Los asteroides guardan en su sistema los restos de las múltiples colisiones que han tenido durante su larga trayectoria, reveló un estudio realizado al asteroide Eros. Este asteroide, que es una reliquia primitiva de la formación del sistema solar, muestra cientos y cientos de cráteres que revelan colisiones e impactos de otros cuerpos a través de los 4.500 millones de años de existencia que se le calculan. Ninguna de esas colisiones le ha llegado a destruir, pero han dejado al asteroide, que tiene la forma de una patata, repleto de cráteres.
El verdadero misterio, sin embargo, es cómo puede mantener esos restos, pues Eros, que orbita la Tierra a más de 100 millones de kilómetros, apenas posee gravedad. "Sencillamente, no lo entendemos", reconoce Joseph Veverka, astrónomo de la Universidad Cornell de Nueva York. Los científicos tampoco tienen claro la diferencia existente entre un cometa y un asteroide, pero creen que cuando los cometas pierden su cubierta de hielo por el calentamiento que produce su paso cerca del sol, pueden transformarse en asteroides.
Según los astrónomos, un asteroide mayor de tres kilómetros que impacte la Tierra podría provocar una catástrofe similar a la que se cree que ocurrió hace 65 millones de años, cuando un enorme asteroide se estrelló cerca de la península del Yucatán (México) y provocó la extinción de los dinosaurios. El tamaño de Eros es de 34 kilómetros, suficiente para provocar un verdadero cataclismo sin chocara contra la Tierra. Sin embargo, los expertos han asegurado que el asteoride nunca cruzará sus trayectorias con las de nuestro planeta.
Eros es uno de los asteroides cercanos a la Tierra cuyos orígenes están en el cinturón de cuerpos celestes que orbitan entre Marte y Júpiter. Este cuerpo celeste esconde algunas de las claves de la formación de la Tierra y el sistema solar, pero puede tener también las claves que expliquen una colisión que pudiera destruirla.
