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Soledad, trampas e incomprensión

Ruido, mucho ruido, olvido, trabajo de desmemoria, y silencio mediocre, casi de conspiración con el poder, son las notas dominantes de unos medios de comunicación que se muestran incapaces de denunciar uno de los peligros más graves que corre nuestra democracia, a saber, su ruina por una aritmética parlamentaria que ha abandonado el primer objetivo de la democracia: el desarrollo de España como nación. Sin una nación fuerte, hoy, más que en el pasado, España no será nada en el mundo y su escaso peso en la UE pronto lo perderá. Las fuerzas dominantes del parlamento español, sin embargo, tiende a empequeñecer la nación a través de la construcción de una España asimétrica, es decir, donde los ciudadanos de unas comunidades tenga más derechos y privilegios que los de otra por el hecho de tener ciertas peculiaridades étnicas o lingüísticas. Éste es el gran engaño, la falsa creencia, que hay detrás de la deseada reforma de la Constitución o "debate" sobre el "modelo territorial".
 
El peligro es obvio, pero los medios de comunicación, y éste es el otro gran problema político de la nación española, parecen ajenos al atropello. Nadie quiere cuestionar a los agentes políticos e intelectuales que han contribuido a exaltar esas peculiaridades regionales que son las bases para tener derecho a constituir "Estados". Quienes han conspirado a la desnacionalización de España, del Estado democrático, son los que están hoy en el poder con el acompañamiento acrítico, seguramente, de unos medios de comunicación tan descerebrados como dependientes de las lógicas del poder. Éste es el hecho relevante, el acontecimiento, que no están dispuestos a analizar por miedo, o por no ser acusados de traición por los perpetradores del antiespañolismo, la mayoría de los llamados analistas políticos de nuestros correctos medios de comunicación. Desde esta circunstancia, si quieren a partir de este "hecho", que puede expresarse como una coalición entre nacionalistas y socialistas, entre partidarios de Maragall y de Carod Rovira, entre los socialistas de Zapatero y los nacionalistas de Maragall, hay que analizar todas (sic) las actuaciones políticas.
 
Para empezar la propia Comisión del 11-M no puede analizarse sin esa gran coalición entre socialistas y nacionalistas que tienden a la desnacionalización de España. Sólo si tenemos presentes esta coalición desnacionalizadora y, por tanto, antidemocrática, comprenderemos las tropelías de la Comisión del 11-M. Espectáculo inaudito el ofrecido por unos parlamentarios que excluyen a otros por querer saber quien ha atentado contra la nación española el 11-M. Cuando una periodista fina e inteligente, como Carmen Martínez Castro, tiene que recurrir a las palabras soledad, trampas e incomprensión, más propias del lenguaje de la patología que de la normalidad, para describir el acoso y derribo al que está siendo sometido el PP, la Oposición, por parte del socialismo "español" y sus socios nacionalistas en la Comisión parlamentaria del 11-M, es que algo muy grave está sucediendo en la política española. Tan grave es que podría hablarse del inicio de la desaparición de la genuina política, del espíritu democrático necesario que debe reinar en las instituciones, y especialmente en el Parlamento, para que los ciudadanos podamos hablar de política y de políticos sin sentir vergüenza de su pésima representación y peor hacer. Sin entrar ahora en partidismos ridículos y dejando al margen a militantes incapaces de comprender el significado de la palabra ciudadano, quien no sienta vergüenza de una Comisión que no ha acepta ni una sola de las peticiones del Partido de la Oposición, es que ha perdido algo más que el juicio, la decencia del ciudadano que quiere lo mejor para su nación.

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