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Hipócrita petición de "democracia"

Cuando uno escucha voces, incluida la de Kofi Annan, exigiendo un funcionamiento más democrático de la ONU (un organismo que sitúa a la Libia de Gadafi al frente de su Comisión de Derechos Humanos y veta la presencia de Reporteros Sin Fronteras por criticar al tirano caribeño Fidel Castro), no puede evitar que se le escape la sonrisa irónica. Se atreven a pedir que los peores dictadores tengan la misma voz y legitimidad que gobernantes libremente elegidos por sus pueblos. Sin embargo, cuando la petición de "mayor democracia" procede de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y se refiere a Internet, se pasa a la indignación más absoluta.
 
Quien quiere quitar a EEUU "el control" –que en realidad se limita a la gestión de direcciones y nombres de dominio a través de la ICANN– es una agencia de Naciones Unidas que hasta el momento ha demostrado el mayor desprecio hacia el conjunto de los más elementales derechos humanos de los internautas. La UIT se ha mostrado complaciente con los peores tiranos de todas las latitudes. Hay pruebas de sobra. Una de ellas es la sede elegida para la segunda fase de su Cumbre Mundial Sobre la Sociedad de la Información (CMSI). Túnez, el país que acogerá el encuentro, tiene un terrible historial en la materia. En esta república norteafricana, criticar al Gobierno a través de Internet o bajar archivos que el régimen considere "peligrosos" puede suponer acabar en la cárcel.
 
La UIT también ha premiado, aunque con eventos de menor categoría, a otros varios países sometidos a sistemas liberticidas. Entre las sedes de las Conferencias Regionales de la CMSI están las capitales de Siria, cuyo historial de respeto de los derechos humanos bajo el Gobierno del Baas es simplemente deleznable, e Irán. No hace falta explicar que el régimen teocrático no es un ejemplo de respeto a los derechos humanos en líneas generales; pero si nos centramos en Internet nos encontramos con cosas como que se condene a catorce años de prisión al autor de un weblog crítico con los Ayatolás.
 
Pero el desprecio más absoluto que siente la UIT hacia la libertad en Internet no se demuestra tan sólo en las sedes elegidas para sus eventos. Cuando la ciudad que acoge uno de sus encuentros de más alto nivel está en una democracia, esta agencia de la ONU no duda en servir de púlpito para los mayores liberticidas del planeta. Dos de las "estrellas invitadas" de la primera fase de la CMSI en Ginebra fueron Fidel Castro, si bien al final acudió el presidente del parlamento de la Isla-cárcel, Pedro Alarcón, y el presidente de Zimbabwe, Robert Mugabe.
 
El representante del régimen castrista –caracterizado por prohibir la compra de ordenadores y sus componentes o exigir un permiso especial del Gobierno para acceder a la Red, y que condenó a 20 años de prisión a un periodista por haberse conectado a Internet– no dudo en insinuar que se reconociera el derecho a ejercer la censura y pidió que las medidas que se aprobaran en la ciudad suiza "sirvan para detener la manipulación mediática" (traducido a un lenguaje de país democrático: prohibir la libertad de expresión). El dictador africano fue incluso más allá. Mugabe atacó "la retórica de una prensa libre y transparencia de los medios" y mostró su oposición a que los países menos desarrollados pudieran acceder a Internet. Lógico, pues la Red es un vehículo de libertad.
 
Que los cómplices de los dictadores, palmeros de los mayores liberticidas en Internet y fuera de ellos, vengan a exigir “mayor democracia” en la gestión de Internet es indignante. Es el peor insulto a quienes sí queremos ver una Red donde la libertad sea una realidad para todo aquel que se conecta o quiere hacerlo.
 
La ICANN no ha resultado ser peligrosa para la existencia de una Internet libre, pero aún así no habría demasiado que objetar contra una gestión multilateral si los participantes fueran democracias. Pero entre ellos, la Unión Internacional de Telecomunicaciones quiere meter a los más destacados represores de los derechos humanos de los internautas. Con su petición, la UIT demuestra una hipocresía en estado puro.

Antonio José Chinchetru es autor de Sobre la Red 2.0.

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