peor. Si uno fuera a seguir su método, haría una lista con cada acto problemático cometido por cualquier elemento de la vasta coalición que trataba de detener a Hitler, y le atribuiría a todos una calculada intención política norteamericana. Utilizaría entonces un informe de estos "crímenes" como si se tratara de un expediente histórico. La lista de los peores actos de los que se pudiera acusar a los aliados - y los motivos más deshonestos que se pudieran imaginar tras ellos – se convertirían entonces en el banco de datos a partir del que se trazaría el retrato de Estados Unidos. Inevitablemente, el resultado sería ese Gran Satán que sólo existe en la mente enferma de Chomsky.
 
En Las intenciones del tio Sam, Chomsky empieza con el hecho de cómo emerge Estados Unidos de la Segnda Guerra Mundial. Como ya es característico, describe este hecho como Estados Unidos "se ha beneficiado enormemente" del conflicto en contraste con "sus rivales industriales" – omitiendo cualquier mención de las 250.000 bajas norteamericanas, ni a la generosa ayuda del Plan Marshall para reconstruir Europa y, en realidad, ni a su misma victoria sobre la Alemania Nazi y las fuerzas del Eje. Muy por el contrario, en el cuadro de Chomsky, Estados Unidos en 1945 es una rica potencia que se aprovechó de la miseria de los demás y ahora está en busca de la dominación mundial. "La gente que determina la política norteamericana estaba planificando cuidadosamente cómo conformar el mundo de la posguerra", afirma de manera totalmente gratuíta. "Los planificadores norteamericanos - desde los del Departamento de Estado hasta los del Consejo de Relaciones Exteriores (un gran canal mediante el que los líderes empresariales influyen en la política exterior) - estuvieron de acuerdo en que había que mantener la dominación de Estados Unidos".
 
Chomsky nunca precisa quiénes fueron esas personas reales que se pusieron de acuerdo en que la política norteamericana debía ser la dominación mundial, ni cómo consiguieron la unanimidad a la hora de decidir la transformación de un país famoso por su aislacionismo en una potencia mundial. Según esta visión, Estados Unidos no tiene política interna. Chomsky no se molesta en reconocer o en tratar de explicar la poderosa corriente aislacionista, no sólo en la política norteamericana sino en el Partido Republicano - el partido de Wall Street y de los empresarios del Consejo de Relaciones Exteriores que, según él, ejercía semejante influencia en la política. Y, sobre todo, no explica por qué - si realmente en 1945 el objetivo de la política exterior norteamericana era la dominación mundial - Washington desmanteló, de la noche a la mañana, los ejércitos que había creado para la guerra, y les hizo regresar a casa.
 
En realidad, entre 1945 y 1946, Estados Unidos desmovilizó a 1,6 millones de soldados. En contraste, la Unión Soviética (a la que Chomsky no menciona) mantuvo su ejército de 2 millones de soldados en los países de Europa oriental cuyos gobiernos ya había empezado a socavar y destruir. En realidad, fue la absorción soviética de los estados independientes del este de Europa entre 1945 y 1948 lo que disparó el siguiente rearme de Estados Unidos, la creación de la OTAN y la extensión del poder norteamericano en ultramar. Poder destinado a contener un imperio soviético expansionista y evitar una repetición del proceso de satisfacción que condujo a la Segunda Guerra Mundial. Estos pequeños detalles nunca aparecen en el texto de Chomsky, y, sin embargo, determinan todo lo que vino después, especialmente la presencia global de Estados Unidos. No hay otra excusa para esta omisión aparte de la de que Chomsky no quiere que la historia sea como fue. La historia ha mostrado que la Guerra Fría, la formación de las alianzas occidentales de la posguerra y la movilización de las fuerzas occidentales fue esencialmente un producto de la conquista soviética de la Europa del este. Fue por eso que la Guerra Fría terminó tan pronto como cayó el Muro de Berlín y los estados de la Europa del este se vieron libres de seguir sus caminos independientes. Fue conseguir esta liberación de cientos de millones de personas lo que explica la política norteamericana de la Guerra Fría. Pero estos hechos no aparecen nunca en las páginas de Chomsky.
 
