l.d. / efe.-
En su declaración ante el tribunal que la juzga en la Audiencia Provincial de Toledo, la acusada agregó a preguntas del fiscal que si llegó a suministrar a su marido, durante su estancia en el hospital de Toledo, una ampolla de Colme (medicamento indicado para combatir el alcoholismo) fue porque pensó que esta dosis tendría el efecto suficiente para que cuando dejara el centro aborreciera el alcohol.
Durante casi una hora de declaración, la mujer, para quien el fiscal solicita 14 años de cárcel por un delito de intento de asesinato, explicó a la sala que su vida era "insoportable" por la adicción a la bebida de su marido, quien maltrataba tanto a ella como a sus hijos, aunque nunca había llegado a presentar ninguna denuncia.
Dijo también que las pólizas de seguro que tenía contratadas, incluida una para cubrir gastos de sepelio, lo eran para toda la familia y no solo para su marido y agregó que si tenía preparada la ropa de luto y la mortaja era porque los médicos le habían advertido de que la vida de su esposo corría peligro por la infección hepática que padecía.
Por su parte, el marido, Luis Ballesteros, de 44 años, negó al tribunal que tuviera problemas con la bebida y dijo que solo consumía una o dos cervezas al día y que nunca había maltratado ni a su esposa ni a sus hijos, al tiempo que manifestó que la convivencia de la familia era normal.
También declaró como testigo el doctor José Sánchez Castaño, médico internista, quien explicó que después de que el paciente tuviera la primera recaída comenzaron a tener sospechas de que sufría una intoxicación por vía oral, a raíz de lo cual empezaron a vigilar a la mujer, que era quien pasaba más tiempo con él en el Hospital "Virgen de la Salud" de Toledo, donde ingresó el 10 de noviembre de 1997.
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Durante casi una hora de declaración, la mujer, para quien el fiscal solicita 14 años de cárcel por un delito de intento de asesinato, explicó a la sala que su vida era "insoportable" por la adicción a la bebida de su marido, quien maltrataba tanto a ella como a sus hijos, aunque nunca había llegado a presentar ninguna denuncia.
Dijo también que las pólizas de seguro que tenía contratadas, incluida una para cubrir gastos de sepelio, lo eran para toda la familia y no solo para su marido y agregó que si tenía preparada la ropa de luto y la mortaja era porque los médicos le habían advertido de que la vida de su esposo corría peligro por la infección hepática que padecía.
Por su parte, el marido, Luis Ballesteros, de 44 años, negó al tribunal que tuviera problemas con la bebida y dijo que solo consumía una o dos cervezas al día y que nunca había maltratado ni a su esposa ni a sus hijos, al tiempo que manifestó que la convivencia de la familia era normal.
También declaró como testigo el doctor José Sánchez Castaño, médico internista, quien explicó que después de que el paciente tuviera la primera recaída comenzaron a tener sospechas de que sufría una intoxicación por vía oral, a raíz de lo cual empezaron a vigilar a la mujer, que era quien pasaba más tiempo con él en el Hospital "Virgen de la Salud" de Toledo, donde ingresó el 10 de noviembre de 1997.
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