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En un articulo titulado After the fiesta, el prestigioso semanario británico The Economist acaba de dedicar una dura amonestación al Gobierno de Zapatero, al que acusa de haber dedicado su primer mandato a librar "guerras culturales con la derecha", mientras "ignoraba alegremente" las "señales de alarma" que advertían de la crisis económica, ante la que ha sido "lento en reaccionar".
Aunque los insultos que Zapatero propinaba a los "antipatriotas" que hacían referencia a esas "señales de alarma", y sus irresponsables eufemismos para evitar pronunciar la palabra "crisis", estén muy frescos en nuestra memoria, bueno es que se tenga constancia de la lamentable y ajustada imagen que se tiene de Zapatero fuera de nuestras fronteras.
Y es que, a pesar del maquillaje que Zapatero ha querido proporcionar a su Gobierno –especialmente con ocasión de su presencia en la Cumbre de Washington–, lo cierto es que The Economist también sitúa ajustadamente en el ámbito de lo "ridículo" esa forma de Zapatero de colarse de rondón y a última hora a una reunión a la que su Gobierno no había sido invitado.
A pesar de su dura amonestación, The Economist se queda incluso corto, tanto al afirmar que Zapatero ha "ignorado" las señales de alarma, como al aseverar que ha sido "lento en reaccionar". Desde hace mucho tiempo su Ejecutivo, más que a ignorar, se ha dedicado a ocultar unas señales de alarma por las que Solbes pretendió –sin éxito– que Zapatero adelantase las elecciones. La afirmación textual del anterior ministro de Trabajo, Jesús Caldera, el pasado mes de enero de que "los hechos avalan que España no sufrirá una crisis", fueron pronunciadas precisamente al conocerse que 2007 había concluido arrojando los peores y más preocupantes datos de inflación y paro en muchos años. Afirmaciones mucho más recientes, como las de José Blanco el pasado mes de septiembre, de que "los españoles viven mejor que nunca, aunque algunos tengan algún problema", son otros botones de muestra de que, en el caso del Gobierno de Zapatero, más que a una ignorancia, hemos asistido a una ocultación nada "patriótica" de la crisis económica.
En cuanto a la "reacción", una vez admitida la existencia de la crisis, cabe decir algo más severo que calificarla de "lenta" si tenemos en cuenta que el Ejecutivo de Zapatero prácticamente se ha limitado a reducirlo todo exclusivamente a la crisis financiera internacional de la que, para colmo, ha culpado al "neoliberalismo". Ni siquiera a estas alturas, el Gobierno está dispuesto a emprender reforma estructural alguna, similar a la que propone The Economist, y que este mismo lunes ha sido, precisamente, desestimada por el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, por considerarla "innecesaria".
Al margen de estas cuestiones de matiz, el lúcido análisis de The Economist también pone el dedo en la llaga al advertir que la banca española está "inconfortablemente enredada en el sector inmobiliario, que permanecerá moribundo en 2009 mientras el mercado digiere un exceso de 1,5 millones de casas sin vender". Precisamente, este lunes se ha sabido que, según los últimos datos elaborados por la OCDE, el sector inmobiliario español se desploma a un ritmo y con una intensidad muy superiores al resto de los países desarrollados como consecuencia de la mayor burbuja inmobiliaria que ha sufrido nuestro país. A este respecto conviene recordar, una vez más, el informe Recarte y su advertencia de que los créditos a los promotores inmobiliarios se habían multiplicado por diez en ocho años, mientras que el "patrimonio neto" de nuestras instituciones financieras sólo se había duplicado.
Así las cosas, y aunque The Economist vea posible una recuperación "en 2010, no antes de que la tasa de paro alcance el 15 por ciento", nos tememos que el escenario español pueda ser aun peor, tal y como también señala el prestigioso semanario al advertir de una "esclerosis económica a largo plazo" si no se hace frente a las "reformas necesarias". Unas reformas que, al día de hoy, siguen siendo ignoradas alegremente por el Gobierno de Zapatero.
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