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Patentes de software

De nuevo solos

A pesar de que el Senado en la práctica se muestre como algo poco útil en el sistema democrático español, es la parte del legislativo español que más alegrías me da en mi condición de usuario de Internet y persona interesada en el desarrollo informático de España. Dicha institución es pionera, entre los poderes públicos europeos, en muchas cuestiones relacionadas con la Sociedad de la Información. Además, en la Cámara Alta están presentes los políticos españoles que más conocimiento sobre la Red han demostrado y que están más atentos a las demandas de los internautas.
 
A pesar de la marcha de Esteban González-Pons a tierras valencianas, en el
Senado siguen estando personas como Mercedes Coloma (PP) o Félix Lavilla (PSOE). Ambos, junto con la mayor parte de sus compañeros de la Comisión de la Sociedad de la Información y del Conocimiento en esta y las anteriores legislaturas, conforman el grupo de políticos españoles más próximos a los intereses de los internautas. Una pena que en sus partidos sus posturas no resulten mayoritarias y la disciplina de voto les haga apoyar normas o iniciativas que esperaríamos que ellos, a nivel personal, rechazaran. A pesar de esto último, hay que reconocer que nos proporcionan alegrías. La última ha sido su rechazo a la directiva europea sobre patentes de software. Algo en lo que, por cierto, coinciden el actual y el anterior Gobierno. Al contrario que con la LSSI, en esta cuestión tanto PP como PSOE se ponen del lado de los afectados.
 
Sin embargo la postura mantenida hasta ahora por el Ejecutivo, reforzada por la votación en el Senado, va a dejar de nuevo sola a España. Tras la traición del Eje Franco-Alemán, los Gobiernos de París y Berlín prometieron votar en contra de las patentes y después votaron a favor amparándose en cambios cosméticos, viene el cansancio de Polonia. Este país, cuyo Ejecutivo en solitario ha logrado frenar en dos ocasiones una directiva que va contra lo votado por el Parlamento Europeo, ha anunciado que va a dejar de ser el muro de contención que frenaba el avance de la nociva norma comunitaria. Esperemos que si se ve apoyado por España, retome sus posturas originales. De no ser así, España se quedará de nuevo aislada en esta cuestión y todos los europeos saldremos perdiendo.