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'MITOS DEL PENSAMIENTO DOMINANTE'

Paz, democracia y razón

Es lástima que lo poco original y bueno que produce actualmente España en el ámbito de la cultura apenas reciba atención y pase casi inadvertido para los medios y para el público en general, sin dar lugar a debates de algún interés.

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Nos hemos acostumbrado tanto a creer que solo fuera de España se publican materiales interesantes, por lo común en inglés, incluso sobre nuestra propia historia y literatura, que automáticamente se tiende a desdeñar ese poco bueno en español, a sumergirlo en la masa de trabajos irrelevantes o pintorescos, o meras vulgarizaciones de aportaciones foráneas, que constituyen el grueso de la cultura española actual.

Entre ese poco original y bueno se encuentra el libro de José Manuel Otero Novas Mitos del pensamiento dominante. Paz, Democracia y Razón. La primera parte del título quizá no es muy acertada, pues el pensamiento se ha reducido mayormente a tópicos, de modo particular en España. Afortunadamente no ha caído en la falacia encerrada en el término pensamiento único, que solo puede existir en regímenes totalitarios. En los democráticos siempre han surgido y combatido diversas escuelas de pensamiento, predominando unas u otras en tales o cuales épocas, pero sin imponerse nunca una por completo. Y esta es una de las causas de la superioridad cultural de Occidente durante varios siglos, y también de sus peligros. Por cierto, que Otero supone la existencia de ciclos o ritmos en el desarrollo social, que caracteriza como alternancia entre etapas dionisíacas y apolíneas, según la terminología usada por Nietzsche en relación con la tragedia griega. Idea discutible y por ello probablemente fructífera.

Pero desde hace bastantes décadas viene imponiéndose un pensamiento de tipo socialdemócrata, condensado en tópicos o mitos, hasta el punto de que ha sido adoptado en gran medida también por la Iglesia. Ya Tocqueville advertía contra lo que llamó "despotismo democrático", que coincide casi punto por punto con los ideales y aspiraciones de una socialdemocracia desprovista solo a medias del dogmatismo marxista. Un despotismo que, advertía, puede volver aparentemente inútil o innecesaria la libertad e imponerse manteniendo los aspectos externos de la democracia: un estado providente ejercería sobre los individuos una tutela que se parecería a la paterna si no fuera porque esta tiene por objeto "preparar a los hombres para la edad viril", mientras que la del estado persigue "fijarlos irrevocablemente en la infancia". El análisis de Tocqueville creo que sería útil para explicar muchos fenómenos de las sociedades actuales.

Pues bien, esa infantilización se produce en gran medida a través de la manipulación de conceptos discutibles (en España tiende a considerarse negativamente el término discutible, cuando debe ser todo lo contrario para una sociedad viva) y muy difíciles de definir, como paz, democracia y razón. El juego consiste en apropiarse de esos conceptos como banderas e imponer como únicas posibles, mediante la educación, los medios de masas, etc., determinadas interpretaciones de ellos, generalmente simplificadas y utópicas. Ese juego, si se impone, entraña la muerte del pensamiento.

Otero Novas no solo se opone a esa infantilización utopista (él no emplea este término, pero creo que viene al caso), sino que lo hace mediante la aportación crítica de una masa de datos, testimonios, información histórica, citas y razonamientos que sorprenderán a la mayoría de las personas habituadas a pensar en una sola dirección. De ahí que su libro constituya una riquísima fuente de reflexiones –no necesariamente favorables a sus tesis, desde luego–; como otro anterior que reseñé en su momento con mucha menos extensión de la que merece.

En gran medida, las utopías infantilizantes parten de un concepto del ser humano que ahora suele llamarse buenista y que niega, por decirlo con expresión mítica, el pecado original constituyente de la condición humana. Así, el hombre tendería por naturaleza a la paz, la democracia y la razón, conceptos presentados a su vez como coherentes y no conflictivos entre sí. Una consecuencia del pensamiento utópico o buenista sería la negación de la historia. La humanidad histórica –la real– ha vivido entre paces y guerras, entre la libertad y la servidumbre, entre la razón e impulsos irracionales (a su vez, como recuerda Otero, pocas cosas más difíciles de definir que la razón, la libertad o incluso la paz). Esa historia no se correspondería con la verdadera naturaleza humana figurada por el arbitrario ensueño del utópico-buenista y por tanto no tendría razón de existir. El ser humano aparecería propiamente solo en tiempos muy recientes, cuando surgen tales conceptos –convertidos en palabras mágicas–, que deben conducir al triunfo de la soñada naturaleza humana buenista; un triunfo, apenas hace falta decirlo, aplazado una y otra vez, pero siempre cercano a base de añadirse más de lo mismo después de cada fracaso.

Valgan estas mínimas consideraciones como aproximación, pues no me sería posible explicar un libro tan sugestivo en una reseña tan necesariamente breve. De todas formas, tengo intención de tratarlo con más detalle en mi blog.

 

JOSÉ MANUEL OTERO NOVAS: MITOS DEL PENSAMIENTO DOMINANTE. Libros Libres (Madrid), 2011.

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