Al empezar su narración con un cuadro completamente falso de las fuerzas históricas en juego, Chomsky está listo para desencadenar su campaña de tierra arrasada contra la democracia en la que ha vivido una existencia privilegiada durante más de 70 años. "En 1949", escribe Chomsky, acudiendo a su calumnia favorita, "el espionaje de Estados Unidos en la Europa oriental había sido entregado a una red dirigida por Reinhard Gehlen, que había estado al frente de la inteligencia militar Nazi en el frente oriental. Esta red fue una parte de la alianza entre Estados Unidos y los Nazis…"
 
Detegámonos por un momento a observar este ejemplo del método favorito de Chomsky. Hemos saltado - o Chomsky nos ha hecho saltar - de 1945 a 1949, pasando por alto el insignificante detalle que el Ejército Rojo había rehusado retirarse de Europa oriental y que el Kremlin había aniquilado todos los gobiernos independientes de la región. En vez de esto, el lector es confrontado con lo que parece ser un hecho chocante sobre Reinhard Gehlen, rápidamente transformado en la descarada mentira de una "alianza entre Estados Unidos y los Nazis". El factoide de Gehlen ha sido distorsionado desde su misma presentación. Estados Unidos utilizó a Gehlen - no al revés, como implica la turbia frase ("el espionaje de Estados Unidos había sido entregado"). Más chocante todavía es la mentira misma. No hubo ninguna alianza entre Estados Unidos y los Nazis. Estados Unidos había aplastado a la Alemania Nazi cuatro años antes, y para 1949 - a diferencia de la Unión Soviética - había impuesto una democracia en la estructura política de Alemania Occidental como condición de paz con Alemania.
 
En 1949, Alemania Occidental, que estaba controlada por Estados Unidos y sus aliados, era un estado democrático y lo siguió siendo hasta el final de la Guerra Fría, 40 años más tarde. La Alemania Oriental, controlada por la Unión Soviética (cuya política Chomsky no examina) era un estado policial y siguió siendo un estado policial hasta el final de la Guerra Fría, 40 años más tarde. En 1949, con la ocupación de todos los países del este de Europa por el Ejército Rojo de Stalin, los comunistas habían establecido estados policiales en cada uno de ellos y estaban arrestando y ejecutando miles de personas inocentes. Estos satélites del imperio soviético siguieron siendo estados policiales bajo tutela soviética, hasta el final de la Guerra Fría 40 años más tarde. El Ejército Rojo de 2 millones de hombres siguió ocupando Europa Oriental hasta el final de la Guerra Fría 40 años más tarde, y durante cada uno de esos años estuvo en una postura agresiva amenazando a los estados democráticos de Europa occidental con invasiones y ocupación.
 
En estas circunstancias - que Chomsky no menciona - el uso de la red de inteligencia militar alemana con experiencia y activos en la Europa del este y la Unión Soviética fue una medida enteramente razonable para defender a los estados democráticos de Occidente y las inocentes vidas de los súbditos soviéticos. El trabajo de espionaje es sucio y todo el mundo lo reconoce. Pero este episodio no fue una mancha "Nazi” sobre Estados Unidos, sino una parte necesaria del esfuerzo norteamericano durante la Guerra Fría por defender la causa de la libertad humana. Con la ayuda de la red Gehlen, Estados Unidos mantuvo bajo control la expansión soviética y eventualmente logró liberar a cientos de millones de hombres de los horrores del gulag comunista.
 
Chomsky describe estos sucesos como si Estados Unidos no hubiera derrotado a Hitler sino que hubiera hecho un pacto con el diablo para atacar a los inocentes: "Estas operaciones incluyeron un ‘ejércido secreto’ potenciado por la alianza nazi-norteamericana, que facilitó armas y agentes a pequeños ejércitos creados por Hitler, que seguían operando dentro de la Unión Soviética y de los países de Europa Oriental, durante los primeros años de la década de los cincuenta". Esta distorsión, típica de Chomsky, es una mentira tan grosera como la propaganda comunista que el Kremlin distribuyó durante esos años, de donde está tomada.
 
