El Museo del Prado ha sido tradicionalmente uno de los pocos asuntos, junto con las necrologías más destacadas y algún record en las subastas, mediante los cuales la subsección de Cultura de los diarios de papel logra hacerse un hueco en las portadas. Hubo unos años, allá en los ochenta y en los noventa, en los que la gran pinacoteca que alberga, entre otras cosas, los cuadros acumulados por los monarcas españoles, austrias y borbones, era frecuente motivo de disgusto serio para el ministro de turno. Quizá con la mejor intención, pensó Aznar o su asesor, que volcándose en la reforma del Prado iba a pasar ennoblecido a la posteridad. No lo hiciera. La ocurrencia Moneo, heredada, ha sido un constante dolor de muelas. Pensó que con Eduardo Serra el polimorfo (cambia su forma sin mudar su naturaleza), un gran hombre para los grandes problemas, al timón, la cosa tomaría otro rumbo. Lo ha tomado, pero no llegará a puerto a tiempo, a pesar de los esfuerzos de la constructora, que trabaja noche y día. En fin, la inauguración para cuando sea, para que don José María se luzca en las postrimerías y lo echemos en falta.
El caso es que ABC-Vocento-Zarzalejos le manda un regalito hoy al Gobierno Aznar a cuenta del Prado como no se veía hace tiempo. La gema está aquí: El Prado mostró a Aznar el velázquez en privado para que aprobase su compra. Este es el tipo de detalles que borda Serra, pero de los que no creíamos capaz a Zarzalejos, el hermano de Javier, el que trabaja en Moncloa. El asunto subyacente es que el museo ha comprado un velázquez y no un goya que han salido recientemente a la venta, lo cual es presentado de manera singular, editorializante, tal que así: El Gobierno paga 23 millones por un velázquez menor y desdeña un gran goya.
Especialistas consultados a primeras horas de la mañana no han coincidido al identificar la garganta profunda de donde proceden los gemidos con que se ha cocinado este pastel dirigido por don José Antonio a su hermano y convecinos. ¿Alguien de Christie´s? ¿Alguno de los varios damnificados por Serra, el más servicial de los visionarios? ¿un profesor chiflado que se quedó sin comisión? ¿Lo contará Zarzalejos, alguno de ellos, Pérez Sánchez, Díaz Padrón, Checa o quien sea en sus memorias? ¿Tan menor es el velázquez y tan grande el goya? ¿Tiene el estado que comprar todos los goyas, todos los velázquez y todo lo que salga a la venta en España y en el extranjero para enriquecer más todavía al precio que sea nuestro ya incalculablemente valioso patrimonio nacional? Con menos temas se han escrito novelas de intriga, de aventuras y de terror.
El Confidencial Digital dice saber un poco más que El Confidencial a secas de ayer, el cual apuesta hoy por colocar a Folgado en la consejería económica de Aguirre y coincide con El Semanal Digital. A propósito de Telemadrid dice el primero que No tendrá director general hasta enero y que González Ferrari tendrá que hacer méritos frente a un tal Álvaro de la Riva. Sabemos quién es GF, pero ¿y don Álvaro? Lo lamentamos, pero no tenemos el gusto. Se nos dice que dirigió TVE, aunque no por cuánto tiempo, cómo y por quién llegó y por qué se dijo que abandonó el empleo, ya que, en función de esas variables, la cosa cambia mucho.
Otro embolado que se le endosa a la Comunidad es el de qué hacer con Giménez Alemán, como si se hubiera convertido en un bien público de cuya conservación tuviera que ocuparse. ¿No habrá por ahí alguna fundación huérfana de presidente de postín, con sentido institucional? ¿Algún consejo asesor de bienestar, cultura y protocolo? Lo suyo sería que terminara en el Ayuntamiento con los 130 superguay de Gallardón, y que le pongan un despacho a título particular en el que fuera palacio de las Comunicaciones, vulgo correos. En definitiva, que Telemadrid y los que la padecemos podemos esperar hasta enero del año que viene o del siguiente o del otro. Lo importante sería que la espera se dedicara a pensar otro modelo de televisión pública distinto del atraco.
Un amable lector nos sugiere, aunque lo admite opinable, que acaso la administración deba ir con mayúscula. No discutiremos: Administración, aunque lo más sensato es el minimalismo, o sea, lo imprescindible para evitar confusiones. Otro, qué sería de un periódico que no contara con sus lectores, nos remite un vínculo a la Ley de Propiedad Intelectual, porque ayer la citábamos de segunda mano a propósito del asunto Gedeprensa. Hemos intentado leerla con atención, pero hemos de confesar nuestro fracaso.
Nos hemos enterado, sin embargo, de que fue uno de los últimos actos legislativos del último Gobierno González en abril de 1996 (el primer Gobierno Aznar empezó sus tareas el 6 de mayo) y sin profundizar mucho da la sensación de que nos encontramos ante un traje a medida de la SGAE, también conocida como Sociedad General de Autores de España y de Teddy Bautista, y su red de emisoras propias y asociadas. El hecho generador, así lo llama la ley, son las obras literarias, artísticas y científicas, con lo que las ¿podríamos llamarlas así?, obras informativas se quedan, nos parece, desamparadas, pues no caben en el Artículo 10. Algo falla. Seguiremos estudiando. Habrá por ahí, seguro, alguna otra ley o disposición comunitaria o lo que sea que sirva para la ocasión, pero no esta, que está claro de qué se ocupa, de aquello que Benjamin resumió en un título: de la obra de arte (y, claro, de las invenciones científicas consideradas como obras de arte) en la época de su reproductibilidad técnica, o como fuere. Seguiremos investigando, al menos hasta que hable el Tribunal de la Competencia.
