Javier Cercas, autor del bestseller (más de 600.000 ejemplares vendidos) Soldados de Salamina, nacido en un pueblo de Cáceres, Ibahernando, residente satisfecho en Gerona, simpatizante, como mínimo, de Maragall y su socialismo catalanista, firma cada quince días una página de opinión en EPS (El País Semanal) en la que está poniendo de manifiesto unas dotes anticipatorias sobrecogedoras. Como le ocurre en el terreno comercial, pudiera ser incluso que hasta él mismo esté sorprendido por su éxito. Sus dones, en lo que llevamos de año, se están poniendo de manifiesto de modo sobrecogedor.
El artículo publicado en EPS del día once pasado lo tituló Cercas “Inventores de problemas”. Daba en él su versión personal de un tópico convertido en el Principado casi en artículo de fe: Cataluña es una Arcadia, un estanque dorado, con Pujol antes y con Maragall-Carod ahora, y los problemas, cuando los hay, vienen de Madrid, todos. Desahogaba su ira hiperbólica en Zaplana y del mismo modo supravaloraba, ahora lo vemos, a Carod. Por ejemplo, decía: “ni Cataluña es el País Vasco ni ERC es Batasuna; al contrario: ERC es un partido de impecable ejecutoria democrática, que cuenta entre sus méritos el de haber contribuido decisivamente a la eliminación del terrorismo en Cataluña y que, para colmo de bienes, ha pasado del nacionalismo al independentismo” (sic/¿?). Remataba la faena diciendo que, comparado con el ministro del PP, el líder de Esquerra era un Pericles. Además, “suponiendo que fuera un peligro”, ¿quién tenía la culpa del crecimiento de ERC? El Gobierno del PP, por supuesto. En colofón, como una erupción volcánica, emergían sus portentosas capacidades anticipatorias. “lo mejor que podía pasar es lo que ha pasado. Para Cataluña y para España. Por eso en Cataluña abrigamos la esperanza (...) de no tener que hablar de política por algún tiempo”. Admirable, profético. Ignoraba Cercas que cuando las formas con su artículo manchaban el papel en las rotativas de Eurohueco, Carod ya había depositado su granito de arena en el reloj de la Historia. Este a su vez creía de buena fe que sólo se había enterado el abad de Montserrat y dos o tres benditos más.
Quienes leyeron el siguiente artículo de Cercas en su fecha, domingo 25 –se alterna con un ejecutivo de televisión asturiano apellidado Cueto–, no sospecharon de qué modo sus dones volvían a manifestarse. Puede incluso que pensaran que se trataba de una pieza ligera enmascarada de elogio a su socio cinematográfico, el más joven de los Trueba. Sólo quienes lo hemos leído el lunes y releído el martes hemos percibido lo que a buen seguro su proverbial modestia le impedirá reconocer, o sea, que, al modo en que él parangonaba a Carod con Pericles, siendo tacaños, hemos de remontarnos a Nostradamus y, si nos ponemos a su altura, a Casandra para encontrar artes anticipatorias semejantes.
“Apología de la estupidez”, lo titula y habla en él de los premios Darwin, que se conceden anualmente “a aquellas personas cuya estupidez terminal les ha llevado a eliminarse involuntariamente de este valle de lágrimas, contribuyendo así al bienestar general y la mejora de la especie”. Escuchando hoy a Josep Ramoneda en la SER, para quien la conducta de Carod era una mezcla de “ingenuidad, vanidad e incompetencia”, hemos visto claro que Cercas se refería a él en su artículo sin nombrarlo. Ocurra lo que ocurra hoy, lo que ha hecho Carod lo convierte en candidato imbatible a los próximos premios Darwin y le hace acreedor de un lugar de privilegio en la próxima edicion de la Enciclopedia de la Estupidez de Matthijs van Boxsel, citada en su artículo. Sostiene Cercas que para aceptar la razón que asiste a ese autor “no hay más que recordar la cantidad descomunal de gente que ha muerto y sigue muriendo por estupideces palmarias relacionadas con los embelecos de la raza, la nación o la religión”. Carod ha dado un paso más allá al actuar creyendo que él estaba llamado a recibir la rendición de los asesinos estúpidos que no han hecho méritos todavía para recibir el premio Darwin, pero ha terminado suicidándose políticamente él.
En resumen: premio Darwin de enero en su modalidad política para Josep Lluis Carod Rovira y premio Nostradamus para Javier Cercas por los artículos que lleva escritos este 2004 en EPS.
Por lo demás, algunos confidenciales añaden algún argumento a lo que los periódicos impresos reflejan de manera unánime. Así El Confidencial cree saber que Miembros del gobierno vasco desaconsejaron a Carod el encuentro con ETA. El Confidencial digital se hace eco de una información de la COPE, según la cual, fue el CNI quien, dentro de sus tareas habituales de información sobre el grupo terrorista, se enteró de la entrevista e informó a Aznar. Alguien no muy lejano al presidente –quién sabe si incluso su propio hermano Javier– debió de ser quien hiciera llegar el regalo al director de ABC, pues la noticia apareció firmada con su seudónimo. Con el periódico en la calle, empezó el alud que no cesó en todo el día y que coloca a Carod como gran aspirante al premio Darwin 2004. Sólo tiene dos serios competidores: Maragall y Zapatero.
