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Estatuto

La farsa andaluza

Seguí el debate sobre la toma en consideración del Estatuto de Andalucía y no pude dejar de hacerme la siguiente pregunta: ¿Cómo puede dedicarse una sesión del Congreso de los Diputados a discutir sobre la "nación" andaluza? Pensar sobre esa posibilidad es tan esperpéntico que dan ganas de insultar a los políticos que han propuesto semejante majadería. ¿Cómo se ha podido llegar a tal absurdo? ¿Quién tiene la responsabilidad de tal asunto? Es obvio que el origen de la maldad está en el PSOE de Zapatero, pero, en mi opinión, no haber conseguido detener tal esperpento a tiempo también es responsabilidad del PP.

En efecto, los artífices de la majadería de llamarle nación a Andalucía son los socialistas y los comunistas. Pero hay que reconocer que esta gente sabe lo que quiere con tal perversidad política. Es su principal instrumento para mantenerse en el poder, para estigmatizar a la oposición. La izquierda, pues, lo tiene claro cuando defiende una confederación que destruya la nación española. A ellos no les preocupa la democracia, la historia, la cultura, el derecho y, en fin, las mil formas de civilización que muestran que Andalucía no es nada sin España. Por eso, repiten que Andalucía es una "realidad nacional". Hasta ahí la cosa es más o menos comprensible. Pero lo que resulta de todo punto incomprensible es que la oposición, el PP, no haya conseguido ridiculizar ese planteamiento, sobre todo, allí dónde más fácil lo tiene, en la región más española de España (valga la redundancia).

Mi preocupación política la formularía con estas preguntas: ¿Cómo una imbecilidad de ese calibre –Andalucía es una nación– tiene plausibilidad parlamentaria? ¿Cómo llamarle nación a Andalucía puede llegar a discutirse en el Parlamento nacional sin que nadie sienta vergüenza? ¿Por qué la discusión sobre la "la realidad nacional" andaluza no resulta a estas alturas algo carente de sentido? La formulación de estas preguntas debería hacer pensar al PP de Andalucía sobre el tipo de oposición qué ha hecho al PSOE. Oposición, sin duda alguna, muy alejada de la fortaleza, dureza y claridad que se requiere para parar en seco la majadería de considerar que "Andalucía es una nación".

La cuestión política, pues, no es cómo Zapatero se ríe de los españoles de Andalucía y los utiliza para desmembrar la nación española. Eso está en la naturaleza de los socialistas. Por desgracia, no es ese el problema sino, ¿por qué y cómo el PP ha permitido que los socialistas y los comunistas traigan ese bodrio de proyecto de Estatuto al Congreso de los Diputados sin que sientan vergüenza Chaves y sus socios? Sí, sí, mi pregunta es: ¿Por qué Javier Arenas no ha sido capaz de idear todavía un tipo de oposición en Andalucía que consiga ridiculizar a quien mantenga que "Andalucía es una nación"? ¿Tanto cuesta movilizar a una ciudadanía que le quieren robar su seña de identidad política y cultural? ¿Tan poca imaginación tiene el PP para no haber montado cientos de debates en las ciudades y pueblos de Andalucía diciéndole a los ciudadanos que, según el PSOE, ellos ya no serán españoles? ¿Cuántos actos culturales y exposiciones ha promovido la dirección del PP en Andalucía para alertar a los ciudadanos españoles de Andalucía que el socialismo quiere acabar con la nación española?

En fin, señor Arenas, ¿para cuándo piensa sacar a los ciudadanos andaluces, especialmente a sus votantes que son millones y muy bien preparados, a la calle para protestar por el bodrio de Estatuto que ha preparado un engranaje de caciques políticos? Anímese, señor Arenas, y no olvide que en España, en Andalucía, la oposición es, insisto, fuerte, dura y clara, o no es nada.

El Sr. Maestre es filósofo y escritor. Su último libro publicado es La escritura de la política (2012). Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital y comentarista de esRadio.

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