En diciembre pasado, cuando la actriz Moira Lister denunció que estaba siendo víctima de unos anónimos absolutamente obscenos, la magnitud del problema comenzó a revelarse. La policía envío los anónimos al Departamento Forense del Scotland Yard. Allí, un experto en caligrafía descubrió que la letra de las cartas anónimas que había recibido Lister era idéntica a la de otras misivas sin remitente recibidas años antes por otra actriz muy popular.
La misma mano había escrito también los anónimos de los que habían sido víctimas muchas otras mujeres, todas ellas personajes muy conocidos. Y observó que algunos de los anónimos se remontaban a finales de los años 70.
Aparte de la caligrafía, las cartas tenían más elementos en común: en todas ellas, el remitente narraba con todo lujo de detalles las fantasías sexuales que le gustaría llevar a cabo con la destinataria de las misivas con detalles personales sobre las destinatarias. Y, finalmente, los sobres de todos los anónimos mostraban el matasellos de las localidades de Bolton, Lancashire o Manchester.
Scotland Yard ha puesto en marcha una operación para intentar desenmascarar al agresor. Y, en un intento por lograrlo, ha permitido que algunos medios de comunicación reproduzcan varios de los anónimos, haciendo un llamamiento a la población para que se dirija a la policía en caso de reconocer la letra de las cartas y saber a quién pertenece.
