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"TELEMADRID. SOMOS DE FIAR", por Agustín de Grado, director de Informativos

El director de Informativos de Telemadrid, Agustín de Grado, ha respondido con un artículo a  otro publicado en el diario El País por su antecesor en el puesto, Alfonso García, en el que se le acusaba de manipulación informativa. La sorpresa de De Grado ha venido cuando desde la dirección de el periódico de Prisa se han negado a publicar su artículo de respuesta que aquí sí reproducimos íntegramente.

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No es mi intención entrar en polémicas, y mucho menos hacerlo con quien me ha precedido en el cargo de director de Informativos de Telemadrid. Pero es tal el estupor que siento tras leer el artículo de Alfonso García “Telemadrid. Cuando éramos de fiar”, que me veo en la obligación de salir al paso de la cascada de opiniones sin fundamento vertidas por el señor García el pasado sábado, muchas de ellas auténticas calumnias que sólo buscan el desprestigio personal. Y acudo a la misma tribuna porque al ser El País un diario al que distingue su permanente aspiración por ofrecer a sus lectores una información exacta, creo que podrá cumplir mejor este objetivo si a su audiencia le aporto unos datos que seguramente desconoce.
  
El primero de ellos: ni soy ni he sido militante de ningún partido o política partidista. Sólo soy militante de una causa, la de la libertad, “el bien más preciado que los cielos dieron a los hombres y por el cual se puede y aun se debe arriesgar la vida”, según palabras inmortales de Miguel de Cervantes.
  
Dice el señor García que de su destitución se pasó “al acoso laboral y profesional”. El acoso laboral es un delito perseguible en España. Me acusa de haberlo cometido, pero nunca acudió a los tribunales de justicia para encontrar allí su amparo. No lo hizo, naturalmente, porque su acusación es falsa. Fue el señor García quien pidió a esta dirección que le trasladara al departamento de Programas para no verse integrado en una Redacción en la que no todos le iban a reconocer sus méritos y su ascendencia profesional. Lo entendimos y pasó de forma voluntaria al programa “Sucedió en Madrid”. Meses después, me solicitó el regreso a Informativos y aceptó convertirse en reportero cualificado del Telenoticias que había comenzado a dirigir Luis Mariñas, no sin antes asegurarse un complemento económico al alcance de muy pocos compañeros suyos. A las pocas semanas, el señor García entró en una situación de baja laboral por motivos de salud que se prolongó varios meses y concluyó poco antes de su flamante fichaje por una TVE inmersa en un expediente de regulación de empleo que va a poner en la calle a más de 4.000 trabajadores. Del “acoso laboral y profesional” al que fue sometido dan prueba también los permisos que le concedí para ejercer de speaker en actos públicos del entonces ministro de Defensa, José Bono.
  
Asegura el señor García que lo que él denomina “labor de limpieza” en Telemadrid “no acabará hasta que terminen echando a todos los rojos”. Nunca habrá escuchado de mi boca expresión semejante. Detesto la retórica guerra-civilista y ese manido recurso a esta página de nuestra historia que si algo demuestra es la quiebra de la libertad ante el triunfo de las posiciones totalitarias, sean de derecha o izquierda. Rojos, azules o amarillos, mi predecesor vierte una opinión sin fundamento alguno, ajena a la realidad. Los lectores de El País deben saber que ningún periodista ha sido despedido de Telemadrid conmigo de director. Ni un solo despido, ni tampoco un solo traslado a otro departamento ajeno a los Informativos. Los únicos periodistas con plaza fija que han dejado Telemadrid lo han hecho de forma voluntaria para fichar por la misma cadena: Cuatro, del Grupo Prisa. Estos son los hechos y, como tal, verificables. La realidad es la que es, no la que le gustaría al señor García que fuera. Y nunca una mentira por mil veces repetida se convertirá en verdad.
   
