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El futuro de Gaza

A menos que alguien en Israel pueda averiguar lo que vendrá después de Hamás, el Gobierno israelí, para bien o para mal, dejará al movimiento islamista donde está.

Max Boot
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El historiador israelí Benny Morris ha publicado un artículo muy duro en Haaretz que vale la pena analizar.

Señala que, dentro de no mucho, Israel concluirá sus operaciones militares en la Franja de Gaza y Hamás comenzará la reconstrucción. "Dentro de unos pocos meses, los túneles que conducen a territorio israelí volverán a estar operativos y los arsenales de misiles estarán reabastecidos, puede que con modelos caseros (o incluso de contrabando) nuevos y mejorados. Por tanto, seguro que habrá una nueva guerra".

Seguramente Morris tiene razón. Hamás sigue entregado a la destrucción de Israel y empeñado en mantener su control de Gaza. ¿Qué puede o debe hacer Israel al respecto?

Sugiere, creo que acertadamente, que derrotar verdaderamente a Hamás precisaría de "meses de combates, durante los que la Franja se limpiaría, zona a zona, de operativos y armamentos de Hamás y de la Yihad Islámica". Concede que tales operaciones "tendrían un alto coste en vidas, tanto de los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel como de civiles palestinos", pero sostiene que Israel no tiene alternativa y lamenta la renuencia de la sociedad israelí a pagar el precio en sangre necesario para ganar esta guerra. Escribe:

En las últimas décadas, los Gobiernos y el pueblo israelíes se han vuelto calcos de Occidente: todo lo que desean es paz y enterrar la cabeza en la arena; no hay voluntad de sacrificar soldados (ni de cobrarse un alto precio en sangre de civiles del enemigo), aunque esté claro que el precio hoy –en términos tanto de nuestros soldados como de sus civiles– sería más bajo de lo que será en el futuro.

Este análisis tiene algo (mucho, en realidad), pero está incompleto. Es cierto que a Israel, al igual que a Estados Unidos, le preocupan las víctimas (se muestra remiso a perder a sus ciudadanos, pero también a causar graves pérdidas al otro bando) y que nuestros enemigos se aprovechan de esta mentalidad. Pero aunque Israel estuviera dispuesto a emprender la dura y sangrienta tarea de derrotar a Hamás, surge la inevitable pregunta: ¿Y después, qué? ¿Qué entidad gobernará luego la Franja de Gaza? Para esto Morris no tiene una respuesta convincente: "Tras lograr el control de Gaza, debe esperarse que algún poder árabe moderado, tal vez la Autoridad Palestina, tome las riendas del Gobierno".

¿"Algún poder árabe moderado"? Es difícil imaginarse que algún poder quiera ocupar Gaza. Desde luego Egipto, que antaño gobernó el enclave, ahora no quiere nada de él. La única alternativa realista es la Autoridad Palestina, pero ya ha perdido una lucha de poder con Hamás en la Franja y hay pocos motivos para suponer que sea lo bastante fuerte como para eliminar al Movimiento de Resistencia Islámico aun después de una invasión israelí.

La pregunta de "¿Y después de Hamás, qué?" es una que considero un elemento disuasorio fundamental para la clase de acción por la que aboga Morris, probablemente uno mayor que el miedo a las bajas en las operaciones de limpieza. En realidad, en Israel el apoyo a la guerra se ha disparado incluso cuando han aumentado las bajas en las FDI. Pero los israelíes recuerdan lo fácilmente que entraron en el Líbano en 1982 y lo difícil que resultó salir. No quieren repetir esa experiencia. La invasión estadounidense de Irak supone una advertencia similar; Estados Unidos no tenía una idea clara de quién sustituiría a Sadam Husein, y acabó arrastrado a una guerra muy costosa.

A menos que alguien en Israel pueda averiguar lo que vendrá después de Hamás, el Gobierno israelí, para bien o para mal, dejará al movimiento islamista donde está tras la actual ronda de enfrentamientos.

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