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Cataluña como Polonia

Los secesionismos, los populismos, los integrismos religiosos y las restantes ramificaciones del totalitarismo son incompatibles con el Estado de Derecho.

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No, nada que ver con los chistes –de remoto origen incierto– sobre semejanzas entre catalanes y polacos. Añejos chistes torpes, como todos los de raíz étnica, que en este caso sirvieron de pretexto al panfletista sectario Toni Soler para alimentar, en Polònia de TV3, la campaña secesionista con lucrativas parodias que financiamos todos los contribuyentes, incluidos los destinatarios de sus agravios.

Autoritarios y retrógrados

La semejanza entre Cataluña y Polonia es de rigurosa actualidad y no es producto de ficticias analogías entre dos pueblos sino del encono con que sus respectivos Gobiernos, igualmente autoritarios y retrógrados, se rebelan contra las sentencias que, en una y otra jurisdicción, dicta el Tribunal Constitucional correspondiente. Este es el motivo por el cual la Cataluña desconectada de España por la que apuestan sus actuales gobernantes también lo estaría de la Unión Europea, como lo demuestra el hecho de que la Comisión Europea ya está amenazando con duras sanciones a los déspotas ultramontanos polacos. En síntesis, Cataluña y Polonia quedarían hermanadas en la marginalidad.

Mientras los capitostes de la entidad catalana argumentan que la Unión Europea los aceptará en su seno por puro pragmatismo, sin exigirles respeto a la legalidad vigente ni credenciales impecables, la Comisión Europea aborda los desafueros que cometen los Estados miembro con un riguroso código de disciplina que no admite coartadas retóricas. En el caso polaco, la gravedad del conflicto está explícita (LV, 2/6):

Los intentos de la Comisión Europea por llegar a un acuerdo con su Gobierno para deshacer algunas de sus reformas del Tribunal Constitucional han fracasado y no ha tenido más remedio que, ayer, adoptar una opinión formal negativa sobre la situación del Estado de derecho en el país. Su conclusión es que esos cambios legales y el conflicto existente entre el poder ejecutivo y el judicial suponen "un peligro sistémico para el Estado de derecho" en Polonia. (…). La Comisión podría recomendar activar el artículo 7 del tratado de la UE, que prevé la suspensión del derecho de voto del país que no cumpla con sus estándares democráticos.

Aun antes de que se formularan estas advertencias, la primera ministra nacional-católica de Polonia, Beata Szydlo, marioneta del atrabiliario Jaroslaw Kaczynski, lanzó una diatriba antieuropea emparentada con las soflamas que nuestros secesionistas disparan contra España y contra los catalanes no nacionalistas (LV, 23/5):

Acusó a la Comisión Europea, la Unión Europea y a la oposición interna polaca de orquestar agresivos ataques contra Polonia y aseguró que su Gobierno "jamás cedería a los intentos de nadie de imponerle su voluntad a Polonia". "La voluntad de mis compatriotas es y será suprema para mí –declaró Szydlo–. No debemos nunca ceder a la conspiración de traidores, vengan de donde vengan".

Imputaciones ofensivas

Vaya andanada: el enemigo exterior e interior, orquestar agresivos ataques, jamás ceder, conspiración, traidores… desconozco los términos en polaco que utilizó Szydlo, pero estamos hartos de tanto oír repetir estas mismas imputaciones ofensivas y discriminatorias en las peroratas de los secesionistas catalanes. Con el Tribunal Constitucional siempre en la diana, en Polonia y en Cataluña.

Los demócratas polacos reaccionan con una iniciativa que devuelve valor institucional al aquí degradado recurso del referéndum (LV, 5/6):

El histórico líder de Solidarnosc y más tarde presidente Lech Walesa pidió un referéndum para destituir el gobierno nacional-católico que desde hace seis meses viene provocando cada vez mayores protestas, dentro de Polonia y en la UE, a raíz de su conducta autoritaria y sus atentados contra el Estado de derecho.

Su conducta autoritaria y sus atentados contra el Estado de Derecho: esto sí suena bien traducido del polaco al español y aplicado a la Generalitat insurgente.

