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Ilustración y esperpento

Me escribe una amiga desde la Gran Manzana. Está pasando unos días en la capital cultural del mundo. Visita Nueva York en compañía de su sobrino. Ha invitado al joven para que amplie un poquito su concepción del mundo. En otras palabras, cuando se enteró de que el zagal, un joven de 19 años, había votado a un partido nacionalista, sólo pensó en sacarlo del atraso y la incultura política. Solución: un viaje al centro del universo. La pedagogía viajera parece que tuvo resultados casi inmediatos, según me cuenta en la carta, pero al chico le entró tal desánimo, cuando se enteró de la derrota del Deportivo con el Oporto, que decidieron adelantar una semana el viaje de regreso a casa.
 
Le respondo rápidamente y la felicito por sus métodos pedagógicos. ¡Cuánto daría yo por ser desasnar a un joven en Nueva York! Y la persuado para que agote su tiempo entre los americanos. Sin pensármelo dos veces intento disuadirla de su inmediato regreso y le cuento que las cosas por aquí siguen más o menos igual, o sea, pastosas. Nuestra común preocupación por entender qué cosa es esa de la política española se está poniendo difícil, pues que a veces uno tiene la sensación de hacer más psicopatología de los “políticos profesionales” que análisis de sus propuestas. El ambiente está tan enrarecido que ya nadie parece hablar de política sino de odio, rencor, destrucción y resentimiento. Cualquier cosa parece lícita para los actuales gobernantes, excepto mantener el derecho fundamental del hombre que, según Ortega, no era otro que el derecho a la continuidad.
 
Además, un tal Pérez, en otros tiempos ministro y ahora parlamentario, ocupa demagógicamente el principal foro del debate “político”. Este Pérez es todo un hallazgo del esperpento nacional: crea grupos parlamentarios prestando diputados socialistas a “partidillos” políticos sin relevancia; define la agenda de todas las formaciones políticas, incluso, al PP le acaba de decir que cuando ellos quieran se creará una comisión para investigar los asesinatos del 11-M... La política, la posibilidad de construir bienes en común, parece haber desaparecido en España, porque el señor Pérez destruye cualquier posibilidad de genuino intercambio de opiniones para alcanzar algún acuerdo. Así las cosas, le aconsejo que retrase su vuelta. Por favor, cuando te entre la morriña de España, concluyo mi carta, piensa en Pérez. Espero que nunca digas: Dos cosas hice mal, primero, haberme marchado muy tarde; y, segundo, haber regresado demasiado pronto.