L D (EFE)
Sabedor de la importancia de la mujer en la vida de la Iglesia, el Papa le dedica un apartado en la exhortación apostólica "Ecclesia in Europa", en el que aboga por que se apliquen "efectivamente" las leyes que protegen a la fémina.
"La Iglesia no deja de alzar su voz para denunciar las injusticias y violencias cometidas contra las mujeres, en cualquier lugar y circunstancias que ocurran. Pide que se apliquen efectivamente las leyes que la protegen y que se establezcan medidas eficaces contra el empleo humillante de imágenes femeninas en la propaganda comercial y contra la plaga de la prostitución", indica. El Obispo de Roma agrega que desea que el servicio prestado por las madres en la vida doméstica "se considere como una contribución al bien común, incluso mediante formas de reconocimiento económico".
El Papa manifiesta también que en la Iglesia se promueve la dignidad de la mujer, "puesto que la dignidad del hombre y la de ella son idénticas, creados a imagen y semejanza de Dios y cada uno colmado de dones propios y particulares". Insta a que se tengan en cuenta esas cualidades "mediante la asunción de funciones eclesiales reservadas por derecho a los laicos". De manera implícita, una vez más el Pontífice reitera con esa frase su oposición al sacerdocio femenino.
"La Iglesia no deja de alzar su voz para denunciar las injusticias y violencias cometidas contra las mujeres, en cualquier lugar y circunstancias que ocurran. Pide que se apliquen efectivamente las leyes que la protegen y que se establezcan medidas eficaces contra el empleo humillante de imágenes femeninas en la propaganda comercial y contra la plaga de la prostitución", indica. El Obispo de Roma agrega que desea que el servicio prestado por las madres en la vida doméstica "se considere como una contribución al bien común, incluso mediante formas de reconocimiento económico".
El Papa manifiesta también que en la Iglesia se promueve la dignidad de la mujer, "puesto que la dignidad del hombre y la de ella son idénticas, creados a imagen y semejanza de Dios y cada uno colmado de dones propios y particulares". Insta a que se tengan en cuenta esas cualidades "mediante la asunción de funciones eclesiales reservadas por derecho a los laicos". De manera implícita, una vez más el Pontífice reitera con esa frase su oposición al sacerdocio femenino.