Una vez equiparados América y la Alemania Nazi, en estricta imitación de la propaganda estalinista, Chomsky amplía la analogía con un conjunto de episodios de ficción que compusieron la Guerra Fría. Según Chomsky, establecer un orden mundial de tipo Nazi - con los intereses comerciales en la cumbre y "las clases obreras y los pobres" abajo - era la verdadera agenda norteamericana de posguerra. Por lo tanto, "el mayor impedimento consistía en la resistencia antifascista, de manera que fue suprimida y sustituida por fascistas y colaboradores de los Nazis en todo el mundo".
 
Afirmaciones como esta son las que dan mala fama a las teorías conspiratorias.
 
Sería aburrido (y no ayudaría en nada a nuestra comprensión) examinar todos los casos perversamente torcidos por Chomsky, que siguen el modelo sin escrúpulos de su informe de la red Gehlen. Uno más debería ser suficiente. En 1947, una guerra civil en Grecia se convirtió en la primera prueba de la Guerra Fría para la resolución de América a la hora de evitar que el imperio soviético aumentara más allá de Europa Oriental. Naturalmente, Chomsky presenta el conflicto como lucha entre "la resistencia anti-nazi", y los intereses promovidos por Estados Unidos (y los Nazis). En palabras de Chomsky, estos intereses procedían "de inversores estadounidenses y de empresarios locales", y - por supuesto - "entre los beneficiarios se encontraban colaboradores de los Nazis, mientras que las principales víctimas fueron los trabajadores y los campesinos de la resistencia anti-nazi".
 
Los líderes de las fuerzas anticomunistas en Grecia no eran Nazis. Por otra parte, lo que Chomsky denomina la "resistencia anti-nazi" era de hecho el Partido Comunista y sus compañeros de viaje. Lo que Chomsky deja fuera de su relato, como un asunto rutinario y poco relevante, es la proximidad del ejército rojo soviético a Grecia, la intención de los comunistas griegos de establecer un estado policial soviético si ganaban la guerra civil, y el hecho de que su derrota abrió el camino hacia un desarrollo económico sin precedentes que benefició a todas las clases y hacia el eventual establecimiento de una democracia que en poco tiempo llevó a los socialistas democráticos al poder.
 
Es innecesario decir que en ningún país en el que los antifascistas de Chomsky hayan ganado se ha establecido nunca una democracia, o producido cualquier mejora significativa en las condiciones económicas de una gran mayoría de sus habitantes. Esto pone un color algo diferente a cada detalle de lo que sucedió en Grecia y de lo que hicieron los Estados Unidos allí. El único punto de vista desde el cual la versión de Chomsky de esta historia tiene sentido es el punto de vista del Kremlin, cuya propaganda ha sido simplemente puesta al día por el profesor del MIT.
 
Un capítulo clave del folleto embustero de Chomsky se llama La amenaza de un buen ejemplo. En él, Chomsky ofrece su explicación del comportamiento diabólico de Norteamérica en los países del Tercer Mundo. En las historias ficticias de Chomsky, "lo que las fuerzas de la Contra, respaldadas por Estados Unidos, hicieron en Nicaragua, o lo que hacen nuestros gobiernos terroristas en El Salvador o Guatemala, no son sólo matanzas cotidianas. Un elemento importante es la tortura brutal, sádica – niños aplastados contra las rocas, mujeres colgadas por los pies con sus pechos cortados y la piel de su cara pelada hacia atrás para desangrarlas, cabezas cortadas y puestas en estacas". No hay citas en el texto de Chomsky que corroboren que sucediera cualquiera de estas atrocidades, o que los Estados Unidos las dirigieran, o que los Estados Unidos sean de algún modo significativo responsables de ellas. Pero, según Chomsky, las fuerzas "respaldadas por Estados Unidos" y "nuestros gobiernos terroristas" hacen esta clase de cosas rutinariamente y por todas partes: "no hay país que se libre de este trato, no importa lo poco importante que sea".
 
