El Papa firmó el texto en la basílica de San Pedro en una solemne ceremonia a la asistieron miles de fieles, entre ellos varios centenares entre cardenales, arzobispos y obispos. La gran estatua en bronce de San Pedro que se encuentra delante del altar mayor aparecía vestida con los paramentos pontificales y sobre su cabeza una mitra de oro, pues mañana se celebra la festividad de San Pedro y San Pablo.
La misa solemne fue concelebrada con el Papa por los cardenales Antonio María Rouco Varela (cardenal de Madrid y que fue relator del sínodo), Paul Poupard (presidente del Pontificio Consejo de la Cultura y presidente delegado del sínodo), Jan Schotte (secretario general del Sínodo de Obispos) y Zenon Grocholewski (prefecto de la Congregación para la Educación Católica).
El cardenal de Madrid leyó una de las plegarias en español, en una misa en la que se utilizaron los idiomas español, inglés, alemán, portugués, ruso, sueco, francés e italiano. Juan Pablo II entregó sendas copias del documento a los cuatro cardenales, a los arzobispos de Birminghan (Reino Unido) y Lublin (Polonia), que fueron los secretarios del sínodo, a un padre sinodal, a dos expertos y a tres auditores.
Tras rubricar la exhortación, el Papa resaltó que la firma se produce en el vigésimo quinto año de su pontificado y que espera que "Ecclesia in Europa" contribuya a consolidar la paz y la concordia entre las naciones y a forjar la Europa del Espíritu. "Las raíces de la cultura del continente europeo encuentren en Cristo la fuerza y el vigor para un futuro rico de frutos de vida y sabiduría en la civilización de la unidad y del amor", manifestó el Obispo de Roma.
El II Sínodo de Obispos para Europa se celebró entre el 1 y 23 de octubre de 1999 y en él participaron un total de 245 personas, de ellas 179 obispos y el resto expertos, auditores, representantes elegidos por las conferencias episcopales nacionales y delegados de las iglesias separadas.
Juan Pablo II preparó el documento final con las 40 propuestas que le presentaron los padres sinodales el 23 de octubre de 1999. En el documento el Papa hace un llamamiento a Europa para que no pierda sus raíces cristianas, pide a los europeos que integren a los inmigrantes y aboga por la unidad del continente, pero advirtiendo que no tendrá solidez si queda reducida a la dimensión geográfica y económica.
La misa solemne fue concelebrada con el Papa por los cardenales Antonio María Rouco Varela (cardenal de Madrid y que fue relator del sínodo), Paul Poupard (presidente del Pontificio Consejo de la Cultura y presidente delegado del sínodo), Jan Schotte (secretario general del Sínodo de Obispos) y Zenon Grocholewski (prefecto de la Congregación para la Educación Católica).
El cardenal de Madrid leyó una de las plegarias en español, en una misa en la que se utilizaron los idiomas español, inglés, alemán, portugués, ruso, sueco, francés e italiano. Juan Pablo II entregó sendas copias del documento a los cuatro cardenales, a los arzobispos de Birminghan (Reino Unido) y Lublin (Polonia), que fueron los secretarios del sínodo, a un padre sinodal, a dos expertos y a tres auditores.
Tras rubricar la exhortación, el Papa resaltó que la firma se produce en el vigésimo quinto año de su pontificado y que espera que "Ecclesia in Europa" contribuya a consolidar la paz y la concordia entre las naciones y a forjar la Europa del Espíritu. "Las raíces de la cultura del continente europeo encuentren en Cristo la fuerza y el vigor para un futuro rico de frutos de vida y sabiduría en la civilización de la unidad y del amor", manifestó el Obispo de Roma.
El II Sínodo de Obispos para Europa se celebró entre el 1 y 23 de octubre de 1999 y en él participaron un total de 245 personas, de ellas 179 obispos y el resto expertos, auditores, representantes elegidos por las conferencias episcopales nacionales y delegados de las iglesias separadas.
Juan Pablo II preparó el documento final con las 40 propuestas que le presentaron los padres sinodales el 23 de octubre de 1999. En el documento el Papa hace un llamamiento a Europa para que no pierda sus raíces cristianas, pide a los europeos que integren a los inmigrantes y aboga por la unidad del continente, pero advirtiendo que no tendrá solidez si queda reducida a la dimensión geográfica y económica.
