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José García Domínguez

Yo no soy Elvira Lindo

"Es normal que se utilice el castellano", apostilla ahora tu jefe, el eeee...stadista. Pero, ¿cómo va a ser normal, Pepe, si ésa ya jamás será una lengua propia de Cataluña, según el Estatuto que tú mismo acabas de cometer?

Barcelona, amigo lector, no sólo es la capital de Liliput. Además, integra, junto a Nueva York, París, Shangai, Londres y quizás Los Ángeles, el muy exclusivo Club de las Auténticas Megalópolis Cosmopolitas y Fashion de Verdad. De ahí que comparta con sus contadas iguales ciertos graves problemas por completo ajenos a ese estrecho orbe aldeano que la sitia. Por ejemplo, el de la lectura del pregón municipal en honor de la santa patrona. A tal respecto, quien conozca las cavilaciones sobre la postmodernidad del gran François Lyotard no habrá de extrañarse de la consigna –"Todos somos Elvira Lindo"– que, desde ayer, recitan las fuerzas vivas del lugar. Y es que si algo nos distingue a los postmodelnos del resto de la tropa es precisamente eso: el participar armónica y jocosamente de identidades múltiples. Razón de que sólo en sitios como Barcelona se antoje posible que un día todos seamos Rubianes y, al siguiente y sin solución de continuidad, tampoco nadie se prive de ser Elvira Lindo. No se asombre, pues, si yo mismo paso a confesarle que también soy otro: Jordi Portabella Calvete, el concejal de la Esquerra que implementó la charanga.

Mas sepa que los Portabella Calvete constituimos la minoría más minoritaria y marginal de Liliput. De hecho, a estas horas, sólo Portabella Calvete y yo somos Portabella Calvete. El resto de nuestros pares ya se han encarnado en Elvira Lindo. Por lo demás, ser Portabella Calvete, como todo en Liliput, es una opción. Y si nosotros dos hemos asumido libremente esa opción es porque resulta la única que se compadece con el sentido común. A saber, si todos juntos y en unión estigmatizamos el castellano en las instituciones a lo largo del año, ¿a santo de qué Mercè habríamos de transigir con él durante la Fiesta Mayor? Es que "una de las cosas que caracterizan a Barcelona es el respeto cultural y lingüístico a otras lenguas", oigo que nos replica la Elvira Lindo del PSC, nuestro amigo Iceta. Aunque su argumento luce muy flojito.

Las otras lenguas, por definición, son las de los otros, no las de los unos, los nuestros, los propios; resultan, entonces, extrañas y ajenas, Miquel, tal como tú sutilmente dices sin decir. "Es normal que se utilice el castellano", apostilla ahora tu jefe, el eeee...stadista. Pero, ¿cómo va a ser normal, Pepe, si ésa ya jamás será una lengua propia de Cataluña, según el Estatuto que tú mismo acabas de cometer? "Me parecería provinciano que el pregón fuese sólo para quienes entienden el catalán", tercia en su auxilio la Elvira de Iniciativa, otrora cierto Joan Saura. Diríase que el Lindo camarada no comprende que, de creerle, deberíamos usar el maldito castellano todos los días. Ya que esos obreros de Hospitalet que aún le votan, según él mismo predica, formarían un atajo de asnos estructurales que nunca entenderá ni una palabra de catalán.

En fin, los Portabella Calvete no tenemos nada que hacer. Esta visto que todos son Elvira Lindo. Todos, salvo la propia Elvira Lindo, que es Kennedy. "Yo también soy barcelonesa", dicen que dijo en su alocución. Lástima que en el Carmelo ya hayan derruido aquel muro de lonas que escondía a la vista de los curiosos los escombros del tres por ciento. Sería el marco incomparable para su frasecita.

Tertuliano de La Noche de Dieter.

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