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Reflexión veraniega

Amor y vida

Hoy no tengo percha periodística. Hoy paso de actualidad. Hoy me abandono al verano madrileño. La noche es calurosa. El cronista cena con sus amigos en una terraza de verano. El último en llegar recibe un mensaje en el móvil y con ingenuidad adolescente lo muestra a los otros: “Ha sido una tarde intensa y pegada a la vida. Gracias. Un beso.” Todos sonríen y él no sabe donde esconderse. ¡Qué vergüenza! Nada es lo que parece... Y, sobre todo, cómo explicárselo a ella, a la única mujer allí presente, que le ha hecho saber con su mirada el valor de cuatro versos: “Demorarse un instante /en el umbral del tiempo, / sentir cómo la piel / es una con el alma.” ¡Qué lío! En estos casos lo mejor es contar la verdad, o sea atrévete y cuenta, le sugiere el cronista a su amigo. Y he aquí en síntesis el cuento:
 
“Fue una tarde de charla y confesiones recíprocas sobre el amor y la vida entre una mujer y un hombre. Las interrupciones fueron mínimas, porque la literatura y el cine vinieron a socorrernos de lo que más temíamos: el silencio que conduce directamente al cuerpo a cuerpo con la piel. Con el alma. Lo mejor para superar los fracasos del amor es leer las historias del “desamor”, aunque él no les llama así, del escritor brasileño Rubem Fonseca. Gran novelista, cuentista, guionista y crítico de cine, Fonseca no hace sino narrar en estas “Historias de amor” todo aquello que encierra la sentencia de Anouilh: “Existe el amor, claro. Y existe la vida, su enemiga.”
 
Platican largamente sobre esas historias tristísimas, mucho más que nuestras satisfechas vidas de parejas burguesas, que cuenta Fonseca, y concluyen que cuando la vida es enemiga del amor, casi siempre, hasta la tragedia es posible. Por fortuna, la literatura moderna, la novela, y también el cine dramático, han conseguido dulcificar con imaginación los impulsos realistas de la primera por un lado, y baldear el ímpetu caliente del segundo por otro.
 
A pesar de todo, recalca mi amigo, no hablo de reconciliación entre amores y vidas a través del cine y la novela, sino de inteligente convivencia, de formas imaginativas de catarsis, para conllevar el sufrimiento que nos producen una y otro. En realidad, novela y cine son las dos grandes creaciones contemporáneas que incorporan el estoicismo clásico, hacer de la necesidad virtud, al mundo contemporáneo, o sea, donde reina el caos del amor. Hacer de la vida un arte, una formas de catarsis, de inteligente “reconciliación”, entre el amor y la vida exige cine, literatura y, por supuesto, mucho cinismo”.
 
Quizá no sea suficiente eso del cinismo, le digo a mi amigo, para “reconciliar” amor y vida, para satisfacer las querencias de su amiga, pero estoy seguro de que le alegrará el intento de explicar un SMS inoportuno.