
LD (Javier Lozano) El Papa Benedicto XVI ha hecho público lo que era un secreto a voces y ha nombrado este martes al cardenal don Antonio Cañizares como prefecto de la Congregación del Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, hasta ahora dirigido por el cardenal africano Francis Arinzé.
El Arzobispo de Toledo y Primado de España pasará a la Curia romana donde dirigirá uno de los dicasterios vaticanos tradicionalmente más importante y que ha visto acrecentada su repercusión tras el inicio del pontificado de Benedicto XVI. Si Juan Pablo II destacó por su carisma y sus numerosos viajes al extranjero con los que pretendía acercar la Iglesia Católica a todos los pueblos, el Papa alemán ha destacado por el orden interno y por su objetivo primordial de unir al catolicismo y de luchar contra el relativismo moral tanto dentro como fuera de la Iglesia.
En este sentido, la Liturgia ha sido un elemento primordial desde que en 2005 el entonces cardenal Ratzinger sucediera al carismático Juan Pablo II, del que fue fiel consejero y responsable de la Congregación para la Doctrina de la Fe desde 1981. Un ejemplo de la importancia que ha dado a la Liturgia ha sido el Motu Propio "Summorum Pontificum", que firmó en 2007, con el que pretendía acercar a los cismáticos de Lefevbre permitiendo de nuevo el uso del misal anterior a 1962, si bien éste no había sido abolido. Esto ha sido también visto con buenos ojos por los numerosos seguidores del Misal antiguo existentes y repartidos por numerosos países. Además, no ha dudado en denunciar los abusos litúrgicos y en recalcar la importancia de la Eucaristía y de los Sacramentos.
El nombramiento de don Antonio Cañizares, conocido como el "pequeño Ratzinger", como responsable de la Liturgia y del cumplimiento de los Sacramentos tiene que ser analizado como algo más allá de la llegada a un cargo curial, sino que se debe traducir en una cercanía y una confianza total de Benedicto XVI en el hasta ahora Arzobispo de Toledo debido a la importancia que el Papa ha concedido a este dicasterio durante su Pontificado. En conclusión, sólo nombraría para este dicasterio a una persona cercana a sus planteamientos y de mucha confianza para él. Todo un halago para el prelado nacido en Utiel.
Antonio Cañizares mantenía una estrecha relación con el Papa desde que el entonces Cardenal Ratzinger fuera prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe y el prelado español perteneciera también a este dicasterio. De hecho, ya como cardenal, designado en 2006 por Benedicto XVI, pertenece a esta misma Congregación y a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, que trata con grupos separados de la Iglesia Católica pero cercanos en muchos sus planteamientos, especialmente con los lefrebvianos.
El purpurado español tiene ya una experiencia suficiente para desempeñar este cargo en Roma tras haber estado vinculado a temas relacionados. Este nombramiento acrecentará su relevancia en Roma y permitirá que España vuelva a tener cargos de importancia en la Curia vaticana tras la salida del cardenal Martínez Somalo como Camarlengo y del relevo del cardenal Julián Herranz como presidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos. Además, Navarro Valls dejó de ser portavoz de la Santa Sede tras la llegada de Benedicto XVI siendo sustituido por Federico Lombardi.
De este modo, la importancia de España en el mundo católico no estaba representada en la Curia acorde a la tradición católica del país. El cargo más alto desempeñado por un español hasta este momento era el de secretario de la Congregación de la Doctrina de la Fe, ocupado por el jesuita Luis Ladaria, nombrado recientemente.
En este sentido, el panorama católico español vuelve a tener un representante de alto nivel en el Vaticano, en este caso en uno de los escalones más importantes. De hecho, la presencia española en la Curia no se correspondía con la fuerza con la que cuenta España entre las nuevas realidades eclesiales como el Camino Neocatecumenal, iniciado por el leonés Kiko Argüello, el Opus Dei, fundado por el aragonés San José María Escrivá o Comunión y Liberación, cuyo presidente es actualmente el también español Julián Carrón. Sólo entre estos tres grupos suman millones de fieles y numerosas filiaciones de obispos y cardenales de todo el mundo.
Con este nombramiento de don Antonio Cañizares, el Papa ya tiene a su hombre español en Roma, que hasta ahora estaba más bien ocupado por el cardenal de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Antonio María Rouco Varela. A partir de ahora, Benedicto XVI tendrá una visión más cercana de lo ocurrido en España y de la relación de la Iglesia Católica española con el poder político y con un Gobierno como el presidido por el socialista José Luis Rodríguez Zapatero que parece decidido a llevar a práctica todo tipo de políticas laicistas así como la ampliación de polémicas leyes como la del aborto y la creación de una legislación de la mal llamada "muerte digna".