Según Chomsky, los negocios estadounidenses son las diabólicas manos que están detrás de todas estas políticas. Por otra parte, "por lo que a los negocios norteamericanos concierne, Nicaragua podría desaparecer y nadie lo notaría. Lo mismo sucede con El Salvador. Pero ambos fueron sometidos a agresiones homicidas por los Estados Unidos, con el precio de cientos de miles de vidas y varios billones de dólares". Si estos países son tan insignificantes, ¿por qué Estados Unidos se molestarían en tratarlos tan monstruosamente, sobre todo teniendo en cuenta que atrocidades menos graves cometidas por norteamericanos – como la masacre de My Lai – atrajeron la atención del mundo entero, y no sólo la de Noam Chomsky?. "Hay una razón para esto", explica Chomsky. "Cuanto más débil y pobre sea el país, más peligroso es como ejemplo. Si un país pequeño y pobre como Granada puede prosperar dando una vida mejor a su pueblo, algún otro lugar con mayores recursos se preguntará ‘¿por qué no nosotros?’".
 
Es una idea interesante. La lógica funciona así: las intenciones del tío Sam son controlar el mundo; El control de Estados Unidos significa la miseria absoluta para toda la gente que cae bajo su dominio; lo que significa que Estados Unidos debe evitar que todos los pueblos pequeños y pobres del mundo se den cuenta de que hay maneras mejores de desarrollarse que con inversiones o influencias de Estados Unidos. Por ejemplo, Granada. "Granada tiene cien mil personas que producen un poco de nuez moscada molida, y difícilmente podría encontrarse en un mapa. Pero cuando Granada comenzó a experimentar una pequeña revolución social, Washington se movió rápidamente para destruir la amenaza". Este es el comentario completo de Chomsky sobre la intervención de los Estados Unidos en Granada.
 
En realidad, lo que sucedió fue totalmente distinto. En 1979, un golpe de estado en Granada estableció una dictadura marxista completa con un "politburó" al estilo soviético para gobernarla. Fue un período tenso de la Guerra Fría. La Unión Soviética había invadido Afganistán, y las insurrecciones comunistas armadas por Cuba se diseminaban por América Central. En poco tiempo, el personal militar cubano comenzó a aparecer en Granada, construyendo un aeropuerto nuevo capaz de acomodar bombarderos soviéticos. Las tensiones sobre el aeropuerto inacabado surgieron entre Washington y la dictadura de Granada. En medio de todo esto, tuvo lugar un nuevo golpe de estado en 1983. Este golpe fue liderado por el ministro marxista de defensa, que asesinó al dictador marxista y a la mitad de su politburó, incluyendo a su embarazada ministra de educación. El nuevo dictador puso a la isla entera - incluyendo a los ciudadanos de Estados Unidos residentes allí -- bajo arresto domiciliario. Fue en este punto cuando la administración Reagan envió a los Marines para proteger a los ciudadanos de norteamericanos, detener la construcción del aeropuerto militar y restablecer la democracia en la pequeña isla. Estados Unidos actuó a petición de cuatro gobiernos de países caribeños que temían una presencia militar comunista en sus aledaños. Una encuesta de opinión pública realizada tras la operación de Estados Unidos muestra que el 85% de los ciudadanos de Granada dio la bienvenida a la intervención de Estados Unidos y a la ayuda de América para restablecer su libertad.
 
