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De cómo el chavismo acabó con la prensa libre en Venezuela

Maduro ha sido el gran verdugo de los medios venezolanos, pero como en todo lo demás el trabajo lo empezó Chávez.

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Detalle de una de las últimas portadas en papel del diario 'El Nacional' | El Nacional

Los ya de por sí desolados quioscos venezolanos comenzarán el año aún más vacíos de lo que estaban. El diario El Nacional, el único independiente del Gobierno que seguía publicándose cada día en toda Venezuela, ha dejado de aparecer en papel este mes de diciembre. Lo anunció su propio presidente-editor en un vídeo dirigido a sus más de medio millón de seguidores en Twitter. Miguel Henrique Otero, que está exiliado de la dictadura chavista en España, aseguró que la resistencia democrática del periódico continúa en la web, y agradeció las muestras de solidaridad recibidas desde todo el mundo.

Como explicó el propio Otero a diversos medios, la muerte de la edición impresa se debe a la asfixia a que el Gobierno chavista somete a los medios privados críticos a través del monopolio estatal de papel impreso. Desde 2013, la llamada Corporación Maneiro tiene la exclusiva de la importación de papel de periódico. Esta empresa del Estado utiliza su poder ilimitado para ahogar a los periódicos que no son afines a la Revolución, ofreciendo papel a los medios escritos que apoyan al régimen ynegándoselo a quienes no lo hacen.

La alternativa para los periódicos escritos sería comprar el papel por ellos mismos, pero el Gobierno también tiene el monopolio de la venta de divisas y no asigna dólares a los medios para este propósito. La última opción que les quedaría sería importar papel con dólares comprados por su cuenta en el mercado libre, pero la brutal depreciación del bolívar ha disparado los precios de las divisas no subvencionadas.

Además, comprar dólares a alguien que no sea el Estado es algo prohibido en Venezuela. Aunque el Gobierno ya hace mucho que no tiene dólares para vender a particulares y todos los venezolanos que necesitan divisas las han de comprar en el mercado libre, los propietarios de los medios críticos darían a Maduro una excusa inmejorable para detenerles si incurrieran en esta práctica.

El Nacional había sobrevivido más que otros periódicos de menos renombre internacional gracias a la solidaridad de medios extranjeros como El Mercurio de Chile o El Tiempo de Colombia, que le suministraban papel para que pudiera seguir en los quioscos.

Según datos de la ONG Espacio Público, el ariete chavista de la prensa que es la Corporación Maneiro ha logrado con su distribución sectaria del papel acabar con la edición impresa de 70 medios incómodos para el régimen revolucionario bolivariano. La consecuencia obvia de ello, apuntan desde Espacio Público, es "más desinformación, menos pluralidad y mayor dominio gubernamental de la opinión pública".

Uno de los ejemplos más sonados de este fenómeno es el del otrora diario Tal Cual. Esta publicación fue fundada en el año 2000 por Teodoro Petkoff después de que Chávez consiguiera con sus presiones echar a este referente de la izquierda democrática hispanoamericana de la dirección del diario El Tiempo (no confundir con el diario colombiano del mismo nombre). Como les ha ocurrido a directivos de El Nacional como Miguel Henrique Otero y Leopoldo López, padre del preso político del mismo nombre y también exiliado en España, Petkoff ha sido víctima hasta su reciente muerte de los tribunales controlados por el Gobierno chavista. Tras una demanda de Diosdado Cabello por difamación, Petkoff fue obligado a presentarse cada cierto tiempo ante los tribunales en un proceso que amenazaba también con quebrar al periódico con una multa inasumible.

Pero el Gobierno no tuvo que ir tan lejos: la Corporación Maneiro fue diezmando poco a poco a Tal Cual, que en 2015 tuvo que dejar de salir cada día por falta de papel y empezó a publicarse una vez a la semana. Dos años después, la histórica publicación de Petkoff desaparecía completamente de los quioscos para centrarse en su edición de internet.

