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Gobierno de coalición

La indeterminación democrática se solventa con gobiernos sólidos y transparentes. Lo contrario, sería vivir engañándonos con mutuas confianzas entre individuos de los que, en el mejor de los casos, siempre hemos de desconfiar, los políticos.

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Tengo que felicitar al señor Arenas por su opinión política sobre el futuro del País Vasco. Esta vez me ha dado la razón. Llevo defendiendo, desde que conocemos el resultado electoral del 1 de marzo, la necesidad de un Gobierno de coalición estable entre el PSE y el PP, pero no sé cuántos periodistas y peperos acomplejados han salido a mi encuentro para afearme mi propuesta. Estas semanas he oído todo tipo de frases para rehuir el asunto fundamental: gobernar democráticamente. Sí, sí, esta gente, que pretende hacer carrera al lado de los poderosos, no ha dejado de lloriquearme tópicos y frases hechas.

Ha habido otros que, sencillamente, trataban de engañarme con sus mentiras, por ejemplo, quienes apostaban por que un Gobierno del PSE siempre y, en todo momento, sería mejor que uno del PNV; insistían, además, en señalar que ya era hora de que llegara el PSOE que nunca había gobernando. Esta falsedad trataba de ocultar los años, por cierto no pocos, en los que el PSE gobernó con el PNV, incluso la señora Díez fue consejera de Turismo.

Así las cosas, las declaraciones de Arenas me colman de alegría, porque dejan a estos peperos al servicio del PSOE, valga la paradoja, con sus vergüenzas al aire. Esta gente actúa como marmota acorralada por sus amas. Nadie se ha privado de reprocharme lugares comunes: que si lo decisivo era expulsar al PNV del gobierno, que no era cuestión de discutir consejerías, que si la ética y los principios estaban por encima del poder, en fin, en estas semanas he oído todo tipo de “argumentos”, por llamarle algo, para no entrar en el asunto fundamental: la aritmética electoral abría la posibilidad de un Gobierno de coalición.

La indeterminación democrática que abre toda elección se solventa con gobiernos sólidos y transparentes. Lo contrario, sería vivir engañándonos con falsas promesas y mutuas confianzas entre individuos de los que, en el mejor de los casos, siempre hemos de desconfiar, los políticos. Se trata de ejercer el poder democrático con absoluta responsabilidad y honestidad para quienes defienden la Constitución y la democracia en el País Vasco. Punto.

Nadie debe escurrir el bulto ni con ejercicios de falsa retórica populista, por ejemplo, los socialistas, cuando dice que gobernarán para todos pero con apoyos puntuales, ni apelando a principios que no tienen sentido sin gestionar el poder, por ejemplo, los populares, cuando reiteran que lo importante no es tanto quién lleva a cabo una determinada política, sino que acepte su espíritu. Falso. Y eso que es tan sencillo de reconocer para los electores y los honrados analistas políticos, hemos tenido que esperar más de dos semanas para que lo suscriba un alto dirigente del PP.

Nunca es tarde si la dicha llega. Al fin, alguien con poder en el PP, como el señor Arenas, lo ha reconocido sin tapujos: “Lo lógico es que hubiera un Gobierno estable, un Ejecutivo de coalición del PSOE y el PP”. Lo dicho, gracias, señor Arenas, por leerme y sobre todo por seguirme.  

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