No hubo ninguna "amenaza de un buen ejemplo" en Granada y no la hay en ningún lugar del mundo de los experimentos sociales progresistas. No hay un solo país marxista que haya proporcionado alguna vez un buen ejemplo, en el sentido de mejorar su economía o hacer a su gente más libre. Chomsky parece haberse perdido este hecho, el más básico de la historia del siglo XX: el socialismo no funciona. Corea parece un ejemplo obvio. Hace cincuenta años, en una de las primeras batallas de la Guerra Fría, los militares de Estados Unidos evitaron que la comunista Corea del Norte conquistara el anti-comunista sur del país. Hoy, la comunista Corea del Norte es independiente de Estados Unidos y está entre los países más pobres del mundo. Un millón de sus ciudadanos ha muerto de hambre en los últimos años, mientras que su dictador marxista ha invertido febrilmente el escaso capital del país en el programa de un Misil Balístico Intercontinental. Todo un gran ejemplo
 
En Corea del Sur, por el contrario, hay 50.000 tropas de Estados Unidos desplegadas a lo largo de la frontera para defenderla de un ataque comunista. Durante cincuenta años, los infames negocios e inversores norteamericanos han operado libremente en Corea del Sur. Los resultados son interesantes. En 1950, Corea del Sur, con una renta per cápita de 250 dólares, era tan pobre como Cuba o Vietnam. Hoy es una potencia industrial y su renta per cápita es más de veinte veces mayor que la que tenía cuando se convirtió en aliado y receptor de inversiones de los Estados Unidos. Corea del Sur no es una democracia hecha y derecha pero celebra elecciones y tiene más de un partido, y una prensa que le ofrece información del mundo exterior. Esto es absolutamente distinto de Corea del Norte, cuyos ciudadanos no tienen acceso alguno a información que su dictador no apruebe. ¿Quién cree usted que está asustado ante la amenaza de un buen ejemplo?.
 
El comunismo fue un sistema expansivo que arruinó naciones y esclavizó a sus ciudadanos. Pero Chomsky despacha el miedo de América al comunismo como una mera "excusa" para los diabólicos planes norteamericanos. Explica la guerra de Vietnam de esta manera: "el verdadero miedo era que si el pueblo de Indochina alcanzaba la independencia y la justicia, la gente de Tailandia la emularía, y si funcionaba, lo intentarían en Malasia, y muy pronto Indonesia seguiría un camino independiente, y para entonces un área significativa [del imperio de Norteamérica] se habría perdido". Ésta es la versión marxista de la teoría del dominó. Pero por supuesto, América salió de IndoChina. Camboya y Tailandia incluida - en 1975. Vietnam ha seguido un camino independiente los últimos 25 años y es tan pobre como lo ha sido siempre - una de las naciones más pobres del mundo. Su pueblo todavía vive en un primitivo estado policial marxista.
 
Después de su derrota en Vietnam, Estados Unidos retiró sus fuerzas militares de toda la península indochina. El resultado fue que Camboya acabó tiranizada por los jemeres rojos. Es decir, por las fuerzas comunistas que Noam Chomsky, los comunistas vietnamitas y toda la izquierda norteamericana habían apoyado hasta entonces. Los jemeres rojos procedieron a matar a dos millones de camboyanos que, en su opinión, estorbaban en el camino del "buen ejemplo" progresista. Chomsky se ganó una mala reputación negando primero y, en seguida, reduciendo al mínimo el genocidio camboyano hasta que los hechos destruyeron sus argumentos. Ahora, por supuesto, culpa del genocidio a Estados Unidos.
 
Chomsky también culpa a Estados Unidos y la guerra de Vietnam del hecho de que "Vietnam es un caso perdido" y no un buen ejemplo. "Nuestro objetivo principal - el crucial, el que realmente contaba – era destruir el virus [del desarrollo independiente], y lo logramos. Vietnam es un caso perdido, y Estados Unidos está haciendo lo que puede para mantenerlo de esa manera". Esto es simplemente un libelo típico de Chomsky y uno de sus múltiples ardides. (El diablo les obligó a hacerlo). Como Chomsky sabía entonces y ahora, los victoriosos comunistas vietnamitas son marxistas. El marxismo es una teoría chiflada que no funciona. Cada estado marxista ha sido, económicamente, un caso perdido.
 