Los periódicos no son las únicas víctimas de las políticas contra la libertad de expresión del chavismo. Solo en 2017 una cincuentena de medios, entre ellos varias radios y televisiones, dejaron de emitir en Venezuela por decisión de las autoridades. Entre ellas destaca el servicio en español de CNN, bloqueado por la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) al abrirle un "procedimiento sancionatorio administrativo". La CNN en español había emitido poco antes un reportaje en el que desvelaba la venta de pasaportes venezolanos por parte de la embajada bolivariana en Irak, e implicaba al entonces vicepresidente de Venezuela, el sirio-venezolano Tareck el Aissami, en la adjudicación de pasaportes a personas con vínculos con el terrorismo.

La misma suerte corrieron el año pasado las televisiones colombianas RCN y Caracol. Estas dos cadenas se habían convertido en la única fuente audiovisual de información fiable ante la actitud de sumisión al poder de las dos grandes cadenas privadas generalistas, Televén y Globovisión. Esta última era conocida por su posición beligerante con el régimen revolucionario hasta que fue comprada en 2013 por tres empresarios cercanos al Gobierno, entre ellos Raúl Gorrín, acusado hace unas semanas por Estados Unidos de lavado de dinero y corrupción. Gorrín es uno de los más poderosos boliburgueses, como se conoce a quienes hicieron fortuna de manera sospechosa bajo el régimen de Hugo Chávez. Desde que Gorrín y sus dos socios se hicieron con Globovisión, el canal abandonó la línea editorial antichavista que tenía y comenzó a evitar cualquier información incómoda para el Gobierno.

Algo parecido ocurrió con dos de los grandes diario del país. El histórico El Universal, que ha sido descrito como el Le Figaro venezolano (El Nacional habría sido Le Monde), fue comprado en 2014 por una empresa ligada al régimen. A partir de ese día la autocensura se impuso en el diario, que es hoy una publicación anodina que habla de todo menos de lo que les importa y afecta a los venezolanos. Otro ejemplo es Últimas Noticias, un tabloide muy popular entre los caraqueños que llegó a tener el que era para muchos el mejor equipo de investigación de la prensa venezolana. Todo esto se acabó con el cambio de propietarios en 2013, y ahora es el altavoz más popular del chavismo. Como rezan algunas pintadas en los barrios más opositores de Caracas, de Últimas Noticias pasó a ser Últimas Mentiras, y eso le permite sobrevivir en los quioscos.

Maduro ha sido el gran verdugo de los medios venezolanos, pero como en todo lo demás el trabajo lo empezó Chávez. Los venezolanos que lo vivieron nunca olvidarán los últimos minutos de emisión de la que era la primera cadena privada del país. Chávez cerró RCTV en 2007 mediante la no renovación de su licencia, debido a la posición favorable del canal al golpe contra el caudillo revolucionario que estuvo a punto de derrocarle cinco años antes.

Con las estrategias explicadas arriba, el chavismo ha ido consiguiendo su anhelada "hegemonía comunicacional", a la que también aspiraba hace unos años Pablo Iglesias:

Yo creo que es crucial que el ministro de Comunicación, tomando como referencia lo que han hecho en Ecuador, en Argentina y en Venezuela, diga, mire usted, si la información es un derecho, en la medida en que un derecho se convierte en susceptible de mercantilización y en susceptible de ser una propiedad privada se convierte en un privilegio. Por lo tanto, lo que ataca la libertad de expresión es que la mayor parte de los medios sean privados. Incluso que existan medios privados ataca la libertad de expresión, hay que decirlo abiertamente. Porque esto de tener medios va a ser un privilegio de los ricos, que solo tengan medios de comunicación los multimillonarios. Si alguien los tiene que tener tiene que estar controlado por una cosa que se llama "Estado", con todas sus contradicciones pero que es representativo en última instancia de la voluntad popular.

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