Comparto la encendida defensa que mi predecesor hace de la profesionalidad y la independencia de los compañeros de Telemadrid. En esta Casa he encontrado algunos de los mejores periodistas con los que he trabajado en mis ya más de veinte años de carrera por varios medios de comunicación nacionales. Hay compañeros de los que aprendo todos los días y me siento orgulloso de que muchos de ellos formen parte de mi equipo directivo, como antes lo fueron del de Alfonso García. Por eso rechazo la división que establece entre “los profesionales de largo historial y prestigio en esta Casa” y los “colaboracionistas”. ¿Por qué estos profesionales eran de “prestigio” cuando trabajaban en su equipo y “colaboracionistas” o “tontos útiles” cuando lo hacen –algunos en los mismos puestos- en el mío? Como periodista, me repugna este lenguaje aplicado a los compañeros de profesión. Como persona, define a mi antecesor.
   
Asegura el señor García que Telemadrid “ha dejado de ser un referente informativo de pluralidad y rigor” e intenta justificar esta opinión con un dato: el descenso de los índices de audiencia. Mal asunto que un profesional del periodismo de una televisión pública entre en el juego fácil de medir la calidad, el rigor, la independencia y la pluralidad de unos informativos por sus resultados de audiencia. Aplicada la regla de tres que utiliza para atacar mi gestión en Telemadrid (descenso de audiencia es sinónimo de manipulación informativa) a la empresa para la que ahora trabaja, tendríamos que concluir que los informativos del demonizado Alfredo Urdaci eran más rigurosos, objetivos e independientes que los actuales puesto que su share era muy superior.
     
Yo creía que la obsesión por la audiencia era competencia de los programadores de unas cadenas privadas al servicio exclusivo de la cuenta de resultados y el dividendo de sus accionistas. Pero es que, además, es falso que la audiencia madrileña castigue a los informativos de Telemadrid. Voy a ofrecer a los lectores de El País algunos datos verificables que deben conocer. Hace ahora tres años, cuando el señor García gestionaba los contenidos informativos de Telemadrid, el Telenoticias del mediodía era habitualmente superado por el informativo regional de TVE. Hoy ese resultado es el opuesto y Telemadrid se ha convertido en el referente informativo entre las dos y las tres de la tarde. Segundo dato, también significativo: el Telenoticias que dirigía y presentaba el señor García cerró su última temporada en el 12,5 por ciento. Con la actual dirección, ninguno de los tres otoños ha cosechado una audiencia tan baja, ni siquiera desde que el año pasado dos cadenas nacionales más entraran en la competencia y el auge de los canales locales y temáticos se haya multiplicado.
      
También la pluralidad puede medirse con datos objetivos. El señor García está empeñado en demostrar el partidismo a favor del PP, pero no existe una televisión autonómica en España que pueda presumir de que en sus distintos programas informativos hayan sido entrevistados la práctica totalidad de los miembros del Gobierno socialista, salvo el presidente José Luis Rodríguez Zapatero (aunque ha sido solicitada), y algunos de ellos en más de una ocasión. Tampoco que entre sus invitados estén con frecuencia algunos presidentes autonómicos limítrofes, no precisamente del PP, en cuyas televisiones públicas aún no han sido entrevistados los líderes de la oposición. Nunca como en estos tres últimos años han desfilado por Telemadrid mayor número de dirigentes políticos de todo signo político (incluidos nacionalistas, independentistas y republicanos). Y no solo políticos: también empresarios, jueces y magistrados, catedráticos e historiadores, líderes religiosos y sindicales, escritores, científicos, actores, deportistas… Entre nuestros colaboradores hay periodistas de todos los medios de comunicación nacionales. Y ello es posible porque, gracias al impulso decidido de nuestro director general, Manuel Soriano, la información y el debate ocupan hoy más del 33 por ciento de la programación de Telemadrid, y son los contenidos de actualidad informativa los que lideran la cadena. Un esfuerzo sin parangón en el panorama audiovisual generalista que da auténtica naturaleza de servicio público a esta empresa.
     
