140 representantes de la cultura vasca denuncian la amenaza incesante de ETA
La violencia está sacudiendo los cimientos de Euskal Herria. Los firmantes del presente documento, en tanto desarrollamos nuestra actividad fundamentalmente en Euskal Herria, y conscientes de la estrecha relación que une entre sí el desarrollo de la cultura y la sociedad vascas, manifestamos lo siguiente:
1. Toda la capacidad de decisión sobre su presente y su futuro residen, exclusivamente, en la sociedad civil. No podemos aceptar, por tanto, que ETA trate, a través de la violencia, de suplantar la dinámica democrática de la sociedad vasca, pues en eso consiste, a fin de cuentas, el único fundamento de la actividad de dicha organización. Es decir, no aceptamos las prácticas amedrentadoras de ETA, descomunal insulto a la mayoría de edad de nuestra sociedad.
2. Ninguna hipotética mejora o deseo, pertenecientes siempre al terreno de los proyectos, puede situarse, ni por la fuerza ni de ninguna otra forma, por encima del grado de acuerdo que, en cada momento, asuma la mayoría de nuestra sociedad. En efecto, sobre la negación de ese principio fundamental no es posible, ni en Euskal Herria ni en ningún otro lugar, construir una sociedad saludable, pues la pluralidad, la libertad de opinión y la capacidad de cambio constituye, junto con la solidaridad, las más acendradas características de una sociedad civilizada.
Denunciamos, en consecuencia, la incesante amenaza de ETA y su entorno, esterilizador empeño por conducir las aguas de la realidad al molino de lo imaginario. Denunciamos, asimismo, los discursos que de forma directa o indirecta dan cobertura a esa amenaza. Nada resulta más dañino para el desarrollo de la cultura y sociedad vascas que, precisamente la pérdida de la capacidad de crítica, y es bien sabido que sin libertad no es posible crítica alguna.
3. La ley y el ordenamiento jurídico son precisamente por su carácter esencialmente criticable y mudable, reflejo y, al mismo tiempo, fuente ineludible del desarrollo ético de la sociedad, puesto que sólo el principio de legalidad puede proteger al ser humano -y a la propia sociedad- de las prácticas arbitrarias de gobernantes, individuos aislados y grupos organizados.
La arbitrariedad sólo acarrea miedo; el mido, silencio; y el silencio, degradación moral. La arbitraria violencia de ETA -tanto la reivindicada como la que al amparo de aquélla se fomenta en las calles de Euskal Herria- degrada éticamente al conjunto de la sociedad vasca, en tanto que condena al la esclavitud del silencio a todo aquel que no considere legítimo el uso de la violencia.
Rechazamos, por tanto, el discurso falazmente revolucionario de ETA, puesto que el terror como medio sólo conduce al terror como fin y la contradicción absoluta entre miedo y libertad es insalvable.
Si los firmantes del presente documento entabláramos un debate sobre lo que precisa y no precisa Euskal Herria, nuestros criterios serían, seguramente, variados y divergentes y la confianza en esa pluralidad es, precisamente, lo que nos ha impulsado a hacer llegar a la sociedad vasca las reflexiones aquí recogidas: para aquellos que queremos una Euskal Herria formada por personas libres, el silencio no es cobijo.
