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Inmigración y corrección política

La reforma de la Ley de Extranjería que proyecta el Gobierno, la nueva masacre de los terroristas palestinos, esta vez en un autobús de línea al norte de Israel, y la toma de posición del nuncio del Vaticano respecto de la carta pastoral de los obispos vascos, quien admitió ante Piqué la “clara inoportunidad” de ésta, son las claves de la actualidad de hoy

Inmigración

El País, en el largo editorial que dedica a la proyectada reforma de la Ley de Extranjería, después de admitir retóricamente la necesidad de unas mínimas normas comunes de actuación rente a la inmigración clandestina, se limita después a preguntar —como ayer hizo Zapatero— cómo es posible que menos de dos años después de su aprobación y entrada en vigor, la ley vigente haya quedado obsoleta, y a lanzar acusaciones de racismo y xenofobia contra los gobiernos austriaco e italiano: “El rostro de la xenofobia y del racismo se refleja por primera vez sin complejos, como acostumbra a decir el presidente del Gobierno español al abordar con simpleza asuntos difíciles, en un texto legislativo de un país europeo: al inmigrante legal se le trata como mera fuerza de trabajo que se utiliza a conveniencia, y se le niegan los derechos de ciudadanía, considerándole un elemento extraño y marginal en la sociedad en la que vive y trabaja”.

Tan grande era el marasmo que provocó el PSOE con su anterior ley, que no era posible rectificar todos los errores cometidos de un golpe sin causar males mayores y situaciones críticas. Era preciso, antes, regularizar a todos aquellos que habían entrado en España ilegalmente al amparo de esa ley para poder sentar las bases futuras de una política de inmigración más racional. Por otra parte, el Gobierno ha preferido, prudentemente, esperar a que sus socios europeos se pronuncien antes de promulgar una ley propia que, evidentemente, tendrá que eliminar el arraigo para acabar con el “efecto llamada”. El País, como oráculo de la izquierda, siente la necesidad de fustigar irresponsablemente a quienes pretenden abordar el tema de la inmigración desde una perspectiva seria y ajustada a la exigencias de los hechos, recurriendo a los clásicos latiguillos de la xenofobia y el racismo aunque sea por persona interpuesta, como Berlusconi, Bossi y Fini, la bestia negra de la progresía europea.

El Mundo admite la necesidad de la reforma y de los criterios comunes en el seno de la Unión Europea: “Sólo una política coordinada en el conjunto de la UE puede ofrecer resultados. Para ello habrá que combinar los mecanismos de control y seguridad en las fronteras, el endurecimiento de las penas contra las mafias que se lucran con el tráfico de seres humanos y la exigencia de una colaboración efectiva de los países de origen”. Aunque también reserva una acusación de xenofobia para los italianos: “El respeto a los derechos humanos y el más mínimo sentimiento de solidaridad obligan a la UE a oponerse al proyecto de ley que promueven Umberto Bossi y Gianfranco Fini. El objetivo de frenar la inmigración ilegal no puede conseguirse a cualquier precio y menos con métodos inspirados en la desigualdad y las intenciones xenófobas”.

Si medidas razonables como crear el delito de inmigración clandestina reincidente, como ha hecho Italia, o exigir a los inmigrantes que, en un plazo de cuatro años, hablen el idioma del país de acogida, como ha hecho Austria, son “métodos inspirados en la desigualdad y las intenciones xenófobas”, es que aún no hemos aprendido la lección de Francia y Holanda, donde las puertas abiertas y la absoluta falta de exigencia que han impuesto el falso humanitarismo progre y la corrección política dominante han acabado por favorecer la creación de ghettos impermeables a toda influencia cultural de la sociedad que los rodea.

Aunque el breve editorial de La Razón también sucumbe a la tentación políticamente correcta, este diario se muestra más moderado a la hora de valorar las medidas de austriacos e italianos, que califica de “polémicas”, aunque no de racistas o xenofobas. Admite la necesidad de reformar la Ley de Extranjería española, aunque de forma “cuidadosa y prudente” y “sin olvidar la clave humanitaria”.

Nueva masacre en Israel

Cada nueva carnicería que perpetran los grupos terroristas palestinos es una ocasión para exculpar a Arafat, y cada represalia que toma Sharon es un motivo más para ponerlo en la picota. El País, El Mundo, La Vanguardia e incluso ABC coinciden en subrayar y criticar que Sharon aplica la ley del talión, que pretende anular a Arafat y a la causa palestina. Cuando el rais pudo y no quiso controlar a los grupos terroristas que pululaban por su jurisdicción, la excusa era la desesperación de la población palestina ante la represión israelí, que le impulsaba a cometer actos suicidas. Hoy, cuando Israel se defiende, la excusa es que Sharon ha destruido la capacidad policial de la Autoridad Nacional Palestina.

Pero la palma se la lleva, como siempre, El País, que asegura que “terrorismo hubo durante el proceso de Oslo, hasta el final del Gobierno de Barak, y, por difícil que sea de asimilar, algunas voces sensatas sostienen en Israel que, si se vuelve a impulsar un horizonte de paz, éste no puede convertirse en rehén de los atentados suicidas”. Es decir, los israelíes deben “negociar” con la pistola en la nuca para demostrar al mundo que tienen derecho a existir. Sin comentarios.

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