Los informativos de Telemadrid tienen un prestigio ganado a lo largo de años que no está en peligro, por mucho que algunos, incluso desde la propia Casa, trabajen para arruinar este capital, que es el suyo. Es un reconocimiento popular que le permite liderar la audiencia frente a TVE con la retransmisión de una visita del Papa a cientos de kilómetros de Madrid; un prestigio que se acrecienta internacionalmente cuando un producto informativo de Telemadrid pudo alcanzar por primera vez en su historia las semifinales de los Emmy (los premios más importantes de la televisión mundial) gracias a un directo ininterrumpido de quince horas con motivo del incendio del Windsor, hazaña que no fue protagonizada precisamente por pseudoperiodistas; es el quehacer de todo un equipo profesional que merece el galardón de los corresponsales extranjeros en España por su esfuerzo informativo en unas condiciones tan difíciles para todo Madrid como las de la matanza del 11-M. El prestigio de la televisión pública madrileña se construye a diario por sus profesionales de toda la vida (ahí está el éxito de Alipio Gutiérrez y su equipo con “Buenos Días”, galardonado como el mejor informativo autonómico de España por la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión) y por los que se han incorporado en esta nueva etapa (es el caso de Víctor Arribas, al que corresponsales de todo el mundo en nuestro país han premiado en 2006 por el Telenoticias del mediodía).
     
El señor García despacha la investigación periodística del 11-M y el deseo de esclarecer la verdad como “teoría de la conspiración”, los avatares del diálogo del Gobierno con ETA como “proceso de paz” y se escandaliza de que una televisión pública defienda sin complejos la unidad de España, como si ésta no fuera el valor constitucional supremo, garantía de nuestras libertades. Apuntes suficientes para adivinar cuál sería su gestión informativa de estos acontecimientos de trascendencia nacional si hoy estuviera al frente de la Dirección de Informativos. Bajo la mía, Telemadrid puede presumir de ser la única cadena que ofreció en directo las principales comparecencias de la comisión de investigación del 11-M (a la que dedicó más horas que La 2 de TVE); la única que ha entrevistado a los peritos del informe por el que va a ser juzgada la cúpula de la Policía Científica; la única que transmitió en directo el debate del plan Ibarreche y el del Estatuto de Cataluña; la única que en pleno prime-time hizo tele-realidad del juicio a Txapote, sin narración alguna porque, también en televisión, hay veces que sobran las palabras.
  
¿Hubiera renunciado el señor García a las sabrosas audiencias que proporcionaban a esta cadena las salsas rosa y los tomates de Terelu y “Mamma Mía” para ofrecer estos platos informativos? Nosotros lo hicimos. Los actuales gestores de Telemadrid entendemos que ocasiones como esas justifican la existencia de esta televisión pública. Y los madrileños lo agradecen. Ahora están más y mejor informados. Somos de fiar.
     
Alfonso García debería sentirse orgulloso de ello, pues forma parte de la plantilla de esta Casa, ya que aunque ahora trabaje para la competencia, de Telemadrid se marchó sin renunciar al derecho de excedencia que le concede el convenio colectivo de esta empresa. Un derecho del que no gozan sus ahora compañeros en RTVE, que pierden su plaza fija cuando fichan por otro medio de la competencia. Pero la hazaña de fichar por una empresa inmersa en un expediente de regulación de empleo que va a poner en la calle a más de 4.000 trabajadores, muchos de ellos periodistas “de largo historial y prestigio” perfectamente capacitados para el cometido profesional que actualmente desempeña este ex director de Informativos de Telemadrid, tenía un precio. Y Alfonso García empezó a pagarlo con su artículo del pasado sábado. Vencerán nuevos plazos.
 
Agustín de Grado
Director de Informativos de Telemadrid

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