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Precariedades y provisionalidades

Los asuntos más relevantes de la prensa del día, aparte del sorteo de Navidad, son la presidencia provisional de Rodríguez Saá en Argentina, la dimisión del líder del PSE, Nicolás Redondo, y la hospitalización del duque de Lugo, Jaime de Marichalar.

El País destaca en portada que el peronista Rodríguez Saá amenaza con no pagar la deuda externa “hasta que todos lo ciudadanos argentinos tengan trabajo”. Son declaraciones que se enmarcan en la tradicional demagogia populista del peronismo, responsable de la larga decadencia y ruina de Argentina. No obstante, y aun a pesar de sus tics caciquiles, de las acusaciones de enriquecimiento irregular que le hace la oposición, y de sus líos de faldas al estilo Menem, el balance de su gestión económica en la provincia de San Luis (al noroeste), que gobierna desde 1983, parece haber sido positivo. Su política “primero la gente, después la deuda”, responde a las aspiraciones expresadas en las protestas callejeras, y de momento, los acreedores del estado argentino sufrirán una quita de entre el 30 y el 50 por ciento, y los vencimientos se alargarán a treinta años, con dos de carencia, según informa ABC, en uno de sus editoriales da por seguro que el ejecutivo peronista de transición apostará por dolarizar al máximo la economía, renunciando al peso y manteniendo de momento la convertibilidad y las medidas de control dictadas por Cavallo, medida que aprueba en detrimento de la devaluación, “pan para hoy y hambre para mañana”, haciendo alusión a la historia reciente de Argentina y a la memoria de los mercados, que “al contrario que las personas, no suelen tropezar dos veces en la misma piedra”. El Mundo dedica uno de sus editoriales a Rodríguez Saá, trayendo a la memoria que los Saá ya fueron gobernadores allá por mediados del siglo XIX. Destaca el perfil caudillista del presidente provisional argentino, aunque “pese a los orígenes genéticos de su mandato, la gestión de Adolfo Rodríguez Saá ha sido, en líneas generales, eficaz”. Como dice El Mundo, el reto que se le plantea a Rodríguez Saá es enorme: trazar un plan económico riguroso y factible que saque a Argentina de la recesión, satisfacer las exigencias del FMI y paliar el sufrimiento de una población empobrecida por la incuria, la corrupción y el mal gobierno. Demasiadas tareas para un mero gobierno provisional.

Es sintomático que El País titule en portada que “Jaúregui regresa a la dirección del socialismo vasco”, y en la entradilla de la noticia, en páginas interiores, afirme que en el congreso extraordinario “provocado por la dimisión del secretario general, Nicolás Redondo Terreros”, “debe debatirse si en el socialismo vasco pueden convivir los tres proyectos tradicionales: vasquista, españolista y obrerista”. Peridis, en una de sus viñetas envenenadas, acusa a Redondo de “echarse al monte una temporada para llamar la atención”, y de no secundar la campaña de deslegitimación de las instituciones emprendida por Ibarretxe con el pretexto de los presupuestos y el cupo. Se nota que la dimisión de Redondo les ha sentado mal a González y a Cebrián, quienes aspiraban a desgastar y desacreditar lentamente al líder socialista vasco para poder volver a los pactos contra natura con el PNV desde una postura de “responsabilidad democrática”. Poco les importa que la prioridad, tal y como no se cansa de repetir Redondo Terreros, en el País Vasco es la libertad, puesto que su objetivo a largo plazo es desmembrar España, y a corto plazo, obtener el favor del ejecutivo vasco en la expansión de su imperio mediático, además de fastidiar a Aznar todo lo posible, aun que sea costa de la fractura del pacto antiterrorista.

ABC destaca la crisis de liderazgo en el PSOE, que lleva camino de ser crónica. “La dimisión de Nicolás Redondo es la demostración palmaria del guirigay socialista y la evidencia última de que el socialismo carece de un proyecto para España. Zapatero sube sin casco por la pendiente del federalismo asimétrico (...) Su melifluo y vago concepto de la vertebración de España y el difuso e indefinido papel que otorga al nacionalismo como elemento esencial para la cohesión es lo que ha dejado al PSOE huérfano de un proyecto coherente”. Diagnóstico correcto donde los haya, aunque la causa de la enfermedad hay que buscarla en las constantes intrigas de González y su clan, quienes aún están escocidos por haber tenido que abandonar La Moncloa, y a la que desea volver a toda costa, aunque sea sobre los escombros de su partido. Es una lástima que Zapatero no haga lo mismo que Redondo Terreros y se haya prestado a ser marioneta de los intereses de González y PRISA en detrimento de sus propios intereses (si es que los tiene). No sería descabellado aventurar que el ridículo de su viaje a Marruecos haya estado programado desde La Moraleja, puesto que hay cosas que la lógica política convencional es incapaz de explicar.

El Mundo publica una entrevista a José María Aznar, realizada por Pedro J. Ramírez, Victoria Prego, Marisa Cruz y Casimiro García-Abadillo. “Mi propósito es que quien sea candidato a la Presidencia del Gobierno ejerza el liderazgo del partido” y “no tengo ninguna aspiración a presidir la Comisión Europea” son las revelaciones más destacadas del presidente del Gobierno, además de su insistencia en la no renovación de su candidatura a la Presidencia del Gobierno. Si bien es cierto que el deseo de Aznar de que su partido le sobreviva parece ser sincero, no es menos cierto que su intención es ser el inspirador de las ideas que el PP aplicará en el futuro a su política. Mientras sigamos sin saber qué es eso del centro-reformismo, y su definición dependa de las actividades de Aznar en la nueva FAES, no se podrá asegurar que la retirada del Presidente sea una realidad. Todo lo más, un cambio de habitación dentro del edificio del poder: del salón a la cocina, donde está la sustancia y donde no hay que bregar directamente con los invitados incómodos.

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