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Jóvenes Maduros

En Caracas engrosarían las filas parapoliciales de Maduro, llevarían pistolón y matarían sin titubeo a los estudiantes que, estos sí, piden libertad

Javier Somalo
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Llevan demasiado tiempo corriendo detrás de la Policía, no delante.

Sus principios políticos se han resumido esta semana en formulaciones tan profundas como estas: "Los contenedores no sufren porque son seres inanimados". Lo dijo un presunto universitario para justificar el vandalismo de los que "trabajan de sol a sol para pagar la matrícula" y no se refería a los contribuyentes.

"El capitalismo mata", voceó otro, vestido por Levi’s y Nike, poco antes de tuitearlo desde el iPad en vez de irse a esparragar en una huerta autogestionada, sin wifi ni tractor y calzando madreñas, albarcas, galochas, zocas, o lo que se lleve en función de su sensibilidad nacional. "El capitalismo mata", se oyó desde ese megáfono mientras a pocos metros varios colegas de comando itinerante cercaban a cuatro policías y gritaban: "¡Vamos a matarlos, que son pocos!". También los hubo confesos: "Voy todo de subidón... fuimos capaces de rodear a un policía y yo le tiré una piedra en la cabeza cuando estaba en el suelo. Mañana lo veréis en las noticias, quedó inconsciente, se lo tuvieron que llevar arrastrao". Y gritaban a los del SAMUR: "¡Dejadlos morir!"

Sesenta y siete policías han resultado heridos. Algunos llevan la cabeza enjaretada tras sufrir el adoquinazo del joven del subidón o de cualquier otro. Pero no todos los protagonistas de esta semana han sido tan jovencitos.

José Carrillo, hijo de Santiago, esta vez desentonó y llamó a las fuerzas del Orden Público –en las que antaño su padre tenía firma– porque las huestes que en la universidad española se acogen a sagrado –con los rectores de sacristanes y los verdaderos estudiantes de rehenes– ya suben por la escalera, ya le llaman fascista.

Diego Cañamero, el sindicalista andaluz que roba supermercados a la luz del día, augura que recorrerán España "veinte millones de personas para echar a los gobiernos que no representen al pueblo aunque tengan el voto".

El jovial Anguita argumentó: "Si hubiésemos sido violentos, los 1.700 policías desplegados habrían sido neutralizados en un santiamén. No digan estupideces".

Neutralizar, romper urnas, dejar morir, matar… Hay quien propone que la casta antisistema debería vivir en Venezuela para saber lo que es represión. Yerran: en Caracas engrosarían las filas parapoliciales de Maduro, llevarían pistolón y matarían sin titubeo a los estudiantes que, estos sí, piden libertad a gritos. No en vano es en Cuba, una de las colonias de Venezuela, donde se afinca Willy Toledo hasta que se le comisiona para guiar columnas sobre Madrid.

Y mientras este hediondo caldo fermenta, el Gobierno del PP se arredra ante la OSCE, un engendro internacional domiciliado en Varsovia, mezcla de la BPS y el NKVD, que está haciendo el servicio a la ultraizquierda. Los populares se tiran los cascotes sobrantes por conducto reglamentario, de Cifuentes a Cosidó y viceversa, pero ninguno alcanza a la ignífuga vicepresidenta o al irresponsable Fernández Díaz, amigos ambos del verdadero responsable: Mariano Rajoy, que sigue gestionando el Tiempo.

Pues que sepa Cronos que ya empieza el carrusel electoral: europeas, municipales y generales. O sea: Nunca Máis, No a la Guerra y Quién ha sido. ¿Van a defender a la Policía, y por tanto al ciudadano, o a la OSCE de los Jóvenes Maduros?

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