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LA "ECCLESIA DE EUCHARISTIA"

El Papa publica una nueva encíclica para acabar con los abusos en la Eucaristía

El Papa publicó este jueves una nueva encíclica, la "Ecclesia de Eucharistia", en la que reiteró que el pan y el vino consagrados por el sacerdote en la misa se transforman en el cuerpo y sangre de Cristo y llamó al orden ante "los abusos" que se están cometiendo con este sacramento.

L D (EFE) Se trata de la décimo cuarta encíclica de su pontificado, firmada este Jueves Santo en la basílica de San Pedro del Vaticano durante la celebración del rito de la "Ultima Cena", en la que Cristo instituyó este sacramento. Juan Pablo II justificó la encíclica por la "constatación" del abandono "casi total" del culto de la adoración eucarística y los "abusos que contribuyen a oscurecer la recta fe y la doctrina católica" sobre este sacramento,"un don demasiado grande como para admitir ambigüedades y reducciones"

La encíclica está divida en seis capítulos: Misterio de fe, La Eucaristía edifica la Iglesia, Apostolicidad de la Eucaristía y de la Iglesia, la Eucaristia y la comunión eclesial, Decoro de la celebración eucarística y La Escuela de María, mujer eucarística. En Misterio de Fe reitera la doctrina aprobada en el Concilio de Trento de que en la consagración, el pan y el vino se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo ("la transubstanciación"). "La Eucaristía es un misterio y puede ser acogido solo en la fe", dijo el Papa, que precisó que Cristo continúa presente en las hostias consagradas y no utilizadas, por lo que hay que potenciar la adoración eucarística.

Tras agregar que no se trata de un alimento metafórico, sino de verdadera comida y verdadera bebida, Juan Pablo II recordó la definición que de la Eucaristía hizo San Ignacio de Antioquía: "fármaco de inmortalidad y antídoto contra la muerte". Los abusos condenados por el Papa se refieren a que se admita a recibir la eucaristía a personas en pecado, con la conciencia corrompida; a consagrar el pan y el vino a personas que no son sacerdotes ordenados y a las concelebraciones con ortodoxos o protestantes en las que los católicos llegan incluso a comulgar. "También yo alzo la voz, suplico, ruego y exhorto encarecidamente a no sentarse a esta sagrada Mesa con una conciencia manchada y corrompida. Eso no puede llamarse comunión, sino condena, tormento y mayor castigo", escribió el Papa, que subrayó que quien esté en pecado grave, antes de comulgar debe recibir el sacramento de la Reconciliación (confesión).

El Papa añadió que no se puede dar la comunión a una persona no bautizada o que rechace la verdad de fe de este sacramento y reiteró la obligación católica de asistir a la misa dominical, que no se puede reemplazar con celebraciones ecuménicas de la palabra o con encuentros de oración con cristianos de otras iglesias. Respecto a las concelebraciones con ortodoxos o protestantes, destacó la importancia del ecumenismo, pero precisó que debido a que la unidad de la Iglesia exige la completa comunión en los vínculos de la profesión de fe, de los sacramentos y del gobierno eclesiástico "no es posible concelebrar la misma liturgia eucarística hasta que no se restablezca la integridad de esos vínculos".

Respecto al decoro de la celebración, resaltó la inspiración que la arquitectura, escultura, pintura y la música encontraron en la Eucaristía, con bellos templos y músicas sagradas y abogó para que se recupere ese gusto por la belleza. Juan Pablo II concluyó que "el camino de la santidad pasa por la Eucaristía".

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