Tardías jeremiadas

Cuando la semilla de desobediencia a la ley que sembró el secesionismo coreando "hoy paciencia, mañana independencia" da sus frutos venenosos en forma de tribus sublevadas contra el orden y la propiedad privada, quienes fomentaron esta operación cainita sin imaginar que los bárbaros se volverían contra ellos recitan tardías jeremiadas. Escribe Marius Carol ("El rearme moral", LV, 4/6):

La sociedad catalana no pasa por sus mejores días. Los ciudadanos asistimos a una realidad tan convulsa como compleja, pero la respuesta a los acontecimientos que ocurren se mueve entre el silencio cobarde y el buenismo cómplice. El periodismo no alumbra demasiado en este oscuro escenario, buscando equilibrios argumentales donde debería haber compromisos reales. (…) Las reglas del juego están para cumplirse: se pueden hacer interpretaciones generosas, pero nunca a cambio de renunciar a las bases de la convivencia, ni a los pilares de la democracia.

El 26 de noviembre del 2009, el diario cuyo actual director imparte lecciones de rearme moral, capitaneado entonces por José Antich, fue mucho más allá del silencio cobarde y del buenismo cómplice: encabezó la trama insidiosa de doce periódicos que publicaron un editorial conjunto para presionar al Tribunal Constitucional y disuadirlo de apretar las clavijas al Estatut de 2006. Se pasaban la ley por el forro, como hoy lo hacen los amos de la Generalitat y el polaco Jaroslaw Kaczynski. Aquel Estatut, no lo olvidemos, sólo cosechó los votos favorables de 1.899.897 ciudadanos, el 36% de los 5.810.109 que figuraban en el censo electoral. La autoría intelectual del libelo intimidatorio se atribuye al entonces director adjunto Enric Juliana, quien más tarde juzgó un error "la resolución garibaldina del Parlament de Catalunya" y arremetió ("Pronto volverán las corbatas", LV, 22/11/2015) contra el primer

gran error de la política catalana (…) el referéndum sin músculo del Estatut del 2006. Siempre lo mismo: radicalismo pequeño burgués sin perspectiva europea.

Escarnio anticonstitucional

El 10 de julio del 2010 el secesionismo, todavía incipiente, montó su primera manifestación contra el Tribunal Constitucional, para defender la integridad del Estatut del 36%. El entonces presidente de la Generalitat, el hazmerreír socialista José Montilla, intentó sacar provecho del entuerto, sumándose a las prietas filas, pero debió buscar refugio cuando los talibanes de pura cepa lo corrieron a gorrazos.

El reciente 29 de mayo los secesionistas –8.000 según la Guardia Urbana y 60.000 según los organizadores– volvieron a desfilar contra el Tribunal Constitucional, esta vez porque, presuntamente, había introducido recortes en leyes sociales que el Parlament de Cataluña había aprobado excediendo sus competencias. El líder del PSC, el volatinero Miquel Iceta, y su acólito Jaume Collboni, flamante correveidile de la alcaldesa Colau, también marcharon detrás de las esteladas con el tardío visto bueno del agónico Pedro Sánchez. Soplan vientos polacos de escarnio anticonstitucional en el PSOE.

El conflicto está servido

El Tribunal Constitucional polaco tiene defensores insobornables. El español no. Lo lamenta Fernando Ónega, que asume motu proprio este deber cívico ("El adversario real", LV, 4/6):

Y por esa falta de defensa o de simple divulgación legal, el Tribunal sufre la peor de las erosiones: es presentado como un enemigo de Catalunya, el instrumento opresor de sus derechos, de sus libertades, de su capacidad normativa y quien frena o anula el desarrollo de su autogobierno.

(…)

El TC no tiene capacidad de iniciativa, puesto que siempre actúa a demanda de parte. En los conflictos entre el Estado y las Comunidades Autónomas no impugna nada, sino que se limita (artículo 161.2 de la Constitución) a admitir las impugnaciones que se le presentan.

(…)

En la última legislatura hubo más sentencias total o parcialmente favorables a Catalunya que al Estado. De las 103 sentencias producidas, más de la mitad, 57, respaldaron las posiciones de Catalunya. Y esto es más claro todavía si se distinguen los recursos promovidos por instituciones catalanas: han sido 82, con 53 fallos (el 64 por 100) total o parcialmente favorables a la comunidad autónoma. El Constitucional no es el enemigo del autogobierno en Catalunya.

El Tribunal Constitucional es, sencillamente, el órgano del Poder Judicial que garantiza el cumplimiento de la Constitución. Aquí, en Polonia y en el resto del mundo civilizado. Los secesionismos, los populismos, los integrismos religiosos y las restantes ramificaciones del totalitarismo son incompatibles con el Estado de Derecho. Esta es la razón por la cual el conflicto está servido y pasa por la defensa tenaz de la sociedad abierta. En Cataluña y en Polonia.

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