Vamos a tomar un ejemplo actual como Cuba, que no ha sido bombardeada ni ha sufrido ninguna guerra, pero que es más pobre ahora de lo que era hace cuarenta años, cuando Castro tomó el poder. En 1959, Cuba era la segunda nación más rica de Latinoamérica. Ahora es la segunda más pobre, por debajo de Haití. Naturalmente, los partidarios de Chomsky asegurarán que el responsable es el embargo económico de los Estados Unidos. (El demonio me hizo hacerlo). Pero el resto del mundo comercia con Cuba. Cuba no sólo tiene relaciones comerciales con toda Latinoamérica y Europa, sino que además recibe ayudas de esta última. Más aún, en los 70 y 80, la Unión Soviética daba a Cuba el equivalente a tres planes Marshall en subsidios económicos y ayudas – decenas de billones de dólares. Cuba es una isla fértil con un clima tropical. Es pobre porque ha seguido el ejemplo de Chomsky, y no el de Norteamérica. Es pobre porque es socialista, marxista y comunista. Es pobre porque está gobernada por un lunático y un sádico. Es pobre porque en Cuba, América perdió la Guerra Fría. La pobreza de Cuba es lo que la visión y el compromiso político de Chomsky crearían para el mundo entero.
 
Es esa ilusión comunista de Chomsky de que hay un camino hacia la prosperidad distinto al capitalista lo que crea la pobreza de estados como Cuba, Corea del Norte o Vietnam, y que hubiera llevado a Granada, Grecia y Corea del Sur a la pobreza si Norteamérica no hubiera intervenido.
 
La ilusión de que el socialismo conduce a un futuro mejor es también la razón del culto a Chomsky. Es esa ilusión en el corazón de la esperanza mesiánica que crea al progresista de izquierdas. Esa esperanza es una quimera, pero en cuanto se cree, la historia se presenta en términos maniqueos – como una lucha de buenos y malos. Aquellos que se oponen al socialismo, marxismo y comunismo conforman el mundo diabólico. Forman el partido de Satán, y su líder, Norteamérica, es el Gran Satán.
 
Chomsky es, de hecho, el imán de esta cosmovisión religiosa de los campus universitarios actuales. Su gran servicio a la fe progresista es negar la historia de los últimos cien años, que es la historia de las atrocidades y fracasos progresistas. En el siglo XX, los progresistas en el poder mataron a un centenar de millones de personas en el intento de realizar su sueño imposible. En lo que concierne a Noam Chomsky, estas catástrofes de la izquierda jamás sucedieron. "No me gustan mucho los términos izquierda y derecha", escribe Chomsky en otra absurda palabrería llamada El bien común. "Entre lo que se llama izquierda se incluye al leninismo [es decir, comunismo], al que considero ultraderecha en muchos aspectos... El leninismo no tiene nada que ver con los valores de la izquierda – de hecho, es algo radicalmente opuesto a los mismos".
 
Uno tiene que pellizcarse cuando lee cosas como ésta.
 
El propósito de semejantes mutilaciones del idioma es perfectamente comprensible, no obstante. Hay que preservar la fe de aquellos que no pueden vivir de ninguna forma el credo comunista. Lenin está muerto. Larga vida al leninismo. Las catástrofes comunistas no tienen "nada que ver con los valores de la izquierda" porque si lo hicieran, la izquierda tendría que responder de sus actos y confrontar el hecho de estar moral e intelectualmente arruinada. Los progresistas tendrían que hacer frente al hecho de que mataron a 100 millones de personas para nada – por una idea que no funciona.
 
La verdadera amenaza de un buen ejemplo es la amenaza de América, que ha rescatado a más gente de la pobreza – dentro de sus fronteras y en todo el mundo restante – que todos los socialistas y progresistas que han existido desde el principio de los tiempos. Para neutralizar esa amenaza, es necesario matar la idea norteamericana. Esta es, de hecho, la misión vital de Noam Chomsky, y su eterna deshonra.
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